Los últimos meses de Robero Iniesta, Robe, no han sido precisamente tranquilos. 2020 comenzó con el comunicado por parte de Extremoduro de su disolución, anunciando en rueda de prensa Iñaki ‘Uoho’ Antón y él mismo una pequeña gira de despedida por todo el territorio nacional. Un desenlace quizás inevitable tras el desgaste de tantos años, pero sería el adiós soñado por cualquier banda, y a la altura de una formación mítica e histórica como es ‘Extremo’.
Las avalanchas, virtuales y físicas, de fans a la caza de las codiciadas entradas eran de esperar, pero la magnitud del colapso acontecido superó todas las expectativas, con caída de la web de un gigante de la venta de tickets de espectáculos como Ticketmaster incluida. Salieron nuevas fechas, se agotaron las localidades y solo quedaba esperar al verano, hasta que la covid entró en nuestras vidas.
Entonces se sucedieron los aplazamientos y cambios de fechas por parte de la promotora, hasta que Robe, harto del sinsentido que implicaba, a su parecer, anunciar nuevas datas sin poder asegurar la normal celebración de los shows, anuncio unilateralmente y para sorpresa de todos (incluidos sus compañeros de grupo) la cancelación de la gira de Extremoduro y un nuevo tour en solitario. Ahí empezó un partido de tenis a base de comunicados entre artista y promotora que finalmente tuvo su resolución en la suspensión definitiva de la esperada despedida.
Una nueva polémica para Iniesta, personaje brillante y peculiar a partes iguales que, sin embargo, no es de los que se quedan mirando al pasado. Publicó Mayéutica (El Dromedario Records, 2021), disco que tenía guardado desde 2019, y montó la gira con la que ha recorrido y llenado pabellones de todo el territorio nacional, poniéndole un nombre muy significativo: Ahora Es El Momento. Su última parada, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, pudo contar incluso con el público de pista en pie.
Fuera malos rollos, aquí hemos venido a hacer el rock
Tras presentar con una acertada intro a todos los músicos, que fueron sumando sus instrumentos hasta completar el puzzle de Hoy Al Mundo Renuncio, no tardó en sonar la primera canción que provocó un karaoke colectivo: Si Te Vas…, de Extremoduro. El hecho de que Robe haya optado por incluir canciones de su mítico grupo en el repertorio, habiendo renunciado, por el momento, a girar por última vez con ellos, resulta poco más que chirriante, aunque cierto es también que no tendría sentido dejarlas de lado así sin más. El tiempo dirá si los fans tendrán la oportunidad de “despedirse” de ellas y de la banda de sus vidas a la vez.
Entrelazando a la perfección temas Extremo como de la etapa en solitario, la gran banda sobre el escenario empezaba a hacer de las suyas, con el violín y el clarinete revoloteando omnipresentes con certeros movimientos. El juego de luces tras los instrumentos simulaba una especie de ascua que invitaba a saltar a la zona ‘marchosa’ del público (derecha, según la división clásica que hace siempre Robe para evitar conflicto), mientras que la ‘tranquila’ (izquierda) también se iba animando poco a poco. Sonaron De Manera Urgente, Golfa, El Camino de Las Utopías, So Payaso y alguna más, hasta que se anunció la Dulce Introducción Al Caos que estaba por venir.
Parón para reponer fuerzas y retomar el espectáculo con la parte central del mismo: la presentación del nuevo trabajo, Mayéutica. Se trata de una única y frenética pieza de 43 minutos, dividida en cuatro movimientos, un preludio y una coda final, y que enlaza directamente con La Ley Innata (Warner Music, 2008), obra maestra de Extremoduro, siendo su continuación natural.
Tras la calma, la tempestad
En este punto, el espectáculo dio un salto y el nivel subió con cada movimiento de la obra. Eso de “dejar las canciones sin final” parece que tiene premio, y es que pueden llegar otras como continuación que hagan estremecer a todos hasta el punto de bailar como unas putas locas, como dice Robe. Fue la experiencia rock total: casi una hora sin descanso combinando sin error, notas tranquilas como acordes y solos ensordecedores, por no hablar de las idas y venidas por el escenario de cada músico sobre él.
No sería justo si en este punto de la crónica no hiciéramos mención especial a Lorenzo Gonzalez, quien además de alucinar a todo el mundo con sus dotes vocales líricos y flamencos durante todo el concierto, hizo los papeles de showman como si fuese un espontáneo aparecido desde el foso. Hasta se marcó un “Vincerò”, cual Pavarotti. Sin duda, uno de esos músicos que marca la diferencia entre tener una banda o la banda.
Cada palabra de Mayéutica llegaba al alma, y casi no se veía ningún brazo bajado entre el público, como si la fuerza del directo privara a la gente de parar de corear las letras. “Yo no soy dueño de mis emociones…”. Robe celebró el final de la Coda Feliz con el puño en alto y, exultante, emprendió el camino a backstage para despedirse de su gente hasta primavera, cuando tiene intención de retomar los conciertos.
Las clásicas Standby, La Vereda De La Puerta De Atrás y Ama, Ama y Ensancha El Alma sirvieron como broche de oro a una larga (casi tres horas) e implacable noche de rock, lamentablemente ya poco vista por estos lares. Robe Iniesta demostró estar en plena forma, sabiendo llegar, a pesar de los años y su evolución como compositor, a dónde casi nadie consigue. Sus siguientes pasos: gira en primavera, nuevo disco con canciones compuestas durante el confinamiento y quién sabe si reunión con sus antiguos compañeros. De ser por los fans, sería mañana mismo.






Autores de este artículo

Mikel Agirre

Montse Melero
Hacer fotos es la única cosa que me permite estar atenta durante más de diez minutos seguidos. Busco emoción, luces, color, reflejos, sombras, a ti en primera fila... soy como un gato negro, te costará distinguirme y también doy un poco menos de mala suerte.