El segundo día del Cruïlla 2017 amanecía con los ojos de muchos observando atentamente al cielo, planteándose si sería verdad la terrible previsión meteorológica y si habría que sumar al kit de festival un chubasquero de plástico con el que resguardarse de la lluvia. Afortunadamente, el único líquido que se derramó en el festival fueron litros de cerveza. Comenzaba la jornada con -M-, el pseudónimo del artista francés Matthieu Chedid, en el Cruïlla Enamora. Presentaba su nuevo álbum Lamomali (Wagram, 2017) acompañado de los malienses Toumani Diabaté y Sidiki Diabaté interpretando la kora, así como la perfecta voz de Fatoumata Diawara. Precioso. Al piano, el londinense Benjamin Clementine también emocionaba a un público entregado. Estábamos en el escenario Time Out y, aunque eran mayoría los de la pista, instó a que el resto bajase de las gradas antes de que comenzara su show. Pero para espectáculo el que dio la mano derecha de Bruce Springsteen, Steven Van Zandt, líder de Little Steven & The Disciples of Soul, que salió al escenario Estrella Damm vestido con sus clásicas galas de pirata de la música. Lo acompañaban tres increíbles coristas de arcoíris con voces poderosísimas que lograron eclipsar en algún momento al propio Steven. Aun así la simpatía del de Boston, que confesó al público en un castellano con un acento forzado que “es genial volver a mi ciudad favorita”, sedujo a los asistentes a ritmo de sus clásicos como Love in the wrong side of town o Blues is my business.
Montefusco protagonizó el concierto más íntimo del festival. Comenzó con una invocación de lo más melancólica y una confesión en la que se disculpaba con el público por no haber tenido tiempo para hacer prueba de sonido por su recién estrenada paternidad. Quitando alguna que otra distorsión de sonido en los temas iniciales, el chico de la meridiana catalana defendió su último disco (Meridiana, 2016) cumpliendo más que de sobra con las expectativas de los asistentes. Las míticas de Standstill (Adelante Bonaparte y ¿Por qué me llamas a estas horas?) sonaron poco antes de que el concierto finalizase con el gran clásico de la banda: bajarse del escenario y mezclarse entre el público sin micrófonos para cantar siendo todos una sola voz. Y corriendo hacia otro escenario porque Ryan Adams regresaba a Barcelona después de diez años – aprovechando su visita al MadCool Festival para hacer un dos por uno en la península – con un rollo más rockero de lo habitual. El cumplimiento de la petición del artista de Carolina del Norte de evitar las fotografías con flash hizo que se sintiera generoso y regalara grandes clásicos como When the stars go blue, New York New York, Come pick me up o Gimme something good. A la vez, comenzaban los Otros principios fundamentales (Subterfuge, 2017) de Viva Suecia en el escenario Movistar +, que previamente ya había acogido a los mexicanos Deco Pilot y a Tremenda Trementina y su Sangre pop.
Los Pet Shop Boys aparecieron ya caída la noche con aspecto retrofuturista y una puesta en escena a la altura de los más de 30 años de trayectoria del grupo británico. Su electrónica elegante y la voz clara e inmutable de Neil Francis Tennant dominaron el concierto desde comienzo al término de este. The pop kids, Domino dancing y Go west sonaron mientras láseres de luz verde, se cruzaban en la oscuridad de la noche y el dúo londinense brillaba sobre el escenario. Un concierto inolvidable con bises incluidos, que dejó al público en el mood perfecto para caer en la magia que esperaba en el palco TimeOut. Ahí los esperaba el electro swing del Dj austriaco, Marcus Füreder, más conocido como Parov Stelar acompañado por su banda y de la increíble cantante Cleo Panther. Marcus consiguió que aquellos que se pensaban a punto de escuchar una sesión Dj se vieran en medio de una vorágine sonora con instrumentos de viento incluidos. El ritmo y la energía que desprendía la banda hizo bailar no solo a los que se encontraban frente al escenario sino a gran parte de las gradas. No es sorpresa que, según los comentarios en las redes, para muchos fuera el mejor concierto de todo el festival. Seguro que más de uno de estos incrédulos reconvertidos ha escuchado a lo largo de esta semana el último disco del Dj, The burning spider (Blanco y Negro Music S.A. / Etage Noir, 2017) o se ha sorprendido canturreando la mitiquísima Booty swing.
Con la energía todavía flotando en el aire, The Prodigy arrancó a matar con grandes temas como Breathe o Firestarter ubicando así a los pocos que se podían sentir perdidos ante su nombre en el cartel. El grupo de rave electrónica británica paseó un sin fin de hits por el escenario entre los que no faltaron Voodoo people o Take me to the hospital. Un set no demasiado rompedor, pero que ha confirmado algo que ya sabíamos: los buenos temas no pasan de moda. El concierto de cierre del segundo día fue dado por la mano del Dj sueco AronChupa en el Cruïlla Enamora. A pesar del repertorio facilón y compuesto por temas extremadamente conocidos y un tanto trillados, las ganas de acabar el festival por todo lo alto hicieron que la fiesta que se había desatado con los Pet Shop Boys no decayera ni un instante. Desde el palco se lanzaron pelotas gigantes con leds en su interior que botaban de mano en mano mientras el Barbra Streisand de Duck Sauce sonaba a todo trapo. Los asistentes empezaban a hacerse a la idea de que tocaba despedirse un año más del festival.
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