Jorge Malla Valle, grita a los cuatro vientos “soy el mismo”, cuando entona Escúchame, y no miente. Su andadura como músico empezó en 1987 liderando a Los Ronaldos, uno de los mejores grupos de pop-rock que ha dado este país. Después de su disolución, once años más tarde, decidió convertirse en lobo solitario adoptando el nombre de Coque Malla. Por mucho que pese a los ultras de siempre, la transformación no le ha ido nada mal, llegando a la madurez convertido en un artista de tomo y lomo. No vamos a negar que en ese diminuto rechazo influyen sus pinitos como actor y la entrada en el mainstream hispano, circunstancia que no empaña un talento indiscutible. La mutación estilística no debería ni rasgar camisas ni sorprender a nadie, la metamorfosis se produce por el conocimiento alcanzado con el paso del tiempo. A los rockeros de pro les puede molestar que el madrileño haya sido abducido por The Divine Comedy o Daft Punk, sin embargo dichas influencias le han servido para asentar un estilo propio que no reniega de ningún género, a eso se le llama amplitud de miras.
Después del espléndido El último hombre en la Tierra (Warner Music, 2016) se ha embarcado en un nuevo proyecto, quizá algo inferior, pero que continúa en la línea del producto bien facturado, repleto de buenas composiciones beneficiadas por suntuosos arreglos. Su plasmación en directo se desvía de ellos sonando más seco, aunque igual de jugoso, síntoma de que en el fondo el influjo del rock and roll pervive; lo ha titulado ¿Revolución? (Warner Music, 2019).
Suena enlatada A las barricadas y aparecen el protagonista, enfundado en una llamativa camisa roja con lentejuelas, y la poderosa banda acompañante: David Lans en el teclado, Toni Brunet a la guitarra, Héctor Rojo al bajo y Gabriel Marijuán en las percusiones; toda una garantía, combo de lujo.
Unos redobles de tambor junto a las sutiles notas surgidas del piano dan paso a la canción que da nombre a su último trabajo, pieza de tono pausado contrapuesta con la irresistible Solo queda música y la citada Escúchame, pop hermanado con rhythm & blues de muchos quilates. El cuarto dardo será Un lazo, un agujero, deudora de los ritmos de Nile Rodgers, canción lanzada al éxito inmediato. Por el camino irán apareciendo la más discreta América, la inmejorable Berlín o El último hombre en la Tierra. En ésta (con aires al tándem Rota/Fellini) demostró su gran mejoría como cantante y compositor, magnífica melodía engalanada con primorosas notas pianísticas. El perfeccionamiento del fraseo quedó confirmado en El mundo arde, Me dejó marchar (coreada intensamente) y El ángel caído, en ella, sentado en una banqueta, le iluminó Sam Cooke con delicadas notas de soul. Si creen que exagero pueden cambiar de canal.
Antes de atacar el repertorio Ronaldos, recordó con adoración a Jaime Urrutia (Gabinete Caligari) con La sangre de tu tristreza y se pareció excesivamente a Joaquín Sabina en Hace Tiempo. Homenajes sinceros obviables; no los necesita, en todo caso es preferible intentar enfatizar con Dylan, tal como lo hizo en Hasta el final, uno de los bises.
Quiero que estemos pegados, Guárdalo y Por las noches sonaron igual que antaño, frescas, positivas, vibrantes, enloquecedoras, el ‘punch’ de la banda tuvo gran parte de culpa del desenfreno.
Se vistió de negro para apuntalar el festejo interpretando la perla pop El árbol y terminó excitando al personal descaradamente con No puedo vivir sin ti. El Revolution de The Beatles sirvió para musicalizar las glorias de cortesía.
Si quieren reprochar, reprochen. Si quieren quedarse con la virginidad, háganlo, pero por favor agucen mínimamente los oídos, el actual Coque Malla tiene mucho que ofrecerles. Agotar billetes no es sinónimo de categoría, cierto, sin embargo en este caso los motivos del reventón en el Razzmatazz, estaban más que justificados. Función para enmarcar. Los prejuicios en el vestuario.
Voy a recorrer esta ciudad. Voy a llegar hasta el mar. El mar me cura la herida. Y voy a saltar. Voy a nadar hasta otro lugar para toda la vida
Berlín, Coque Malla




Autores de este artículo

Barracuda

Marina Tomàs
Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.