IZAL: La increíble historia de un viaje que culmina en lo más alto

Izal. Foto © Víctor Parreño

Hace diez años que IZAL comenzaron en Madrid y ayer lograron lo que antaño, entre modestas salas de concierto, nunca habrían podido imaginar. Y es que Mikel Izal, Alejandro Jordá, Emanuel Pérez, Alberto Pérez e Iván Mella actuaron por primera vez en un Palau Sant Jordi lleno, con un público totalmente entregado a cada una de las canciones que el grupo interpretó durante algo más de dos intensas horas y media.

Una cuenta atrás y una nave espacial repleta de botones y luces rojas enloquecidas. El concierto arrancó con el tema Autoterapia, bañado en ese rojo, y continuó con Ruido Blanco (Autoterapia, 2018), calentando los motores de una audiencia dispuesta a darlo todo que se soltó definitivamente cuando sonó la tercera canción, Copacabana (Copacabana, 2015). ‘Es un parpadeo, un rápido destello… Un rayo de sol. Que deja ciego. Cambia en un instante la forma en que los cuerpos toman aire y para el tiempo’ coreaban los miles de asistentes al concierto, tornando mágico el momento, dejándolo sin gravedad.

A lo largo del viaje galáctico sonaron algunos de los temas más emblemáticos de toda la discografía del grupo. De su último trabajo, como Canción para nadie, El pozo o Bill Murray, pero también de Copacabana, como Pequeña gran revolución y Oro y humo, y de sus dos primeros álbumes, como Despedida (Agujeros de Gusano, 2013) o Magia y efectos especiales (Magia & Efectos Especiales, 2012).

“Aquesta nit serà increïble. Es flipante. (…) Hace unos años era impensable para nosotros imaginar esto”, aseguró Mikel en más de una ocasión entre aplausos emocionados. Fue una experiencia recíproca, en la que el grupo dio, y mucho, ofreciendo al público no solo la performance en directo, sino toda una historia en la que sus actuaciones se combinaron con un montaje audiovisual que contó con la participación de numerosos artistas y personalidades muy conocidas –y que prefiero no destripar–. El grupo, además, hizo partícipe de esa historia a los propios asistentes.

Pero IZAL también recibió, y mucho. Porque el feedback fue brutal. El público enloqueció con temas como El baile, que fue uno de los últimos, tras más de dos horas de concierto. Y allí seguían, sin parar de bailar. Brazos en alto, cantando desenfrenados, parecía que todos tuvieran la respuesta para el protagonista de La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo. La respuesta para volar alto al hiperespacio. Miles de voces se fundieron con la profunda y hermosa voz del vocalista en Arte moderno, en La mujer de verde o en el temazo Pausa, que cerró el concierto creando una atmósfera emotiva y elegante.

Llega el final del viaje, al menos para este 2020. Después de las actuaciones restantes –Zaragoza, Bilbao, Murcia, Valencia y Madrid– el grupo parará los conciertos hasta el año que viene. Pueden estar contentos. Al menos en el Palau quedó clara una cosa: este viaje ha culminado en lo más alto.

Izal. Foto © Víctor Parreño
IZAL | © Víctor Parreño
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IZAL | © Víctor Parreño
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Alejandro Jordá, IZAL | © Víctor Parreño
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Alberto Pérez, IZAL | © Víctor Parreño
Mikel Izal, IZAL | © Víctor Parreño
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Iván Mella, IZAL | © Víctor Parreño
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Mikel Izal, IZAL | © Víctor Parreño
IZAL | © Víctor Parreño
Mikel Izal, IZAL | © Víctor Parreño

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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

Walking Papers: Rock… y qué rock

¡Luces, cámara… acción! Y comenzó el espectáculo. Porque eso es lo que ha sido, al completo y con mayúsculas. Walking Papers ha desbordado la sala 3 de Razzmatazz este 21 de septiembre en Barcelona, pese al ridículo e inmerecido número de asistentes al concierto, que además apenas conocían, en general, más de dos o tres canciones de su repertorio. Yo ninguna.

La curiosidad ha sido la razón principal que ha motivado a algunos a venir. Las ganas de saber cómo suena Walking Papers, banda fundada en 2012 en Seattle (Estados Unidos) por caras conocidas en el panorama musical: el guitarrista y cantautor Jefferson Angell, de Missionary Position y Post Stardom Depression, y el batería Barrett Martin, de Screaming Trees, a los que se unieron el teclista y segunda voz del grupo Benjamin Anderson, también de Missionary Position, y el mítico bajista Duff McKagan de Guns N’ Roses. Aunque agendas saturadas y compromisos profesionales han impedido a Martin y McKagan participar en la gira del segundo LP de la banda, WP2 (Loud & Proud, 2018), la idea continuaba siendo atractiva.

El combo formado por Jeff Angell, Anderson, Nate Daley (guitarra), Will Andrews (batería), Gregor Lothian (saxo) y Dan Spalding (bajo y cello) ha sido más que suficiente para dejar a algunos boquiabiertos y a los demás con sonrisas moviéndose de un lado al otro al ritmo de la música. La banda ha comenzado con This is how it ends y How it feels, mostrando su lado más blues con giros, claro está, de rock. Ha bastado con estas piezas de su repertorio más nuevo para poder apreciar la calidad vocal de Jeff. Y también para que el sombrero negro y redondo que llevan el cantante -que lo combina con unos pitillo negros Levi’s y un chaleco del mismo color- Lothian saxo en mano y Spalding con el cello nos recuerden a una banda de jazz de Chicago o Nueva Orleans cuando se lanzan con sus estilos más creativos.

“¿Todo bien?” Pregunta Jeff a un público que aplaude antes de dar paso a lo más rockero y cañero con Death on the lips, Hard to look away o Someboy else, todas del álbum WP2. “Es un honor poder tocar música para vosotros”, añade Jeff en algún momento de ese estado de frenesí. “Es un honor poder escucharos”, espero que pensara el público. Que valorara lo que parece fácil pero que es fruto de años en el mundo de la música, de una experiencia que los sitúa ahora en la categoría de artistas de primer nivel.

En el concierto de Walking Papers, cada componente ha tenido su momento, su solo. Como Anderson en la pausada I’ll stick around y en la bella The Butcher (Walking papers, 2013). La pasión emana de cada uno de ellos. Cierran los ojos, mueven sus manos, las deslizan suavemente en el instrumento, no importa a la velocidad que sea, para producir un sonido brillante; sacuden sus cabezas al ritmo de cada canción. Y después está Jeff, que mueve cada una de sus terminaciones. No puede dejar de hacerlo. Se acerca, se aleja, mueve los brazos con gracia. Da vueltas sobre sí mismo, interactúa con el público, que si ha sufrido en el concierto ha sido por el micrófono, convertido en otra parte del cantante, que lo maneja de mil maneras distintas mientras suenan piezas como King hooker o Into the truth (WP2).

La introspectiva Already dead, Your secret’s safe with me, ambas del primer álbum, y Leave me in the dark, del último trabajo, concluyen esta puesta de escena en Barcelona de rock del bueno, y qué rock, que consiguió a un público entregado con afán de superar los elogios y clamos de cualquier sala de conciertos con el doble o el triple de gente. Walking Papers han sido sublimes en su actuación, agradables y agradecidos con un público reducido en un ambiente familiar.

Walking Papers | © Miguel López Mallach
Walking Papers | © Miguel López Mallach
Walking Papers | © Miguel López Mallach
Walking Papers | © Miguel López Mallach
Walking Papers | © Miguel López Mallach
Walking Papers | © Miguel López Mallach

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Miguel López Mallach

De la Generación X, también fui a EGB. Me ha tocado vivir la llegada del Walkman, CD, PC de sobremesa, entre otras cosas.
Perfeccionista, pero sobre todo, observador. Intentando buscar la creatividad y las emociones en cada encuadre.

Mazoni: Amb una veu i una guitarra acústica

Mazoni, Sidecar

Els artistes generen reaccions. Poden emocionar. Plores, rius. Creen admiració; creen rebuig. T’agrada un artista pel que et provoca. Sigui el que sigui. Quan es tracta de la música, pots quedar bocabadat davant d’una veu, d’una manera de tocar. O de transmetre. Pots ballar animat. I cantar si saps la lletra. Bé, cadascú ho viu a la seva manera, això és evident. Com també ho és el que va provocar Mazoni el passat divendres al Sidecar de Barcelona.

Primer, però, va sonar Ayora, la banda que duu el cognom del cantant, en Guillermo. Tot sol i amb la guitarra acústica va pujar dalt de l’escenari. Poc a poc, el públic va anar acostant-se per escoltar el repertori de música alternativa, amb un toc retro, de l’artista. El músic de Barcelona va cantar cançons del seu primer treball Hay más luz (Satélite K, 2016), com Debo llamarte o no, i en va presentar de noves com No te necesito o Sendas equivalentes, amb la que va tancar el seu petit concert. Va dedicar unes paraules també a Mazoni. “Es una de las bandas que más me gusta y por las que más me interesé por la música en catalán. A partir de allí conocí a su bajista y él me produjo mi primer disco… Les tengo mucho cariño.” Ayora anticipava el que seria el següent concert. El públic va cantar, ja es va deixar portar amb cançons com Mi fin, entonant conjuntament la tornada dolça i emotiva.

I després va arribar Mazoni. Va arribar en Jaume Pla, exactament de la mateixa manera com Ayora: sol i amb l’acústica. Llavors sí que tothom es va enganxar a l’escenari entre xiulets i aplaudiments que van durar tot el concert. I Pla va començar amb peces del seu darrer treball, Carn, os i tot inclòs (Bankrobber, 2017), com No vull estirar-me al teu costat, Em toques em cures o Opinió Respectable, aquesta darrera més rockera en comparació amb un repertori que associem més al pop. Algunes peces parlaven d’amor, d’altres de política. O de superar situacions adverses.

El públic estava gaudint. Molt. Amb melodies i lletres que atrapaven, l’ambient i les bones sensacions es contagiaven amb una velocitat vertiginosa. Sobretot quan el cantautor recuperava cançons d’altres treballs, d’una llarga llista de treballs que s’iniciava el 2004. Així, Mazoni va interpretar, per exemple, el senzill Purgatori (Bankrobber, 2013) o Ulls de gat mesquer del LP Esgarrapada (Bankrobber, 2006) durant la primera part del concert.

La intensitat es va anar incrementant a mesura que Pla avançava amb les cançons. Els assistents no deixaven de cantar. “Deixo la tristesa i començo a caminar…”, s’animaven amb Sol, una de les peces noves, nostàlgica, entendrint l’atmosfera. L’artista també va reviure Caputxeta del LP Eufòria 5 – Esperança 0 (Bankrobber, 2009) i Perduts en la boira, de l’àlbum Esgarrapada, més tranquil·la. En algun moment entre Part d’un tot, que al nou àlbum interpreta amb Judit Neddermann, i Pedres, Ayora va retornar a l’escenari per acompanyar-lo a les tornades mentre l’emoció plasmada en el moviment i els aplaudiments del públic s’intensificava.

La tendència ascendent va culminar a la part final. Llavors sí que el públic va embogir. Ballar. Saltar. Aixecar les mans a l’aire. Mazoni va deixar pel final algunes de les cançons que han marcat la seva carrera musical. De les més populars. El públic s’exaltava cada vegada més a mesura que les reconeixia. Va riure amb la divertida A.I.L.O.D.I.U de Sacrifiqueu la princesa (Bankrobber, 2013). Va cridar amb ganes “apocalipsi now!”, de la crítica cançó del treball Eufòria 5 – Esperança 0. Del mateix LP, va exclamar “e-xi-gim eufòriaaa!” mentre l’artista accelerava amb la guitarra. I accelerava, accelerava, accelerava, accelerava… accelerava fins arribar a un ritme desenfrenat ensordit pels crits. Precisament d’eufòria. Animats únicament per una veu i una guitarra acústica.

Ayora, Sidecar
Ayora | © Sergi Moro
Mazoni, Sidecar
Mazoni | © Sergi Moro
Mazoni, Sidecar
Mazoni | © Sergi Moro
Mazoni, Sidecar
Mazoni | © Sergi Moro
Mazoni, Sidecar
Mazoni | © Sergi Moro
Mazoni, Sidecar
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Sergi Moro

Desde que era un crío recuerdo tener una cámara siempre cerca. Hace unos años lo compagino con la música y no puedo evitar fotografiar todo lo que se mueve encima de un escenario. Así que allí me encontraréis, en las primeras filas.

The Crab Apples o cómo ser rockera y lovely girl a la vez

The Crab Apples, Razzmatazz 3

Vivir la música. Sentirla y dejarse llevar. Eso es lo que el público pudo ver con el concierto de The Crab Apples en la Sala Razz 3. Mientras el frío gélido acechaba fuera, el escenario ardía y el grupo formado por Carla Gimeno, Laia Alsina, Laia Martí y Mauro Cavallaro presentaban su nuevo trabajo: A drastic mistake (Hidden Track Records, 2018).

Marta Knight también siente la música. La joven cantautora se plantó sola en el escenario con una guitarra acústica y comenzó a cantar serena su repertorio de canciones. Algunas nuevas, como Creations, y otras de su primer EP Peterloo heroes (Binary Emotions Records, 2017), entre ellas la canción que da nombre al trabajo. También versionó varias canciones, como My kind of woman de Mac DeMarco. Al folk alternativo lo acompañó una mirada ausente, perdida en la música. Interrumpida a veces por una sonrisa suave dirigida al público. Y también por unas palabras de agradecimiento al grupo del que era telonera: “Quiero dar las gracias a las Crab Apples por darme esta oportunidad. Y que esta noche es una noche muy especial porque presentan disco”.

Entró la introducción. Una voz robótica que hablaba de errores. Porque A drastic mistake va de eso, de errores de todo tipo y de cómo evolucionan y se transforman. Y frente a un público que trataba de asimilar lo que estaba escuchando aparecieron ellos. Los Crab Apples. Cavallaro en la batería, Alsina con la guitarra, Martí al bajo y Gimeno delante del micrófono preparada para cantar. Todo entre aplausos y silbidos de admiración que se desvanecieron cuando comenzó la primera canción, Dear please, del nuevo trabajo del grupo de rock. “Hoy es una noche muy importante para nosotros porque presentamos nuestro tercer trabajo, nuestro segundo disco, y lo queremos compartir con vosotros”, saludó Carla Gimeno, la vocalista, que además acababa de tocar la guitarra eléctrica durante Mirror.

Fue un encuentro intenso. Cañero. Rockero. Pero sexy a la vez, con unos artistas que sentían la música y se dejaban llevar. El grupo hizo un recorrido por todas las canciones de la nueva propuesta, como Don’t play with us, Nomads, The end & The beginning o Flesh, a la vez que recuperaron Lovely girls y Never look back, canciones de su primer LP Right here (Discmedi, 2014) y piezas del EP Hello stranger (Discmedi, 2016) como Blow us away y Puppets. Saltaron, tocaron y cantaron sin dejar de moverse. Carla, la vocalista, zarandeó incluso la pandereta al son del ritmo más agitado. Demostraron tener más proyección internacional que nunca y ser capaces de crear un hilo conductor y un mensaje implícito en cada una de las canciones. De crítica, de errores y contradicciones, pero también de reconstrucción y reconciliación. De evolución y fuerza.

“Es el momento de los agradecimientos. Este es un disco que hemos hecho con todo nuestro corazón. Y todo es gracias a vosotros. Aplaudiros”, expresó la vocalista cuando el final se acercaba. Entre todos los miembros del grupo dieron las gracias a muchísimas personas, entre las que destacaron los productores Lluís Cots y Xavier Nadal, así como la telonera del concierto, Marta Knight. La canción A drastic mistake puso en marcha el concierto de nuevo, pero de una manera más suave, pausada e inspiradora. En algún momento, Carla Gimeno bajó el micrófono, cerró los ojos y se limitó a balancearse bajo los luminosos focos.

Desaparecieron al poco tiempo con la grabación robótica de fondo y gritos pidiendo más tiempo. Volverían para los bises, momento que abrieron con Open your mind, la pieza más conocida del último trabajo. Y no lo hicieron solos: dos bailarinas subieron al escenario para acompañar al rock con un baile lírico. Una combinación épica que terminó con la canción y una ovación del público para dejar paso a la rompedora Godzilla (Hello stranger) y a Wicked memory, nueva propuesta, alegre para un final que terminó de nuevo con las bailarinas y Marta Knight en el escenario. Para recibir aplausos merecidos junto con el grupo de rock The Crab Apples.

Marta Knight, Razzmatazz 3
Marta Knight
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples
The Crab Apples, Razzmatazz 3
The Crab Apples

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Aitor Rodero

Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.

Olympic Flame: Una grata sorpresa de Barcelona

Eren les vuit i mitja del vespre quan el Centre Artesà Tradicionàrius (C.A.T.) de Barcelona va obrir les portes de la sala auditori on tindria lloc el concert de la jove banda Olympic Flame. L’escenari estava encapçalat per una pantalla fraccionada en cinc triangles que projectava un sol brillant alçat al cel. Mica en mica, l’espai es va anar omplint d’un públic variat. Poc després de les nou, el volum de les converses que esperaven assegudes va baixar. Una melodia va interrompre el silenci generat per l’expectació mentre les imatges projectades en un escenari encara a les fosques s’anaven distorsionant.

Havien començat com a grup el 2014. L’any passat, varen treure el seu primer EP, Olympic flame (Two Ties Recordings, 2016), només en format digital. Aquest mes de novembre, finalment, els seus esforços es van materialitzar amb el seu llançament en format físic. I ara poden presentar-lo a Barcelona gràcies a Cooncert, una plataforma social que promou concerts en base a les propostes del públic, que demanen i voten els artistes que volen veure en directe. Havien estat els més votats i anaven a ensenyar al públic la seva primera proposta.

Encara a les fosques i amb el públic expectant, van acabar apareixent els quatre membres d’Olympic Flame arrancant amb If, una de les cançons que sona millor del seu primer EP, de pop alternatiu, que va anar acompanyada en començar de les imatges d’una enorme i intensa flamarada. Van continuar amb temes del mateix disc. 52 blue, peça amb aquell punt més melancòlic. Flames, amb més ritme, alegre. Els membres, que en un primer moment s’havien distribuït Josep Comas a la guitarra elèctrica (el cantant principal), Marc Cuscó al baix, Adriana Lorenzo al violoncel i Ignasi Canals a la bateria, van anar canviant després d’instruments. Així, el sintetitzador i el piano van acabar ocupant un lloc imprescindible en gairebé totes les peces. Les imatges projectades seguien mutant fins que varen aparèixer escenes de les Olimpíades. Atletes vestits amb un equipament d’un sol color trencat per unes ratlles que el travessaven. Com la vestimenta que duia el grup. Ells tres amb un xandall blau marí i amb ratlles verdes, blanques i vermelles. Ella amb un vestit també blau de temàtica similar.

“Avui és el concert de presentació. No ens esperàvem que hi hagués tota aquesta gent. Ni molt menys, el cantant principal, nerviós, va parlar cap a la meitat del concert després dels aplaudiments que es produïen entre cançó i cançó. Va llançar un missatge d’agraïment a tots els presents, molts d’ells familiars i amics del grup que havien vingut per donar-los suport. I també a Cooncert: “Ha ajudat molt a que tot això sigui possible. I estem molt, molt contents de ser aquí. Fa un any no ho hauríem imaginat.”

Els Olympic Flame van continuar després dels ànims càlids del públic. En un concert més aviat curt a causa d’una trajectòria encara de poc recorregut, van tocar Places we will never i l’evocadora Sparks, també cançons de l’EP Olympic flame, i noves peces que probablement figurin en el seu primer àlbum llarg, previst pel 2018. Propostes variades malgrat pertànyer a un mateix estil, amb cançons i moments puntuals que van sorprendre gratament als assistents. La darrera cançó abans d’acomiadar-se va ser Voyager, el primer single del treball que es va estrenar el passat mes de setembre. El sintetitzador va ser el primer en trencar el silenci i va donar pas a una peça llarga, elaborada, canviant, intensa. Amb moments fins i tot èpics, èpics com les imatges del videoclip projectades que presidien la sala. Foc, llum, un cel de contrastos, atletes olímpics capturats en imatges d’arxiu que saltaven, volaven, corrien a velocitats vertiginoses.

El concert va suposar un repte. Hi van haver problemes de so, pel volum massa elevat en algunes peces que va incomodar força a algun sector del públic assistent, però finalment es van solucionar. A la part final, a més, va donar la sensació que l’última cançó no acabava correctament a causa d’una altra complicació tècnica. Enmig del desconcert, es van acomiadar fugaçment. Aquests elements, més alguns temps d’espera i la poca interacció amb el públic o la falta d’expressivitat d’alguns membres del grup, evidencien que s’haurà d’anar millorant la presència a l’escenari. Però el marge de millora és molt gran i Olympic Flame està encara en el punt de partida d’una trajectòria musical que pot ser molt prometedora, amb peces que ja estan a l’alçada de bandes amb llarga trajectoria i que tenen un gran nivell. Cançons que, durant el concert, fins i tot van deixar sense alè.

Olympic Flame
Olympic Flame
Olympic Flame
Olympic Flame, C.A.T.
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Olympic Flame, C.A.T.
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Olympic Flame, C.A.T.
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Marina Tomàs

Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.

Joana Serrat: “El disc és una reafirmació de qui sóc”

Sensible i emocional. Amb una veu dolça que embolcalla i una música que et trasllada lluny d’aquí. Una artista de sonoritat estrangera que ja ha començat a rodar món, cantant per països com Portugal, Anglaterra, Canadà o Luxemburg. Acompanyant de gira a bandes americanes com The Handsome Family i participant en festivals nacionals i internacionals, entre aquests el Primavera Sound o l’Americana Fest de Nashville. La cantant Joana Serrat es troba amb nosaltres en un bar del Carrer Casp de Barcelona per parlar del seu nou àlbum, Dripping springs (Great Canyon Records / Loose Music, 2017), ‘degoteig de primaveres’. És el quart disc en cinc anys. Gravat en deu dies a Texas, en una ciutat que duu el mateix nom que aquest darrer treball.

En primer lloc, m’agradaria felicitar-te per aquest nou treball. Personalment, m’ha encantat. Com valores tu el teu quart disc?

Moltes gràcies. Estic molt contenta amb el resultat, no només globalment sinó també amb cada una de les cançons, amb el recorregut que hem fet. Necessito un paisatge per explicar què és el que vull dir. Perquè forma part de la cançó, no me’n puc desprendre. I estic contenta per com ens hem pogut entretenir i buscar les textures que per mi són molt importants a l’hora de recrear aquests paisatges. Estic molt contenta també de la meva veu, de com està cantat, de com està executat. Em vaig sentir molt lliure, molt feliç. I no només tinc un molt bon record de l’estada i la vivència allà (a Dripping springs), sinó que el resultat que n’ha sortit crec que reflecteix aquesta cosa com especial, aquest intangible que jo vaig viure com de felicitat. Ha traspassat a les cançons. I per mi és el meu millor disc fins ara.

De nou ens trasllades a Amèrica on, de fet, la teva música triomfa molt, sobretot a l’interior. Per què el so de la música americana? Quines han estat les influències musicals determinants en la teva pròpia carrera?

Com a influències hi ha hagut moltes. Des de petita ja escoltava música americana; d’adolescent vaig portar moltes coses diverses (pop, rock…). Estils molt diferents. I sí que després, quan em començo a posar a tocar, sobretot amb la figura de Polly Jean Harvey, que no té res a veure amb el que faig jo, i amb Patti Smith i amb Bob Dylan, començo a escriure les meves cançons i a fer la meva recerca d’aquesta sonoritat. Per què em sento tan identificada amb el so de l’americana? Jo crec que em sento identificada amb aquestes cançons i l’imaginari que evoquen, amb el punt de melancolia que hi és una mica a totes, el fet d’intentar trobar un lloc que costa tant de trobar.

Joana Serrat

Com creus que has anat evolucionant com a cantant i com valores aquesta evolució?

Crec que en cadascun dels discos es veu un canvi. La meva és una feina progressiva, i ho és a tots nivells. A nivell compositiu, de producció i ho és també a nivell de popularitat, de consolidació. Sí que veig que la meva carrera és una carrera que haig d’anar fent i haig d’anar treballant i crec que els meus discos ho reflecteixen d’aquesta manera. Són passos endavant i en cada un d’ells s’observa o s’indaga en un aspecte, en una paleta concreta del que és l’americana. I estic intentant trobar el meu propi discurs. Crec que aquí m’he consolidat bastant com a artista, però això no vol dir que no avanci. La recerca sempre ha de formar part d’aquest esperit, d’aquest motor del músic o de l’artista per continuar creant.

En quin sentit es percep aquest progrés o avenç si comparem el Dripping springs amb l’àlbum anterior, el Cross the verge, de l’any passat?

El Cross the verge era un disc que flotava, estava molt en aquesta ingravidesa perquè reflectia també un moment molt concret de la meva vida on tot era una incertesa molt gran. Estava abandonant un lloc i em trobava al mig, abans d’arribar a aquest Dripping springs. Ara m’he enfrontat a coses personals. Ja no em fa vergonya dir segons quines coses. Sé quin és el meu lloc. I ara senzillament penso que és això, que el disc és una reafirmació de qui sóc. I per això havia de sonar rock i havia de sonar elèctric. Era un disc que havia de tenir molt pes. Perquè ja no estava en un moment de dubtes. Els dubtes i la incertesa hi són sempre perquè la vida no sabem mai com va, però sí que crec que he guanyat amb seguretat i que es percep en el disc.

T’hauries imaginat mai tenir la projecció internacional que tens?

No (riu enèrgicament). És cert que amb el David, el meu mànager, sempre diem “anem a buscar l’excel·lència”. Així t’esforces al màxim. Però mai ha estat l’objectiu dir: “Faig això per aconseguir arribar a tal cosa”. El que sí que crec és que puc pertànyer a aquesta esfera, no? Del que és Europa i Estats Units. Sí, si em diuen fa dos o tres anys que aniria a fer totes aquestes gires per Europa i que ara estaria a Estats Units tocant… La veritat, em costaria creure-m’ho. Potser sóc ambiciosa, però també toco de peus a terra. Al final vaig fent la feina i si tot això arriba, benvingut.

Has col·laborat de nou amb un productor estranger i reconegut, aquesta vegada Israel Nash, i amb tot un equip de músics professionals i també coneguts, així com amb l’enginyer musical Ted Young. Com ha estat treballar amb aquest equip? Què t’ha aportat l’experiència de gravar amb ells a Dripping springs?

Respecte els productors, sí que hi ha diferència amb la manera com em vaig relacionar amb en Howard (Howard Bilerman, productor amb el qual ha col·laborat anteriorment). Ell era una persona molt respectuosa i mai et deia el que s’havia de fer, sempre deixava que fessis el teu recorregut per trobar les respostes que volies saber. I tot i que hi ha una relació molt bonica d’amistat, sí que amb l’Israel va ser diferent perquè es va acabar convertint en un col·lega més a l’estudi. Em va donar molta llibertat i moltes ales per fer exactament el que jo volgués. Crec que ens vam entendre moltíssim, en part perquè els dos som d’esperit lliure (ell a més és hippie declarat).

Joana Serrat

Llavors va ser un ambient molt més distès i tu vas poder deixar-te anar, no?

El que va prevaldre en aquell moment va ser passar-s’ho bé. I crec que aquest és també un dels encerts. Aquí sí que veig que hi ha una diferència en com he encarat cada disc. Cadascun tenia moltíssima pressió. La pressió que es posa un mateix per aconseguir el resultat final que tu tens al cap. Aquí això hi era, perquè vaig arribar a l’estudi i els hi deia a ells: “Vinc a fer el millor disc de la meva vida”. Però a l’hora estava molt lliure perquè per primera vegada deia: “Tio, estic tocant”. I no estava pensant si aquella versió era millor que la d’abans, si m’havia deixat alguna cosa… Era una qüestió més emocional. No volia preocupar-me de si era exactament allò que havia tingut en ment fins llavors.

Vau gravar a Dripping springs, ciutat de Texas on Nash té l’estudi de gravació. Aquest va acabar sent el títol del nou àlbum arran de l’experiència? Tenies algun altre pensat abans de viatjar a allà?

No en tenia ni idea de com s’havia de dir el disc i de fet el tema dels títols sempre em porta una mica de bòlit. Sí que és veritat que en discos anteriors ho havia tingut més clar. En aquest cas va ser un dia a l’estudi. Ja estàvem acabant i quedaven pocs dies. I els hi vaig dir als meus companys:Crec que vull dir-li Dripping springs. Els hi vaig preguntar com sonava i em van dir que era molt bona pensada. Tot i que hi havia gent que em deia que no podia posar-li aquest nom a un disc.

Per què?

Perquè en anglès té un significat concret. Perquè dripping vol dir ‘gotejar’ i està associat bàsicament a coses de sang. Però jo m’estic remetent a que aquell va ser un dels moments més feliços de la meva vida i és un homenatge. Amb totes les vivències que he viscut allà, amb tot el que he compartit, la gent que he conegut, la gent que m’emporto. Perquè hi ha persones que m’emporto, espero que per tota la vida. Havia de dir-li Dripping springs. No podia ser d’una altra manera.

Aquest nou treball et transporta i t’atrapa. És melancòlic. De què parla Dripping springs? En què t’has inspirat per escriure les lletres?

Amb aquest disc les lletres van anar sortint de manera força espontània. He jugat també una mica amb el que és la poesia automàtica (que havia fet quan feia poesia d’adolescent i que ara vaig recuperar). També vaig llegir Blake (William Blake, poeta) i estava posada una mica – però sense acabar de practicar – en el tema de la meditació transcendental que ofereix Lynch. I també vaig llegir sobre les Portes de la Percepció. Tot per intentar arribar al que és el subconscient a l’hora de fer les lletres.

I quin va ser el resultat de llegir i d’experimentar amb tot això?

Al final em vaig adonar que en totes les lletres m’estava acomiadant d’alguna cosa. Per mi tenia tot el sentit. Estava enmig d’un lloc i ara ja veia que estic a una altra banda. Ja havia creuat el llindar. I crec que això en el fons és un retrobar-me a mi. Moltes pors estan superades. És un disc melancòlic però molt vitalista. El defineixo com un ‘renéixer’. Ara ha sortit l’albada i venia d’una nit bastant llarga i fosca. Les lletres parlen d’això, de comiats, també de qüestions polítiques, de qüestions sobretot personals. El tema de l’amor però entès des d’una profunditat, en un sentit bastant ampli i des de diversos angles. També és una cosa que he après. Veig que en aquesta professió has d’estar preparat per dir adéu a persones que voldries que estiguessin en el teu dia a dia. I veig que aquest és el meu Taló d’Aquil·les. Potser és la lliçó que em tocava aprendre en aquest disc i crec que és el que he après.

Com creus que reaccionen aquells qui escolten el teu nou treball? Què esperes transmetre?

A mi m’ha agradat aquesta definició que has fet de ‘et transporta’. Crec que si un disc et transporta ja has aconseguit un bon resultat. M’agrada quan els discos em fan viatjar, quan em porten a una altra banda. Que em facin desconnectar del lloc on sóc. I si realment jo aconsegueixo això amb les persones que l’escolten i el gaudeixen, em dono per satisfeta.

Joana Serrat

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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

Helena Miquel: Contrast, llum i foscor

En un dels vèrtex de la Plaça Reial, plena de gom a gom, hi ha la sala de concerts Sidecar. Són vora tres quarts de nou del vespre i fa estona que el modest local s’ha despertat. Hi ha un petit comitè que ja espera a que obrin l’accés que duu escales avall, a l’espai on el concert tindrà lloc. D’altres ocupen la barra o seuen a les taules, alguns per fer temps sota la llum vermella que ho impregna tot, acompanyats amb cançons d’estil alternatiu i rock indie i els videoclips respectius projectats en una enorme pantalla situada al fons. Quan passades les nou retiren la cinta que impedia anar al pis inferior, el local ja és força ple i la cua acaba fora, al carrer.

Pòsters que ocupen tota una paret, arcs que amaguen una barra a l’altra, un escenari molt proper i una llum tènue. Passa mitja hora. I s’obre la porta, donant pas als artistes que protagonitzaran el concert. Bé, a la cantant que, acompanyada del seu equip, presentarà el seu primer treball en solitari: El sol en la sombra (La Cupula Music, 7 d’abril de 2017). El públic aplaudeix. “Helena guapa!”, s’escolta cridar una noia entre el públic. Helena Miquel, coneguda per la seva variada carrera professional i, sobretot, per haver estat vocalista a Delafé y las Flores Azules fins el 2015, irromp a l’escenari. Intentant aparentar serenitat i amb un somriure a la cara. “És la presentació oficial del disc i espero que us agradi. Comencem”, diu dirigint-se a tothom.

Sonen les primeres notes de la cançó A todos. I canta: “A todos los que saludan. Hemos estado tanto tiempo sin vernos… Con todos los que brindamos. No estamos solos luchando por lo nuestro”. D’aquella mirada serena però brillant en surt una veu dolça. Suau. Contrasta amb una de les melodies més fosques i inquietants que té el nou i alternatiu projecte. “Moltes cares conegudes, eh. Millor, així estem més ben acollits”, diu al públic quan acaba.

Contrastos. Contrastos i contrastos. Corazón (fuegos artificiales) té més ritme i és més alegre, però la lletra parla del període posterior a una relació. Potser no amorosa, però sí d’una relació. “Todo quema en tu ausencia…”, arranca així la tornada d’aquesta cançó. Continua amb Retaguardia, del mateix tarannà. No pot amagar l’emoció del primer concert malgrat l’expressió indesxifrable – amb somriures que apareixen a vegades – que té quan entona les cançons. “Em desconcentro”, reconeix rient abans de continuar. Cada intervenció té un punt d’humor. “A ballar! Bé, si es pot ballar amb aquesta música…”. Les càlides rialles del públic responen.

Contrasten els estils. Bé, l’estil és el mateix. Però hi ha una combinació entre retro i sortides més modernes, properes al pop-rock convencional. El tot encaixa a la perfecció i desemboca en una marca personal que té com a protagonista el sintetitzador. És l’instrument que caracteritza tot l’àlbum. “Vam llogar alguns sintetitzadors dels anys 70 i allà a l’estudi també improvisàvem a vegades”, ens va explicar la cantant en una entrevista. Ella també s’estrena com a baixista. I es defensa bé.

Tornem a la malenconia amb la tornada de La verdad. Miquel aprofita per anunciar il·lusionada que el mes que ve sortirà el treball en vinil. Amb Sin más el concert arriba a la meitat. I, després, Enhorabuena. Presenta els dos artistes que l’acompanyen: en Marc Marés i en Lluís Cots. “Entre els tres ens ho maneguem tot”. Es canvien els llocs Marés i Miquel i ella es posa al teclat només per la següent cançó: Piano Maca. Polifacètica també a l’escenari.

Les emocions que es respiren no paren de barrejar-se. Més contrastos. Un ambient familiar i proper, un estil de música que absorbeix, que atrau, que per alguns fa pensar, per d’altres ballar, alguns s’emocionen… I després tornem a l’humor, a la proximitat, als moments anecdòtics. Hi ha dues Helenes. La que transporta al públic lluny d’allà i la que el torna al Sidecar amb sortides divertides i espontànies.

Que només siguin 10 cançons frustra. “Puc explicar de què parlen les cançons. Em puc entretenir una mica. La següent cançó la dedicaré a la meva família perquè em sembla que mai els hi he dedicat una cançó. Avui ho faig”. Els cosins, els pares, els cosins dels cosins, els tiets, un seguit de noms propis… la llista sembla per uns minuts inacabable i caòtica. Tothom diu la seva. I, ja de nou amb el baix, dedica Tus manos.

En un tancar i obrir d’ulls, només queden dues cançons. Quién eres, amb una tornada potent, més rockera. “Gràcies a tothom. Esperem que hi hagi molts més concerts… 10 són les cançons que hi ha ara però el pròxim cop farem més… o més llargues”, somriu fent al·lusió a les peces més curtes. El públic l’anima i la recolza i ella es disposa a finalitzar amb Animal, adoptant de nou el seu posat tranquil, absorta en el que canta. Mirant ara el públic, ara els pedals del baix, produint aquesta música que porta a cadascú cap a una direcció diferent.

Sembla que s’ha acabat. Demana disculpes. Però el públic es rebel·la i demana que repeteixi. “Quina voleu?”, pregunta. Sembla una subhasta. O apostes. La 2! La 3! La 6! Es gira cap als seus companys, que li retornen una mirada còmplice, animant-la a continuar. I torna a sonar Corazón, més coneguda com Fuegos artificiales. El públic es deixa portar perquè serà l’última, un bis improvisat, el darrer moment per escoltar l’especial timbre de veu de Miquel. Però hi torna a haver sorpresa. I aquest cop són els dos músics els que continuen amb Retaguardia davant d’una Helena estupefacta i desconcertada que s’hi afegeix després d’uns instants. Una proposta melancòlica cantada per una amant de les melodies més fosques, posada en escena en una sala de concerts que viu fins la matinada. Il·luminada al mateix temps per l’afecte que els presents senten per l’artista.

Helena Miquel
Helena Miquel
Marc Marés, Helena Miquel
Helena Miquel
Helena Miquel
Helena Miquel
Helena Miquel

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Aitor Rodero

Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.

Helena Miquel: “Necessitava obrir una finestra i que entrés aire nou”

Entrevista a Helena Miquel

Periodista. De fet, durant 7 anys a Catalunya Ràdio. Actriu. La vèiem a La Riera o, entre d’altres, a No habrá paz para los malvados, la guanyadora del Goya a millor pel·lícula el 2011. També ha fet teatre. Però Helena Miquel és coneguda sobretot per la seva trajectòria com a cantant. La coneixíem com a vocalista de Élena (1999-2016) i dels coneguts Delafé y las Flores Azules; ara només Delafé quan, després de 12 anys, Helena Miquel ha deixat el grup. Dorian, Mishima, Exsonvaldes… són algunes de les bandes amb les que també ha fet col·laboracions. Tanmateix, la cantant comença ara una nova etapa en la seva polifacètica carrera. Amb l’àlbum El sol en la sombra (7 d’abril de 2017), l’artista debuta en solitari.

Treure un treball en solitari deu suposar tot un repte.

Molts reptes. El primer, prendre consciència de que estava component cançons. Quan en portava cinc-sis-set ja vaig ser conscient, plenament conscient, de que la cosa semblava que agafava forma i de que realment podia treure un disc en solitari. Però al principi, quan només havia fet dues o tres cançons no sabia que me n’acabarien sortint deu o onze. Després aquesta idea es va fer una realitat. D’altra banda el repte ha estat també prendre la decisió, de ‘despullar-me’, presentar-me sense banda, sense un nom de grup sinó amb el meu nom propi, que això sempre fa cert respecte i vertigen perquè ets tu al cent per cent. I després el fet de poder presentar les cançons interpretant-les amb un instrument, a més a més de cantar (que també és un instrument). És a dir, cantar i tocar un instrument en directe, el baix en aquest cas. Sí que han sigut diferents fases en les que he anat superant situacions que no m’hi havia trobat mai abans.

Quan vas deixar Delafé vas parlar de descobrir nous horitzons. Com valores aquest nou horitzó en el que t’has endinsat?

Jo crec que, en aquell moment, quan deia això, sabia el que no volia fer però no sabia què volia fer. Per això era tant incert. Era un nou horitzó però ni tant sols jo sabia quin era. Però sí que tenia clar que havia acabat una faceta de la meva vida, una etapa vital molt important, i que necessitava obrir noves portes. Obrir una finestra i que entrés aire nou. Tot i que no sabia cap a on anar. Però arriba un moment que sents una veu interior tant forta, amb tanta potència, que has de prendre una decisió. I en aquell moment la decisió va ser aquesta. Finalitzar una fase, per obrir-ne una altra sense saber molt bé quina s’obria. I ara estic molt contenta d’haver arribat fins aquí, d’haver-me decantat per obrir la finestra i que entressin coses noves. Em sento molt bé. Estic feliç fins i tot de fer les entrevistes, que sempre és una cosa agraïda, però aquest cop ho faig molt contenta amb el resultat i de poder defensar aquestes cançons.

Entrevista a Helena Miquel
Helena Miquel | © Víctor Parreño

Totes les cançons les has escrit un cop decideixes deixar Delafé?

No. Havia començat a escriure algunes cançons abans d’aparcar el projecte de Delafé. Però potser havia fet dues cançons. Tampoc tenia la idea de fer un disc en solitari. Jo no em coneixia com a compositora. No sabia que podria arribar a fer 11 temes. Al final n’hi ha deu en el disc, però el punt de partida va ser el fet d’haver escrit fa anys una cançó pel documental d’una amiga meva (Hoy es primavera, Nina da Lua i Àlvaro Sanz, 2014). Allò va donar peu a donar-me compte de que realment agafava la guitarra i em sortien cançons. I a partir d’aquell moment vaig agafar la dinàmica de tocar a casa. I al cap d’un temps em va sortir una cançó. I després una altra… Però quan vaig decidir aparcar Delafé, que és per uns altres motius, tenia dues o tres peces escrites. Llavors sí que vaig agafar la guitarra més dies i poc a poc van començar a sortir coses. Crec que va ser bastant espontani. De fet, hi ha cançons que són gairebé com la maqueta o que de la lletra no s’ha tocat ni una paraula. Ha estat realment el que m’ha sortit de dins.

A nivell de producció, quin paper han tingut en Lluís Cots i en Marc Marés? Què ha suposat per a tu tenir el seu recolzament i ajuda?

Van ser importants per donar-me l’empenta final. Em van dir “confia en tu, que ho pots fer, que aquestes cançons valen la pena”. Vaig tenir el seu recolzament cent per cent. Amb el Marc vaig fer la primera fase. Jo li ensenyava les maquetes que tenia, amb la guitarra acústica i la veu, i amb ell les vestíem a casa seva. També com a maquetes, però les passava amb la guitarra elèctrica, composava amb el baix, anava fent el que seria la base rítmica. I després quan vam anar a l’estudi de gravació el Lluís va vestir les cançons a nivell de sonoritat com a enginyer de so, i com a productor va acabar de fer els arranjaments necessaris. Vam formar un equip molt unit des del principi.

De fet, t’acompanyaran als dos concerts.

Exacte. M’acompanyaran en directe. Si podem continuar així, amb aquesta formació com a trio, doncs seguirem així. És el que ens ve de gust. I si en algun moment ha de canviar la formació serà més que res per incompatibilitats laborals. Però en principi sempre que puguem anirem els tres.

Ja has comentat en d’altres entrevistes que el títol El sol en la sombra fa referència a la part fosca i a aquella llum que tothom té. Vàries lletres de les teves cançons parlen també de canvis emocionals, del temps, de superació, de reprendre. De tots els processos pels que acabem passant tots en un moment o altre. Ha influït en la lletra de les cançons el gir que has fet en la teva carrera professional?

Alguna cançó potser té a veure amb això però sobretot són cançons que parlen de la meva pròpia experiència. No tant a veure amb el fet d’haver deixat enrere un projecte tant important a la meva vida, sinó senzillament en coses que m’han anat passant i n’hi ha que són de fa molts anys. Són emocions que tens allà guardades en algun calaix del cor i de sobte surten. I penses: “és que això encara estava allà, hi havia una petita ferida que potser s’havia de treure”. Hi ha temes molt diversos. El que m’agrada és que cadascú quan escolta el disc es fa seva la cançó i li dóna una perspectiva nova.

Em veig obligada a preguntar-te pels teus referents musicals que poden haver influït en l’estil del teu nou àlbum. Perquè aquest estil tan melancòlic, el punt una mica retro però a la vegada fresc i el teu timbre de veu… Mecano em va venir al cap.

Somriu, una tendència constant al llarg de l’entrevista, acompanyada de la música jazz que sona en un bar de Barcelona. Però aquesta vegada, encara més. Uau. Quan era molt petitona escoltava Mecano. El primer disc, que és el que més m’agrada. I ja està. Però sí que aquell primer disc tenia cançons molt melancòliques. No m’ha influït però sí que m’ha agradat molt la música melancòlica. Des de que tenia tres anys. Li demanava a la meva mare que em posés una cançó de Lluís Llach que és súper trista i era la meva preferida. Perquè em feia plorar. Cançó d’amor, si no recordo malament. És preciosa.

Sempre he tirat per un estil tranquil, molt indie pop, alternatiu. És la música que m’agrada i que m’ha acompanyat sempre. Als anys 90 escoltava molt Yo la tengo, Pavement, PJ Harvey, que començava aleshores; Tindersticks, Nick Cave…. Tot és música bastant introspectiva. I ara escolto Beach House, The Blow, La Bien Querida, Sr Chinarro, McEnroe… Era molt fàcil pensar que el meu gust musical aniria per aquí a nivell d’arranjaments. Vam llogar alguns sintetitzadors dels anys 70 i allà a l’estudi també improvisàvem a vegades. I jo sempre me n’anava – somriu de nou – cap als sons més greus i foscos.

Entrevista a Helena Miquel
Helena Miquel | © Víctor Parreño

Què esperes que el públic senti amb el teu nou treball?

Això és difícil de dir. El que vols sempre és que les cançons arribin a la gent. Però no saps en qualitat de què els hi arribarà ni a quanta gent li arribarà. Vols que els hi facin sentir alguna cosa. Però cadascú ho sentirà diferent. Alegria, tristesa. No és que desitgi que la meva música provoqui un sentiment concret. Senzillament, si en provoca algun ja és molt.

I com afrontes els dos concerts que faràs a Barcelona i a Madrid?

La veritat és que sempre un primer concert o els primers concerts fan respecte. Perquè no tens el concert rodat, no estàs relaxat del tot. Perquè el que et dóna l’escenari quan ja portes vàries actuacions, és molta tranquil·litat. Però clar el primer i el segon concert… és difícil perquè estàs una mica en tensió. I més si toques a casa, a Barcelona, amb tots els amics i coneguts. Llavors ho vols fer molt bé. Tots hi hem de passar. Encara que portis molts anys, en el primer concert sempre dius “Qui m’ha manat posar-me en això!”.

Amb Delafé seguiràs fent alguna col·laboració? T’ho vas plantejar tot, també en el cas d’Élena, com una ruptura total amb el que havies fet fins llavors?

Amb Delafé no hem parlat de discos futurs. No sé en quin procés estan, si estan fent cançons noves o no. La idea ara és defensar el meu projecte. I no se sap mai. Amb Élena són coses diferents encara que tot va coincidir. I en part crec que és saludable per mi haver deixat aquella etapa en aquell punt. Perquè em puc dedicar plenament al que vull fer ara.

De cara aquesta nova etapa ja has pensat si vols seguir per aquí? Tens en ment començar nous projectes?

No ho sé. De moment no. Potser seria el següent repte. Un autoconeixement de mi mateixa, de saber fins a on puc arribar i si puc donar més de mi o si senzillament el que havia de treure ho he tret tot en aquest disc i ja no tinc res més a dir. Això és una cosa que haig d’anar descobrint sobre mi mateixa. Però, i tant. Si puc, ho faré.

Entrevista a Helena Miquel
Helena Miquel | © Víctor Parreño

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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

India Martínez: 90 intensos minutos

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

Son las 8 y media de la tarde. Sábado. Delante del Palau de la Música, una de las obras arquitectónicas más bellas y emblemáticas de Barcelona, se han acumulado muchas personas. La mayoría van entrando en el edificio, otras fuman, y las demás sencillamente prefieren esperar fuera. Amigos se reúnen, exaltados. Parejas adultas y no tan adultas llegan caminando tranquilamente… Hay personas de todas las edades y grupos muy diferentes entre sí. Pero todos tienen algo en común: adoran la voz y las canciones de la mujer que dará el concierto esta noche. La cantante de pop-flamenco India Martínez. “Hace unos duetos preciosos…” me comenta una mujer de mediana edad acompañada por su marido. El concierto de la cordobesa forma parte del Tour secreto, en el que presenta su último álbum – que fue Disco de Oro – sacado el año pasado Te cuento un secreto (Sony Music, 2016) en más de 15 ciudades de España.

Cuando falta poco para el concierto, los fans comienzan a entrar de golpe y se mezclan con los turistas que hay en el recibidor haciendo fotos a la obra modernista de Lluís Domènech i Montaner. Formas orgánicas que intentan imitar la naturaleza, líneas ondulantes, motivos florales. Una obra que culmina con la sala auditorio, que comienza a llenarse. Las entradas están agotadas. Los asistentes comienzan a ocupar todos y cada uno de los sitios todavía vacíos. Son las 9 – hora del concierto – pero no deja de entrar gente por la puerta de acceso. Los palcos también se están llenando. Hasta hay personas justo arriba del escenario e incluso detrás, a ambos lados del gigantesco órgano que preside, aunque algo escondido, el espacio.

Si os quedáis os cuento un secreto

Pasan entre diez y veinte minutos de la hora preestablecida. Está todo absolutamente lleno. Se apagan las luces y la gente enloquece, coreando su nombre. De cerca se puede apreciar cómo los músicos se van colocando en sus puestos. Bajo, guitarra eléctrica, acústica, batería, percusión y el director musical (al piano). Varias pantallas situadas en el escenario se iluminan, mostrando su nombre. India Martínez. Comienza una intro musical. Gritos que no pueden contener la emoción acompañan la melodía. Y aparece ella rodeada de luces de colores, arrancando el concierto con una de sus canciones más pop de su nueva obra: La última vez. El público ha callado para escucharla. No podría haber escogido mejor el primer atuendo: un vestido rosa pálido-pastel acharolado, corto y sin mangas, con unos botines de tacón a conjunto y una especie de tela rosa vaporosa a modo de cola que alarga el vestido, con plumas pequeñas agrupadas en diferentes puntos, como si de flores con pétalos rosados se trataran. Se mueve por el escenario con una gracia única, entonando la canción con aquella voz sin ningún fallo. Es una diva acompañada de las 18 musas creadas en conjunto por Eusebi Arnau, Mario Margaliano y Lluís Bru.

“¡Qué bonito!”, exclama alguien entre el público cuando acaba la canción, entre aplausos que se repetirán a cada pausa. La cantante continúa con Ángel, una pieza intensa como lo fue su videoclip en el que no dudó en saltar de un avión y descender en paracaídas. “Pero no me hace falta tirarme en paracaídas para sentir esa sensación de adrenalina y emoción”, refiriéndose al momento que está viviendo. Los asistentes responden aplaudiendo y vuelven a quedarse sin voz frente a su ídolo. “Si os quedáis os cuento un secreto”, susurra. Y comienza Te cuento un secreto, seguida de Si te quiero. Y poco a poco el clima se vuelve más íntimo y cercano, gracias también al espacio donde transcurre esta obra de arte en vivo, que integra en un todo escenario y público. Y a las miradas dulces que India dirige a todo el público, también al de los palcos superiores, donde muchos se han puesto de pie para poderla ver mejor. Y se quedarán de pie a lo largo de todo el concierto.

Corazones desechos ante una voz prodigiosa

Desaparece un momento y vuelve sin aquella cola larga. El vestido queda al descubierto. Se sienta en una silla acompañada de gritos espontáneos que continúan alabándola. Una diva, sí. “Olé tú!”. Agarra la guitarra y, sentada, comienza a hablar del instrumento que sostiene. “Ella es la culpable de todo. Fue la primera que me provocó para que escribiera canciones… para un niño que me gustaba”. Las risas estallan y explica el anécdota. Fue importante. “Sirvió para darme cuenta que con la música podía expresar mis sentimientos”. Y canta Corazón Ambriento (Dual, 2014) junto con Abel Pintos y Sólo tú (Trece verdades, 2011). Con los giros y el quejido que caracterizan su manera de cantar. Percibidos incluso en las canciones más pop. Con la expresión contraída por el sentimiento, apasionada. Hay gente en el público que mueve los labios, siguiendo la canción pero sin atreverse a cantar. Otros mueven la cabeza de un lado a otro. Hay quien llora. Amor, eso son sus canciones y de eso hablan la mayoría. Con distintos enfoques, pero amor.

Vuelve a retirarse después de 20 vidas y de la versión de Gloria Estefan de Hoy (Otras verdades, 2012). Y la guitarra acústica, iluminada con un foco azul eléctrico, tenue, comienza un solo. Y es al cabo de unos minutos cuando, en la penumbra, se vuelve a escuchar su voz. Una de las imprescindibles: Vencer al amor (Trece verdades, 2011). Aparece en escena vestida de negro con unos pantalones de cuero. Qué emoción. E invita al público a cantar el estribillo, que lo corea unánime. El público se levanta y aplaude sin parar cuando acaba. “Te queremos!”.

Emoción y frenetismo, respiración olvidada durante 90 minutos

Antes de cantar Todo no es casualidad (Te cuento un secreto, 2016) dirige un mensaje a todos. “La diversidad es bonita. A veces uno no acepta lo que es. La sociedad nos empuja un poco a ocultar las diferencias, por eso os invito a que os miréis en el espejo”. Han traído un enorme marco y aparece una nueva persona en el escenario. Vestida igual, se sitúa al otro lado del espejo y, mientras India entona la canción, ambas se mueven a la par, como si la otra joven fuera su reflejo. Su hermana pequeña, Laura Martínez.

Previamente a los bises, entre otras, entona Olvidé respirar (también de su disco de dúos con David Bisbal). Otra canción que perpetua la sensación de pelos de punta. Cuando se retira, toda la sala la reclama de nuevo. Regresa con Aguasanta. Y después con 90 minutos… El público canta el melódico estribillo, invitados de nuevo por ella, con una harmonía que sacude a la cantante y nos sacude a todos. El cúmulo de sentimientos estalla con El Jardín, la más flamenca de todas. Sin música. Sólo acompañada de los “Olé!” entre pausa y pausa. Se aleja el micrófono y, gracias a una sala con una sonoridad increíble, se escucha desde todos los rincones. Una canción de amor, esta vez a España. La ovación era de esperar. Minutos de aplausos frenéticos ininterrumpidos al final. Todo el mundo de pie. India se emociona y se asoma alguna lágrima.

Los gatos no ladran (Camino de la Buena Suerte, 2013) pone fin a un encuentro intenso. Muy intenso. Anuncia antes del último bis que quizás regrese al Palau Sant Jordi al final de la gira. Salen todos los músicos y la diva de colas vaporosas y voz perfecta apela a su hermana, cumpleañera. Los incondicionales, que lo saben, cantan la clásica canción, esta vez ni pop ni flamenco, y el staff le trae un pastel. Una velada en familia, íntima, en uno de los espacios más singulares y bellos de Barcelona.

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona
India Martínez | © Oliver Adell
India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona
India Martínez | © Oliver Adell
India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona
India Martínez | © Oliver Adell
India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona
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India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona
India Martínez | © Oliver Adell
India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona
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Oliver Adell

Me gusta viajar, la buena compañía y, sobre todo, la música; en especial el jazz. Fotógrafo de eventos, conciertos, bodas y lo que surja. Me gusta fotografiar no solo el instante sino la emoción de lo que hay detrás.

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