El artista venezolano que reside desde ya hace unos años en el país, vino a presentarnos sus últimos sencillos y recordarnos su estilo tan característico el pasado viernes. Gustavo Enrique Ortega, más conocido por su nombre artístico Gus, hace uso del ordenador para construir piezas llenas de pop y estilo alternativo que combina con su composición melódica. El artista cuenta con un EP y un álbum: ‘Verano, por siempre’ que nunca se pasa de moda y siempre consigue ponerte nostálgico.
La parte más pesada es sin duda, la espera dentro de la sala. Esta espera se amenizó con música de ambiente mientras el público iba a la barra y a husmear el merchandising del artista. El ambiente en la sala vibraba con una diversidad palpable. Había gente que venía en grupos de amigos, otros en pareja y otros solos desde otras comunidades autónomas. Pero los que vinieron solos, no lo estaban del todo. A las 21:00h (puntuales) pisan el escenario el artista y su banda, dispuestos a empezar un nuevo show en la ciudad condal, esta vez en La (2) de Apolo.
Cojan unos tragos que vamos a bailar
Gus pisó fuerte con gaita zuliana, un tema que se sabía todo el público. En medio de las luces parpadeantes y el rugir de la multitud, las palabras de Gus resonaron con una fuerza inigualable: “Cojan unos tragos que vamos a bailar”. La noche prometía. El venezolano, con una conexión cercana con su audiencia, no dejó pasar desapercibido el intervalo entre canciones para compartir con sinceridad unas palabras. Ahí dejó clara su experiencia con la música desde que tenía 11 años y cómo supo desde ese momento que el resto de su vida se iba a dedicar a hacer una cosa: escribir. Todas las decisiones que tomó fueron clave. Como mudarse a España al cumplir la mayoría de edad para dedicarse íntegramente a la música. Y ahí nosotros nos hicimos partícipes del maravilloso viaje de Gus.
Las primeras notas de la guitarra resonaron en el aire, creando una atmósfera mágica. Ahí empezó una luz. La astuta elección de iluminación no pasó desapercibida. Los dos focos azules que iluminaban al público y la pequeña luz tenue que lo iluminaba a él mientras cantaba, demostró una inteligencia táctica que realzó cada momento del espectáculo. Destacaron los que habían venido en pareja, bailando juntos al ritmo de la canción.
Después de cantar cuatro canciones, Gus logró distinguir rostros entre la multitud. Recordó haber visitado la ciudad en 2022, actuando en un recinto más íntimo. En aquella ocasión, con la visión de un soñador, proclamó que en algún momento llenaría el Palau Sant Jordi. Para inmortalizar el sueño, se había hecho fotografías con aquellos asistentes con la promesa de que asistieran gratis a ese futuro concierto.
Creo que todo estará bien
Entre las melodías familiares, el artista desveló con entusiasmo composiciones inéditas que formarán parte de su próximo EP, ‘como y si se abren los cielos’ y ‘lo que acaba de empezar’. Con cada acorde, invitó a la audiencia a sumergirse en un adelanto exclusivo de su creatividad en evolución. Un saxofón destacó entre los distintos sonidos, dejando clara la destreza de Xas con el instrumento. Aprovechó para cantar su último tema, lanzado el mismo día: HAGAMOS EL AMOR, una canción que confesó, había escrito para otros artistas más reconocidos y de la que acabó adueñándose.
En un momento el tiempo se paró y empezó a sonar creo que todo estará bien. Un título con el que el artista se siente muy identificado. Y en ese momento, nos hubiese gustado contarle al Gus de 11 años que todo iba a estar bien. Abandonó el escenario y el público no dudó en pedir más. Después de una pequeña espera que se hizo eterna, volvió el artista para hacer un bis, sin olvidar antes agradecer a todo el equipo de personas que le ha rodeado durante todo este viaje. Dejó para el final el jardinero, uno de los temas más deseados por el público. La pista se llenó de móviles dispuestos a inmortalizar el momento. Un momento que compartirían un montón de desconocidos unidos por la música. A medida que la canción iba acabando, Gus presentaba a su banda que poco a poco se fue marchando hasta que quedaron él y un guitarrista, iluminados por un foco suave e íntimo. Mientras las luces se desvanecían, la magia del concierto perduraba.







Autoras de este artículo

Judith Melián Paredes

Marina Tomàs
Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.