Rosario La Tremendita se define, libre y con toda sinceridad, como “Blanquita, paya, bollera y experimental”. No nos la imaginamos, en su Triana natal (o en cualquier otro lugar reaccionario), expresando estos sentimientos, hace unos cuantos años, sin que algún vecino le tirara una maceta de flores a la cabeza. Ella es consciente de que su personalidad no es del agrado de los intolerantes, pero nunca agachará la cabeza por mucho que la intimiden. Ha luchado toda su vida para dedicarse al flamenco y a ello seguirá dedicando todos sus esfuerzos, sorteando todas las trabas que pueda encontrar.
Hija de una estirpe de cantaores trianeros, Rosario (a sus 38 años) ha sido nominada dos veces a los Grammy Latin Awards y representa una de las caras más visibles de la llamada nueva revolución del cante jondo.
Sin miedo a despeñarse, en ese experimental universo sonoro ha conjuntado raíces, electrónica, funk o jazz con atractivos resultados. Fruto de sus incasables ansias de seguir explorando territorios prohibidos por los ortodoxos y teniendo como enseña la libre creación, La Tremendita lanzó en 2021, Tremenda, primera parte de su doble álbum Tremenda. Principio y origen. Un año después, aparece Principio y origen, trabajo, en el que repite repertorio, aunque aparta la innovación para centrarse en un sonido más original y crudo. En él se ha rodeado de músicos talentosos como Niño Josele, Dani de Morón o el maestro Rafael Riqueni, quien días antes había impartido una nueva lección en el escenario del Conservatori del Liceu.
Para su estreno en el ciclo De Cajon! del Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona, contaría con la colaboración de Joselito Acedo (guitarra) y Paco de Mode (percusión). La Patti Smith (su ídolo) del flamenco moderno prometía emoción y debate.
La audacia tiene premio
Rosario La Tremendita obtuvo un rotundo éxito en su nueva visita a Barcelona, ciudad en la que, según sus propias palabras, “se siente feliz” y en la que concibió A tiempo, su primer álbum en 2010. Lo hizo a base de simpatía, fuerza desenfrenada, carisma infinito y ese desparpajo con el que se nace, virtud imposible de fabricar; el as ganador. Y por supuesto con el impagable apoyo de su inseparable Joselito Acedo (25 años de amistad trianera) y Paco de Mode (el que nunca falla).
La Tremenda (así la aclamaron desde platea) no posee un bonito color de voz (seca y rugosa). Se excede, en muchos pasajes, con las quejas gritadas (eso no es hondura) y si me apuran tampoco muestra excesiva pericia con el bajo eléctrico. Ostentando estos, teóricos, defectos se preguntarán dónde esconde su innegable potencial. Ya hemos citado sus cualidades más acentuadas, posee algunas más.
Recordando, con todas las distancias posibles a Lagartija Nick, introdujo, a la tradición flamenca, rasgos rock-punk secos e intensos que, combinados con un elegante fraseo de los versos que crea o busca para definirse personal o políticamente, ofrecieron minutos de fuerte impacto. Con ellos comenzó su actuación, pero pronto derivó hacia el pasado con Pepe Marchena y su Milonga: “Quisiera ser colorete para adornarte la carita y darte besos en los labios y morderte la boquita, eres más guapa que nadie y el sentío me lo quitas”.
Otra de sus características destacadas es saber improvisar durante el espectáculo y convertirlo en una especie de ensayo, ofreciendo frescura y afectividad. “El arte es el momento” afirmó convencida, antes de cambiarle el orden del set a Joselito, interpretando la taranta Mi voz. Sin bajo y llevando su cante al mejor nivel (obviando el volumen desmesurado) ofreció uno de los instantes más aplaudidos de la velada.
Algo más indefinida quedó una guajira acelerada que poco tuvo que ver con ese maravilloso palo venido de ultramar. Lo arregló con los inspirados tientos Concha dorada (preciso trabajo de Paco de Mode con el cajón) y Abulería, cuplé por bulerías dedicado a sus dos abuelas, todavía vivas.
Llegados a este tramo, el recital dio los primeros atisbos de cansancio, alias monotonía. El buen nivel interpretativo prosiguió, pero esa invariabilidad (bastante acusada) se encargó de darle un buen mordisco al brío mostrado hasta ese momento. Unas estrofas de A tu vera rescataron el ritmo para despertar el posible tedio que se nos venía encima.
Por suerte las sombras de Lorca y Morente (faros absolutos) aparecieron para insuflar aire a la aguerrida Rosario y con el bambera-fandango Romería tornó el frescor perdido.
Después de visitar Granada, volaron a Cádiz (alegrías) y finiquitaron la actuación con La niña de los lunares.
En la propina se acordó, nuevamente, de Lola Flores y de El Pescaílla: “esta es su tierra”, arrancando por rumbas. La adictiva Dime sirvió para animar al público(que coreó el estribillo) y de adiós definitivo; al menos hasta dentro de un tiempo. Volverá.
A Rosario La Tremendita le espera un largo camino de triunfos, aunque deberá tener precaución.
Las cuerdas vocales son un órgano débil y debemos cuidarlas (la notamos agotada en el tercio final). Velar por la técnica y el temple es imprescindible para arribar a las últimas etapas de carrera en buenas condiciones. Eso sí, la gracia no la perderá nunca. Es de Triana.







Autores de este artículo

Barracuda

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.