Después de quince años compartiendo experimentaciones, sea en formato dúo, cuarteto o con el colectivo Thumbscrew (junto a Michael Formanek y Tomas Fujiwara), Mary Halvorson llegó a Barcelona como líder absoluta del proyecto Code Girl, arrancado en 2018.
Halvorson, una de las mejores artistas surgidas en los últimos años, dentro del universo jazzístico (por llamarlo de algún modo), ha querido dotar de verbo poético a su guitarra, incluyendo, en sus dos últimos trabajos, a la vocalista, de origen hindú, Amirtha Kidambi. Junto a ella, los habituales Formanek (contrabajo) y Fujiwara (batería) más una sección de vientos formada por Adam O’Farrill (trompeta) y Brian Settles (saxo tenor). Un fastuoso quinteto para intentar descifrar el código “5,5,5,5” que un día, estando de gira, se inventó su maestro Anthony Braxton.
Coincidencias y realidades
Sea por caprichos del destino o por necesidades de programación, mientras la guitarrista de Brookline (Massachusetts) tocaba en L’Auditori, el trompetista Ambrose Akinmusire (colaborador en la primera entrega de Code Girl) lo hacía en el Conservatori del Liceu. Lamentablemente, todavía no poseemos el don de la ubicuidad (todo llegará) y tuvimos que decidirnos por Halvorson, a quien acompañó el portentoso improvisador de 27 años, Adam O’Farrill, su sustituto en el segundo lanzamiento titulado Artlessly Falling (Firehouse 12, 2020). Esta anécdota nos sirve para destacar el perceptible aumento de la actividad musical en vivo y también como primer apunte de un concierto que supo a gloria bendita.
Refutando convenciones
Definir el concepto musical que habita en el indescifrable cerebro de Halvorson es harto dificultoso; aparcarse en la palabra jazz roza la simpleza y expone cortedad de miras. Aguzando el oído, percibiremos aires folk, referencias contemporáneas, cabaret alemán, resonancias etíopes, árabes o de música carnática (India) y, por supuesto, el pop progresivo de su héroe Robert Wyatt. Si les apetece y quieren ahorrar vocablos, pueden calificarla de avant-garde, término algo más preciso aunque no concluyente.
Texturas inquietantes
Bajo una luz tenue, Formanek inicia un solo profundo de contrabajo al que, poco a poco, se irán añadiendo los demás instrumentos, de modo sucesivo (incluida la voz de Kidambi), creando un clima tan cálido como turbador. Melodías encadenadas, por cada uno de los músicos, que adquirirán una textura homogénea y densa, fabricando un conglomerado en el que, cual orquesta oriental, nadie destacará: ni los aullidos inespecíficos y agudos de la improvisadora cantante, ni incluso algún pequeño desmán del baterista. Pongamos de ejemplo la bellísima y ampliada (al igual que los seis temas escogidos) Storm Cloud, en la que pasaron de la honda sedosidad (estilo Nico) al paroxismo con pasmosa sencillez, sin que la estructura de la pieza se balanceara; control absoluto de la expresividad.
Falso liderazgo
Cuando la guía se decide a ejecutar su rol de solista, acústica en mano, la exposición sonora adquiere nuevas dimensiones, fue el caso de Muzzling unwashed. En ella construye capas, aparentemente desafinadas, que invitan a pensar en el descontrol armónico; todo lo contrario. Gracias a esos deliberados y engañosos desajustes, la cadencia adquiere disonancias que, lejos de molestar, invita a descubrir nuevos horizontes. El simulado maestrazgo será escaso: las notas sensuales de Settles y O’Farrill (en estado de gracia toda la velada) oscurecerán el protagonismo de la guitarra para llevar la composición al destino elegido; las palabras, en esta circunstancia, son insuficientes, la escucha resolvería las dudas.
Broche final
Mary Halvorson se mostró seria, introspectiva, hasta tal punto que sólo abrió la boca para presentar a la banda, el bis (una excepcional recreación de Artlessy falling) y desear buenas noches a los presentes que en esta ocasión, no llenaron la sala. ¿Demasiadas ofertas en una sola noche o miedo a enfrentarse a barreras demasiado altas?
Reconozcámoslo: la puerta que encierra el universo Halvorson no es fácil de abrir, aunque tampoco se necesitan llaves maestras para conseguirlo, con valentía sería suficiente.
Una sugerencia: imiten a la Alicia de Lewis Carroll, sigan al conejo blanco y entren en su madriguera; encontrarán cosas asombrosas.
Artlessly falling through overstretched arms. Delivers the night underground, a hole I spool splintered around your gray eyes. Sparkles devouring the Southern Cross. Old patterns crystallize, form double salt I feign to dissolve, eighty-eight stars wild
Artlessly falling, Mary Halvorson










Autores de este artículo

Barracuda

Òscar García
Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.