No siempre se puede tocar en sábado. Incluso teniendo más de 35 años de carretera a las espaldas, a veces llegas a una importante capital europea un lunes por la noche sabiendo que no vas a llenar. Poco les importo a The Waterboys, que salieron con todo a una Razzmatazz que registró media entrada, pero de un público deseoso de verlos.
Empezaron con When You Go Away, dando las primeras pinceladas de ese folk celta tan característico de sus inicios, para seguir con la mítica Fisherman’s Blues que arranco el primer “oh…” de sus seguidores, que se las sabían todas. Sin rodeos pasaron al rock’n’roll más enérgico con Where The Action Is, que da nombre al nuevo álbum que venían a presentar. Bueno, lo de presentación fue un decir, ya que casi todo el repertorio se basó en sus mejores clásicos. Eso sí, las pocas nuevas que tocaron sonaron geniales.
La puesta en escena de los británicos no tuvo mucho misterio: un juego de luces de lo más sencillo y unos pocos elementos decorativos –que casi ni se veían– al fondo del escenario. En su lugar, ofrecieron un derroche de técnica y presencia sobre las tablas, con el líder Mike Scott muy motivado y bromeando con el público. The Whole Of The Moon recibió la primera gran ovación de la noche y a partir de ahí fueron encadenando un tema tras otro en los que los miembros restantes de la banda tuvieron ocasión de lucirse. Primero fue Brother Paul en Nashville, Tennesse el que atizó los teclados con una pasión digna de esos músicos que enganchan y hacen disfrutar solo con su presencia. Más tarde, volvió a dejar a todo el mundo con la boca abierta con un espectacular solo de keytar en Ladbroke Grove Symphony, segunda y muy bien acogida incursión en el último trabajo. Ralph Salmins sorprendió con Blues For Baker, una canción que es íntegramente un solo de batería, aunque el momento más espectacular fue a cargo de Steve Wickham y sus movimientos imposibles de violín, a dúo con Scott para marcarse una brutal The Pan Within.
Un nivel altísimo el que demostraban los seis músicos en escena, incombustibles tanto las jóvenes coristas Jess y Zeenie tanto como los veteranos que ya rondan los 60. Se disfrutaba a partes iguales encima del escenario y frente a él, y así siguió la descarga de temas entre folk, rock y blues, manteniendo la sala encendida durante todo el show. Al cumplirse las dos horas de concierto, The Waterboys se despedían por primera vez.
Tras una cerrada ovación, se coreo el “oé, oé, oé, oé…”, confirmando que de ahí no se iba a mover nadie. La esperada A Girl Called Johnny –que esta vez no contó con el ‘reprise’ de otras ocasiones– y How Long Will I Love You fueron las escogidas para un bis que quizás supo a poco para acabar, pero que no empañó una noche de lunes que fue un chute de energía para toda la semana. Que se lo pregunten en el trabajo a los que estuvieron.




Autores de este artículo

Mikel Agirre

Miguel López Mallach
De la Generación X, también fui a EGB. Me ha tocado vivir la llegada del Walkman, CD, PC de sobremesa, entre otras cosas.
Perfeccionista, pero sobre todo, observador. Intentando buscar la creatividad y las emociones en cada encuadre.