The Fleshtones, Marula Café

The Fleshtones: Un ciclón sin fecha de caducidad

The Fleshtones, una de las mejores bandas garage liderada por el carismático Peter Zaremba, asegura diversión y rock n'roll en sus frenéticos directos.

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Siempre recuerdo el corpachón de Francisco Casavella cimbreándose al compás de American Beat 84’. Aquel himno generacional que aparecía en la banda sonora de Bachelor party (Neal Israel, 1984), aquí llamada Despedida de soltero, la típica comedia desmadrada de los 80 que no pasaría a la historia si en ella no sonara esta morrocotuda canción de The Fleshtones, que acababa homenajeando, de forma emocionada, a James Brown, Elvis Presley, Buddy Holly, The Modern Lovers o Chuck Berry, entre otras deidades. Keith Streng y Peter Zaremba, son los únicos supervivientes originales (el baterista Bill Millhizer se unió en 1980 y Ken Fox contribuyó con el bajo en 1990) de una formación decidida a seguir en la brecha, por más que pasen los años, manifestando día a día su categoría y enseñando a las nuevas generaciones el sentido real del genuino rock n’ roll. Budget buster (Yep Roc Records, 2017) es su nueva apuesta, un conglomerado de rarezas y versiones de clásicos. Con ella están de gira, repartiendo mamporros de rock acelerado, moderno y vigente, como los primeros soplos exhalados en 1976, año de creación de la banda.

Hard lovin’ man, fue el potente arranque de un show arrasador, práctico, sin trampas, un uppercut directo al mentón, que hizo tambalear las molestas columnas del club de la calle Escudellers. Zaremba apareció agresivo, despeinado y ataviado con una capa mefistofélica, fiel demostración de que su pacto con Belcebú, con tal de conservar su jovial espíritu, sigue en vigor. También es posible que se la robara a Rick Wakeman para inspirarse en la creación de Rick Wakeman’s cape, pero nos decantamos por la primera opción. El cantante de pelo plateado se dejó la piel en el escenario, cantó, bailó, tocó la harmónica, insufló vida al órgano y lo más importante: conectó con el público de forma directa, espontánea, como solo es posible en un recinto reducido donde el contacto se hace imprescindible, en él reside la autenticidad de la música garage. Keith Streng, líder musical de la banda, tampoco se quedó atrás. Lució una preciosa guitarra plateada blandiéndola como un guitar heroe, danzó por encima de los bafles y vocalizó a lo Bon Scott las notas más hard rock del concierto. Una actuación poco dada a la nostalgia, basada prácticamente en Budget buster (I surrender, Alright), y en The band drinks for free (Yep Roc Records, 2016), disco creado para celebrar su 40 aniversario. De este último salieron algunos de los mejores destellos, como Suburban roulette, Love my lover o el cover de The gasser (The Hondells, 1965). A pesar de ello, la excitada concurrencia, no se fue sin escuchar el Gotta get away de los Stones, I was a teenage zombie, Remember The Ramones y American beat, pieza que cerró el festejo. En ella, Peter Zaremba volvió a enfundarse la capa y se lanzó a la pista junto a sus compañeros, formando una conga delirante.

Un fiel amigo, gran experto en garajes y música ruidosa con sentido, afirma que The Fleshtones son la mejor banda de rock n’ roll del mundo. Una sentencia algo atrevida pero muy cercana a la realidad. Ya no existen grupos capaces de montar bacanales musicales de esta dimensión. En definitiva: ya no hay bandas como ellos.

Los norteamericanos tuvieron la inmensa suerte de apoyarse en unos teloneros de excepción: The Outside Hours, trío barcelonés que después de despuntar con Gone (2014), retornan con la producción de Swamp Thing Records, Red runs river (2017), un disco deudor del sonido de los primeros Stones, The Stooges o de bandas que sólo tenían en la mente una opción: atornillar al personal a base de ritmos endiablados, sonidos feroces y nada adulterados. Su directo no tiene desperdicio. Si tienen ocasión no se los pierdan.

Never lose that, lose that beat / From Boston to Miami or way out in Malibu Bay / Can you hear the American sound

American beat, The Fleshtones

The Fleshtones, Marula Café
The Fleshtones | © Oliver Adell
The Fleshtones, Marula Café
The Fleshtones | © Oliver Adell
The Fleshtones, Marula Café
The Fleshtones | © Oliver Adell
The Fleshtones, Marula Café
The Fleshtones | © Oliver Adell

Autores de este artículo

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Oliver Adell

Me gusta viajar, la buena compañía y, sobre todo, la música; en especial el jazz. Fotógrafo de eventos, conciertos, bodas y lo que surja. Me gusta fotografiar no solo el instante sino la emoción de lo que hay detrás.

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