Pese al corto hospedaje que su nombre lleva entre los aficionados a la música y los cazadores de nuevo talento musical, y pese a que la pandemia ha ido minando el circuito local de los directos, b1n0 son una realidad en el panorama musical de nuestra ciudad. Y su último concierto, enmarcado en el BAM de la Mercè, pese a las inconveniencias evidentes de la nueva normalidad (distancias de seguridad, contención férrea a la hora de expresar emociones, imposibilidad de refrescar la gola, etc), fue sin duda uno de esos directos que amplían la base.
Emili Bosch y Malcus Codolà se presentaron en el patio de La Model (un escenario destinado a ser convertido en paraje cultural por el ayuntamiento antes de que vengan los buitres inmobiliarios de turno) arropados por figuras contrastadas de la escena local. Antes de la entrada en escena de amigos y colaboradores, el dúo arrancó su propuesta con el respaldo extra de dos músicos, un sinte y un teclado. Los cuatro sentados de tal modo que se permitiera el contacto visual entre ellos. Un detalle nada baladí para comprender lo engrasado y compenetrado que sonaron durante toda la velada. Con un pequeño montaje de leds en el escenario para dar mayor empaque visual, su electrónica binaria de aspiración melódica se precipitó sólida, sin fisuras, sobre la quietud reinante en ese patio testigo de tantos episodios siniestros.
Tampoco tardó en presentarse el desfiladero de invitados. Adriano Galante, salido de la isla de El tercer día (o de un montaje de La fura del Baus si no habéis visto la miniserie), se arrancó con N03M1. Apenas requirieron calibrar su sonido desde la mesa, o corregir desviaciones. Tampoco con su ajustado acople con las diferentes idiosincrasias de los invitados.
Núria Graham (cantó dos temas) también mimetizó con facilidad con la electrónica que bebe de propuestas en alza como The Blaze, SOHN o de un James Blake con un punto más retorcido.
Le siguió Joan Pons, de El Petit de Cal Eril. E incluso su peculiar tono vocal, y ese pop existencial que se gasta, conjugaron con los ritmos y las melodías estrujadas por los cuatro músicos, absortos en su compromiso por un sonido compacto. El cantante catalán interpretó Dance Dance Decadence V1 y un tema nuevo (sin bautizar aún).
Aunque el más afín a la propuesta sónica de b1n0 fue Pau Vehí (PHOAC y mitad del interesante dúo North State), quien con su cantar lamento solidificó la propuesta y la acercó aún más hacia los artistas internacionales mentados unos párrafos arriba.
El colofón final, tras apenas una hora de trayecto y pensamientos abstraídos gracias al punto evocador y al detallismo manifestado en las atmósferas resultantes, lo puso la reciente acab, otro tema que resonó con mayor intensidad en ese peculiar escenario carcelario.
En la nueva anormalidad tampoco parece haber espacio para los bises, pero sí para la música que recupera ánimos que teníamos atrofiados. Y, aunque a priori los conciertos no transcurran en las condiciones deseadas por la inmensa mayoría, si algo positivo se puede extraer de todo el tinglado post covid, es que se ha recuperado el escuchar música en las condiciones ambientales más respetuosas para el músico. Y no es poco. En Barcelona, esa batalla parecía perdida.









Autores de este artículo

Marc Muñoz

Montse Melero
Hacer fotos es la única cosa que me permite estar atenta durante más de diez minutos seguidos. Busco emoción, luces, color, reflejos, sombras, a ti en primera fila... soy como un gato negro, te costará distinguirme y también doy un poco menos de mala suerte.