El Cruïlla Festival cumplia 15 años y QN debía estar ahí para celebrarlo con toda la fenomenal crew del evento. Este pequeño resumen intenta recoger los momentos más importantes de la cita o, sencillamente, los que un servidor tuvo ocasión de contemplar. Así pues, en el listado, son todos los que están pero faltan muchos a los que no pudimos llegar, nuestras extremidades inferiores no resistieron tanto trote. Esperemos que nuestro criterio les complazca.
Mièrcoles 9 de julio
La primera jornada sirvió de rodaje, el de toda la organización y, por supuesto, el nuestro personal: los cabos sueltos tenían que comenzar a atarse.
En líneas generales fue una tarde-noche floja en la que predominaron los sonidos juveniles, aquellos que ganan votos a través de las redes.
La noruega Marie Ulven Ringheim aka Girl in Red fue la primera en subir al escenario Estrella Damm y desplegar su cancionero de tono feminista que encandila a sus seguidoras, aunque muestra algo de cansancio a la media hora de actuación; la inspiración no dura demasiado. Algo similar, pero con más empaque, le sucede a la californiana Gracie Abrams, quien tocó dos horas después en el mismo espacio. Las fans porteadoras de fotos y pancartas llegaron, bastante antes del comienzo, para saborear las supuestas virtudes de una artista que ha subido como la espuma en apenas dos años. Su mensaje, plenamente generacional, esconde limitaciones musicales.
La grata sorpresa nos la ofreció Lia Kali (Julia Isern), cantante barcelonesa, encasillada en la música urbana, pero que su enorme potencial vocal le permite ir más allá y jugar con el rap de raíz, la salsa y la cumbia. Si consigue asentar su estilo, tenemos estrella para rato.
El calentamiento del miércoles nos ayudó a coger fuerzas para el día siguiente que presentaba un cartel más exuberante.
Jueves 10 de julio
Por desgracia, el brasileño Seu Jorge y nuestros amigos de Dr. Calypso se solaparon y, al elegir, nos decantamos por el maestro del samba-soul. Nos acercamos unos minutos al escenario Vueling para contemplar como la hinchada del grupo de ska-reggae barcelonés vibraba con las buenas prestaciones que siempre les han distinguido. Abarrotaron la explanada para volverles a rendir pleitesía. Se lo merecen por empeño y categoría. Siempre con ellos.
El Occident explotó con Seu Jorge, un artista que no falla nunca. Su repertorio es de aúpa (incluyó Burguesinha) y además se escudó con una mega banda de diez músicos estratosféricos. Probablemente asistimos a uno de los momentos con más feeling del festival que, por si fuera poco, contó con una sonoridad de órdago. Un disfrute. Brasil, ese pozo inagotable de ritmo y cordura.
“Me gusta más que el concierto del St. Jordi” afirmaba un seguidor mientras disfrutaba del concierto del gran Fermín Muguruza. No pude estar allí, sin embargo, no dudo de esta afirmación, ya que el de Irún, se marcó un show tremendo, a la altura de lo que nos tiene acostumbrados. Su carisma, la verdad que transmite y ese ska-punk libertario, con el que le enterrarán, lucieron apabullantes. El fervor pro palestino y el incombustible Sarri Sarri pusieron el broche final. Indispensable.
Tuvimos que saltarnos a Goran Bregović o los emergentes Remei de Ca la Fresca para poder presenciar, íntegramente, los espectáculos de St. Vincent y Sex Pistols feat. Frank Carter, todavía no poseemos el don de la ubicuidad, gracia que para este tipo de manifestaciones es imprescindible.
La furiosa artista de Oklahoma (en realidad se llama Anne Erin “Annie” Clark) quizá iba un poco pasada de revoluciones, de todos modos, ofreció un show aguerrido, de pop crudo sin artimañas, donde escuchamos ecos de Bowie, Prince, Talking Heads o PJ Harvey. Singularidad y capacidad, poco más se le puede pedir.
Lo de Sex Pistols feat. Frank Carter olía a chamusquina, pero la verdad es que nos lo pasamos en grande. Cierto es que Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock ya no poseen el espíritu punk que les encumbró ni Frank Carter (un cantante de estilo hard) parece el frontman adecuado. No obstante, las canciones siguen siendo una bomba de relojería para desgañitarse sin parar. Menos fieros, de acuerdo, pero tocan mejor que cuando lo rompían todo. Eso sí, el My Way no deberían haberlo interpretado, eso sólo se lo permitimos a Sid Vicious. Pasemos página.
Viernes 11 de julio
Con las piernas un poco doloridas nos acercamos al Fórum con ganas de engullir más música, en un día en el que aumentó, sustancialmente, la audiencia y los platos sonoros tenían, a priori, muy buena pinta.
Iniciamos pronto la andadura con Afrika Express, una reunión internacional de artistas de todos los continentes en la que participan gente tan importante como Baba Sissoko, Bootie Brown o Damon Albarn. Este espectáculo (uno de los dos únicos en Europa) titulado «Africa Express presenta… Bahidorá», es una especie de compendio de todas las músicas del mundo que no acabó de cuajar del todo, precisamente por eso de la diversidad, una compañera que, en ocasiones, juega malas pasadas. En cualquier caso la experiencia valió la pena.
Derrapando ruedas nos dirigimos al Vueling para reencontrarnos con Ben Harper & The Innocent Criminals. El californiano, que ha renovado a sus criminales, empezó algo flojo, con la voz fría y poco entonada; el sonido, algo apelotonado, no le ayudó. Pasados unos minutos, Harper calentó las cuerdas vocales, el técnico puso los botones en su sitio y a volar (el patrocinador lo pedía a gritos). Folk, blues, soul y algo de reggae (recuerdos a Marley y Steel Pulse) se conjugaron en otra noche de gloria de un señor, que podrá gustar más o menos, pero si hablamos de categoría o profesionalidad, pocos le ganan.
Volvimos más tarde al Vueling, aunque antes nos detuvimos en Estrella Damm para observar la marabunta reunida delante de Love Of Lesbian. Triunfo sin paliativos, los comentarios sobran.
Nuevamente en el Vueling (no nos pagan por hacer propaganda) tuvimos la ocasión de escuchar a Leon Bridges, un cantante de soul que no acaba de despegar. Cuando inició su camino con Coming Home (2015) todo fueron halagos, pasadas dos décadas el fenómeno se ha diluido. Bridges ya no embriaga, más bien cansa. El soul se ha convertido en pop sin sustancia, aquel que aburre hasta las ovejas. La banda suena bien y el susurra con inadecuado gorro vaquero: no es suficiente. Tomamos el portante camino Vallformosa, allí íbamos a ver el mejor concierto del festival.
Algunos dirán que contar maravillas de la función de The Messthetics & James Brandon Lewis es puro esnobismo, ya que fue, de largo, la actuación donde menos público asistió; se equivocan. Lo del saxofonista de Búfalo y el trio de Washington fue de traca. Punk aliado con jazz de una calidad instrumental tremenda. Atrevidos, lanzando dagas sonoras cual puñales o rompiendo tímpanos con rigor. Intratables. Colosal.
Regresando a la normalidad, nos cruzamos con Texas (sin novedad en Occident), finalizando el recorrido con L’Impératrice, asociación francesa muy cercana al funk de Daft Punk (menos al de Nile Rodgers). Como siempre se quedaron cosas en la carretera: Maria Jaume, Crystal Fighters , Vive La Fête, etc… Quedaba un día y había que recargar pilas, aunque apuntaba lluvia.
Sábado 12 de julio
Las alertas por fuertes precipitaciones en Catalunya desvirtuaron la cuarta jornada. La organización cambió horarios y anuló algún concierto como el de Los Hermanos Gutiérrez , una de nuestras prioridades.
Arreglado el desaguisado (al final cayeron cuatro gotas mal contadas), atacamos el final, en el que también vimos cosas interesantes.
Pudimos escuchar el rock electrónico y verborreante de León Benavente, asistimos al monumental éxito de Viva Suecia y estuvimos un ratito, en el Estrella Damm, escuchando a una Alanis Morissette un tanto gritona y desfasada. Luchamos para traspasar el muro humano, dirigiéndonos al Vallformossa, donde disfrutamos muchísimo con el infalible Quimi Portet y los madrileños Biznaga.
Del primero poco queda por decir, a no ser que volvamos a insistir en su capacidad comunicativa, las preciosas e irónicas canciones que compone o lo buena que es su banda. De diez.
En cuanto al grupo madrileño liderado por Álvaro García y Jorge Navarro, únicamente podemos lanzarles alabanzas. Los Clash españoles (como diría un buen colega) son arrebatadores, luchan por las injusticias de la vivienda (problemática del barrio Vallcarca en Barcelona) y encima tocan de coña, arropados por ese punk-rock de carácter añejo que les ilumina. Otro sobresaliente.
Las fuerzas fallan, el espíritu aguanta. Antes de despedirnos, gozamos con el funk sin fisuras de Kraak & Smaak (Live) (Países Bajos), la locura sana de Alcalá Norte (grupo creado en el barrio Ciudad Lineal de Madrid) y los Kaiser Chiefs de Leeds (Reino Unido) un colofón de pop británico (old school) de mucha categoría. Casi amanecía.
Acabada la narración, sólo nos queda agradecer a la gente del Cruïlla Festival el fenomenal trato recibido. Sin ellos no hubiera sido posible aguantar estas inolvidables cuatro fechas. Gracias también a los fotógrafos y redactores de los diferentes medios, juntos creamos una familia. Sin duda, lo mejor de este tipo de festivales.
Autores de este artículo
Barracuda
Òscar García
Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.










































































