Hace diez años que IZAL comenzaron en Madrid y ayer lograron lo que antaño, entre modestas salas de concierto, nunca habrían podido imaginar. Y es que Mikel Izal, Alejandro Jordá, Emanuel Pérez, Alberto Pérez e Iván Mella actuaron por primera vez en un Palau Sant Jordi lleno, con un público totalmente entregado a cada una de las canciones que el grupo interpretó durante algo más de dos intensas horas y media.
Una cuenta atrás y una nave espacial repleta de botones y luces rojas enloquecidas. El concierto arrancó con el tema Autoterapia, bañado en ese rojo, y continuó con Ruido Blanco (Autoterapia, 2018), calentando los motores de una audiencia dispuesta a darlo todo que se soltó definitivamente cuando sonó la tercera canción, Copacabana (Copacabana, 2015). ‘Es un parpadeo, un rápido destello… Un rayo de sol. Que deja ciego. Cambia en un instante la forma en que los cuerpos toman aire y para el tiempo’ coreaban los miles de asistentes al concierto, tornando mágico el momento, dejándolo sin gravedad.
A lo largo del viaje galáctico sonaron algunos de los temas más emblemáticos de toda la discografía del grupo. De su último trabajo, como Canción para nadie, El pozo o Bill Murray, pero también de Copacabana, como Pequeña gran revolución y Oro y humo, y de sus dos primeros álbumes, como Despedida (Agujeros de Gusano, 2013) o Magia y efectos especiales (Magia & Efectos Especiales, 2012).
“Aquesta nit serà increïble. Es flipante. (…) Hace unos años era impensable para nosotros imaginar esto”, aseguró Mikel en más de una ocasión entre aplausos emocionados. Fue una experiencia recíproca, en la que el grupo dio, y mucho, ofreciendo al público no solo la performance en directo, sino toda una historia en la que sus actuaciones se combinaron con un montaje audiovisual que contó con la participación de numerosos artistas y personalidades muy conocidas –y que prefiero no destripar–. El grupo, además, hizo partícipe de esa historia a los propios asistentes.
Pero IZAL también recibió, y mucho. Porque el feedback fue brutal. El público enloqueció con temas como El baile, que fue uno de los últimos, tras más de dos horas de concierto. Y allí seguían, sin parar de bailar. Brazos en alto, cantando desenfrenados, parecía que todos tuvieran la respuesta para el protagonista de La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo. La respuesta para volar alto al hiperespacio. Miles de voces se fundieron con la profunda y hermosa voz del vocalista en Arte moderno, en La mujer de verde o en el temazo Pausa, que cerró el concierto creando una atmósfera emotiva y elegante.
Llega el final del viaje, al menos para este 2020. Después de las actuaciones restantes –Zaragoza, Bilbao, Murcia, Valencia y Madrid– el grupo parará los conciertos hasta el año que viene. Pueden estar contentos. Al menos en el Palau quedó clara una cosa: este viaje ha culminado en lo más alto.










Autores de este artículo

Anna Martín

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.