No es la primera vez que el Jamboree desnuda su sala de sillas y nos deja de pie (nos salvó algún taburete), convirtiendo el club en la típica sala de conciertos. Había ocurrido cuando el bailoteo lo obligaba, no fue el caso. El único motivo para prescindir de asientos fue el sold out avivado, en las dos sesiones del evento, por Mari Froes (São Paulo) y Agnes Nunes (Feira de Santana, Bahía).
Asistir a un concierto, de una hora de duración, en el que dos artistas, de un nivel similar, se reparten los minutos, impide llegar a una valoración exacta de sus reales posibilidades, para eso deberíamos haber asistido a las dos funciones habituales de la cava de la Plaça Reial y eso no fue posible. De todos modos, sí que pudimos comprobar cómo se desenvuelven sin la magia del estudio, allí donde se remoza todo y en ocasiones la liebre se convierte en gato. Tanto Nunes como Froes han logrado su vertiginoso ascenso gracias al poder de las redes, su comparecencia en directo debía servir para esclarecer dudas. No sabemos todavía cuál es su techo, pero atreverse a subir a un escenario con el único acompañamiento de Thuilio Teixeira (guitarra) y Gabriel Serour (teclados), tiene su valía, ya que su voz sería el único lugar dónde agarrarse. Seguras de sus habilidades, salieron vivas del envite, mostrando que la carrera de ambas puede ser fructífera y que, por una vez, lo de las millones de escuchas no es el timo del tocomocho. En el inmenso baúl musical de Brasil no acostumbran a existir baratijas.
En general, pareció que las preferencias se decantaron por Nunes, una artista algo más consolidada y que además ejerce de actriz, circunstancia que se evidenció por la manera de moverse en tablas. Más empática y dicharachera que su compatriota, se benefició de una sala ya caldeada y de las virtudes de O Amor e Suas Variáveis (2024), su más reciente grabación.
No interrumpiremos la narración dando un salto hacia atrás, aunque fuera la de Bahía, la segunda en aparecer. Nunes tiene un discurso alejado de la bossa o la samba. Si escuchan sus hits advertirán que la electrónica difumina tendencias pretéritas y acerca el sonido a algo más coyuntural. Ese peso indispensable, hoy en día, se diluyó en vivo por el formato de la banda presentado. Gracias a ello se escucharon notas cercanas al reggae austero, una versión del Lágrimas Negras de Gal Costa y algún acercamiento al jazz, intentando emular a Billie Holiday, no lo hizo mal. Pero eso son palabras muy mayores. La campana del horario impidió seguir la buena marcha de una actuación, en su conjunto, meritoria.
Mari Froes es una cantante de mayor fuste, mucho más emparentada con la bossa nova y las míticas cantantes de su país. Su voz fluye como un río sin alteraciones y te embruja con un timbre delicadísimo y embriagador. Deléitense con Moça o Gabriela, flotarán sin remedio. El final con Bésame Mucho (bien cantada), desvirtuó un poco el excelente show elaborado. Uno al que la pausa y la finura le pueden, se hubiera quedado horas escuchándola.
Leído lo leído, ya conocen mi veredicto: prefiero a Froes, pero Nunes se llevó el gato (volvió a salir) al agua. No sabemos lo que pasó en la segunda sesión, quizá cantaron juntas Tudo Passa. Pueden preguntar.








Autores de este artículo

Barracuda

Miguel López Mallach
De la Generación X, también fui a EGB. Me ha tocado vivir la llegada del Walkman, CD, PC de sobremesa, entre otras cosas.
Perfeccionista, pero sobre todo, observador. Intentando buscar la creatividad y las emociones en cada encuadre.