El festival Sónar decidió inaugurar su vigésimo quinta edición con una propuesta de riesgo que, sin embargo, no asustó a la fauna variopinta que medio llenaba la sala grande del Auditori: indies, gafapastas, hipsters y gentes que muy probablemente no acostumbran a pisar el Sónar de Dia, ni muchos menos el De Nit. Se trataba de la interpretación de una obra cumbre del minimalismo, In C, de Terry Riley, a cargo de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), dirigida por Brad Ludman. La pieza también formaba parte del programa de las Sampler Series del Auditori barcelonés.
¿Se puede tocar una composición entera de una hora de duración con una única nota? Por lo visto, sí. Pero que la obra en cuestión, In C, tenga como leivmotiv la ejecución continua de una sola nota, el do, no significa que la sufrida formación que decida interpretarla deba de emitir una suerte de pitido interminable. Más bien lo contrario: el mérito de In C —compuesta en 1964— es el de lograr un efecto mántrico, casi lisérgico, a partir del empleo mínimo posible de una altura musical, es decir, con una sola nota. En realidad, Riley previó que, en base al, digamos, efecto sonsonete, la orquesta tocara un conjunto de 53 frases de forma aleatoria a lo largo de la sesión. La composición avanza entonces a partir de la pericia de la dirección y los intérpretes para concatenar efectos rítmicos —casi polirrítmicos—, dinámicos, tímbricos, etcétera. Es el secreto de la plasticidad, de la repetición adecuada, de la secuencia óptima, tal vez como ocurre en muchas piezas de música electrónica —de discoteca, incluso— sin darnos cuenta.
Explican que el hoy octogenario Terry Riley compuso In C gracias los experimentos que llevó a cabo a comienzos de los 60 con la creación de capas empleando música pregrabada en magnetófonos. También cuentan que cada vez que se interpreta In C suena diferente, que es imposible repetirla tal cual dos o más veces. Brad Ludman, el director invitado para la ocasión, concibió la ejecución de la pieza de Riley con una puesta en escena en la que él mismo se ubicaba en un lateral del escenario, sin podio y ejerciendo a la vez de marimbista. En un primer corro se situaba la sección de vientos; detrás, la de percusiones, y así sucesivamente hasta llegar a la de cuerdas, que, junto con los percusionistas, llevaba casi todo el peso de la interpretación.
Ondulante, sobria y mágica, la pieza de Riley, con la OBC y Ludman a la cabeza, caminaba como un conjunto de secuencias que se sucedían en forma de rueda y cobraban sentido con la evocación de estructuras, con amagos de temas perceptibles por efecto de la variación climática; por la introducción de determinados patrones rítmicos; por la creación de capas sonoras; por la brusquedad e, incluso, por cambios súbitos de volumen —se llegó al efecto subidón en los estertores de la composición—. También fue relevante el papel de los instrumentos solitas, en especial los de la sección de vientos.
Todo transcurrió bajo una cadencia que podría haber resultado martilleante y no lo fue: es la magia de saber experimentar con una sola nota y unas pocas indicaciones, como hicieron con brillantez la OBC y su director invitado.





Autores de este artículo
Martí Farré

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.
1 comentario en «In C: Todo lo que se puede hacer con una sola nota»
No, esta pieza no está escrita con una sola altura, de hecho ni siquiera con el campo armónico de una sola tonalidad, ya que este tipo de minimalismo es diatónico… Y la estructura de la pieza comprende una modulación