En verano de 2020 mi amigo Biel hizo sonar en bucle Mamichula para amenizar un pequeño roadtrip. En aquel momento no sabía que esa acabaría siendo nuestra canción, ni que la música de la artista entraba en mi vida para quedarse. Un tiempo más tarde, tengo la oportunidad de presenciar su concierto en directo y escribir sobre ello.
Es imposible hablar de la nueva oleada urbana argentina sin mencionar a Nicki Nicole. Hace unos meses Rosalía le entregaba el premio de Los 40 a Mejor artista y decía: “es una artista increíble que lo está rompiendo y lo va a romper aún más”. Y no le faltaba razón. Para sorpresa de nadie, el show logró el sold out y la Sala Barts acogió a una multitud que tras horas de espera, entró desprendiendo emoción.
Nos gusta el show
Todos los que acudimos al concierto sabíamos que presenciaríamos un buen espectáculo, y así fue. Entre gritos y ovaciones la banda irrumpió con Colocao, uno de los primeros singles de la artista, adivirtiéndonos de lo que se venía. Luces, bailarines, cambios de look, coristas, humo… Y sí, nos gusta el show, pero por muy adornado que esté, si la artista no tiene suficiente carisma no sirve de nada. Pero eso no es un problema para Nicki Nicole. Desde sus inicios dejó claro que no nos podíamos dejar engañar por su dulce y delicada voz, porque detrás de ella se esconde una garra y un flow que no es ni medio normal.
Era la primera vez que la artista presentaba su nuevo disco en la ciudad y supo combinar a la perfección lo antiguo con lo nuevo. Después de Mala Vida y Darling, llegó el turno de Plegarias, uno de sus primeros temas. La riqueza instrumental quedó en un segundo plano para crear un ambiente íntimo protagonizado por el sonido de un piano y la voz de la cantante. Recordé con cariño el momento en el que me enganché a su música. Las proyecciones de ella en su infancia nos engañaron, aún quedaba un poco para llegar a la canción más emotiva, así que el rollo funkie de Baby y el ritmo pop de Formentera nos mantuvieron expectantes. No se quedó casi ninguna canción fuera y hasta las últimas colaboraciones, como el remix de Entre Nosotros, tuvieron cabida. Así que un 10 a ese setlist.
Nicki Nicole no hace solo reggaetón
No hubo ni un segundo en el que nos quedáramos sin inputs, de verdad. En los momentos en que la cantante necesitó darse un respiro o cambiarse de outfit, las coristas y los bailarines tomaron el control y se comieron el escenario, así que no hubo tiempo para decaer. Un chico del público comentó que es una locura cómo los bailarines son capaces de sumar en un show y no puedo estar más de acuerdo. Debo decir que el momento de la batalla de baile fue bastante top. Las voces de las coristas tampoco pasaron desapercibidas y junto a una instrumental blues nos regalaron un momento hipnótico.
Y no. La cantante no solo hace reggaetón. De hecho, no fue hasta la mitad del concierto que empezamos a perrear. Con el lanzamiento de su disco pudimos comprobar la versatilidad de Nicki Nicole, así que es bastante injusto encasillarla en un género. La cumbia bailada con dos fans en el escenario y el flamenquito de Me has dejao, con la aparición de Delaossa, dejó claro que en directo también es capaz de pasear por los géneros que le dé la gana.
Ahora sí que sí, tocaba llorar. Parte de Mí es una canción emotiva, así que era de esperar que a la cantante se le cayera alguna que otra lágrima. Además, aprovechó la conexión con el público para agradecer que estuviéramos allí. Ese momento se merecía una puesta en escena especial y la iluminación supo estar a la altura. Aunque nos resistiéramos, se acercaba el final y qué mejor que Mamichula para acabar de bordarlo. Después del rutinario amago de despedida, la cantante cerró el show por el principio. Wapo Traketero, la primera canción que lanzó, me hizo coger perspectiva sobre su crecimiento exponencial. Nicki Nicole ya no es una promesa, se ha convertido en una diva urbana capaz de montar shows como el de anoche.








Autores de este artículo

Paula González

Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.