“Mire, doña Soledad, póngase un poco a pensar”. Los versos pronunciados por el cantautor y poeta uruguayo Alfredo Zitarrosa marcaron el inicio del concierto.
La noche del 27 de enero no estuvimos en el Gran Teatre del Liceu sino en Cabo Polonio, sin electricidad, sin internet, sin cobertura…, sumidos en la más absoluta oscuridad, sólo pudiendo ver nuestro alrededor cada 12 segundos gracias a la luz que emanaba de un faro. Cuando la sala se iluminó aquel faro quedó atrás. De repente, estábamos en la plaza de la catedral de Barcelona, contemplando el cielo azul desde el interior de la caja de una guitarra, la guitarra de Jorge Drexler.
Así empezó el cantante uruguayo su carrera en España, tocando su guitarra por las calles de Barcelona. Veintitrés diciembres más tarde, Drexler alza su instrumento en un escenario barcelonés totalmente diferente, presentando su nuevo disco Salvavidas de hielo (Warner, 2017) en el festival Guitar BCN 2018. Un concierto que colgó el cartel de sold out, un festival en el que ha ganado la segunda Púa de Oro.
Salvavidas
Para Jorge Drexler, la palabra salvavidas tiene dos sentidos: el metafórico y el real, la profesión de salvar vidas.
Durante el concierto, el cantante explicó ambos significados. “Duró tu amor lo que un salvavidas de hielo”, cantaba en el tema que pone nombre a su último disco, una oda a lo efímero. Y en Polvo de estrellas hablaba del valor de la vida: “Una vida lo que un sol vale”. Este segundo tema lo dedicó a todos aquellos que se dedican a salvar vidas, en concreto, a Proactiva Open Arms, una ONG cuya misión es rescatar del mar a los refugiados que llegan a Europa: “sólo el sábado consiguieron salvar a 350 personas”, señalaba Drexler.
Con Polvo de estrellas pudimos ver imágenes de las olas del mar reflejadas en una pantalla circular que acompañó al cantante durante su actuación. Llegados al tema Asilo, Drexler nos descubrió que se trataba de una boca de guitarra, con sus seis cuerdas, más gruesa la de arriba. Pero con cada tema se metamorfoseaba: en un sol, en una noche estrellada, en el cielo azul de Barcelona… El espectáculo de luces consiguió que el Liceo se convirtiese también en una cueva repleta de estalactitas y en un faro.
Homenajes
El videoclip Movimiento nos trasladaba a Sierra Tarahumara (Chihuahua, México) junto con Lorena Ramírez, corredora Rarámuri, ganadora de la Ultramaratón de Los Cañones de Guachochi (100 km) en julio de 2017. El primer tema del nuevo álbum de Drexler, y el más aclamado, fue también el primero de su concierto. Todo un tributo a los seres humanos: “Somos una especie en viaje, no tenemos pertenencias sino equipaje”. Primera ofrenda.
La segunda fue a parar a los músicos que acompañaron al cantante en el concierto. Antes de tocar Universos paralelos Drexler se sentó a escuchar cada una de sus notas, como un espectador más. El tercer homenaje fue una inesperada y muy grata sorpresa que vino en carne y hueso: la gran Sílvia Pérez Cruz. La cantante y Drexler nos deleitaron con un par de canciones a dúo: Soledad, del repertorio del uruguayo, y Cucurrucucú paloma, del de ella. Costaba contener las lágrimas.
El cuarto obsequio llegó en forma de adivinanza con Pongamos que hablo de Martínez, en agradecimiento a la persona que lo trajo a España. Resulta que aquel con el que paseaba por el Madrid de los excesos no era otro que Joaquín Sabina. Para el quinto, Javier Calequi, miembro del dúo La Loba, puso la voz. El guitarrista cantó y tocó un trozo de Free Fallin del difunto Tom Petty. Y, por último, cómo no, homenajeó a Alfredo Zitarrosa con Alto el fuego.
Sin embargo, no todos los homenajes que incluyó Drexler en el concierto fueron a personas. Dedicó Despedir a los glaciares a los glaciares venezolanos. Una canción triste que no es de protesta al uso, pero en la que el cantante hace una defensa del medio ambiente.
Un desenlace sin fin
En dos horas de concierto Jorge Drexler cantó casi todas las canciones de su nuevo disco. Aun así, el repertorio elegido incluía también un buen surtido de regalos como Universos paralelos y Bolivia, de Bailar en la cueva (2014), o La trama y el desenlace, de Amar la trama (2010).
Cuando parecía que el recital iba a terminar entre silencios con, precisamente, Silencio, el público, hambriento, pidió más. Drexler le dio lo que quería: Telefonía, Bailar en la cueva y La luna de Rasquí. Insaciable, aún se llevó Quimera a los sentidos. “Te salgo a buscar quimera, mariposa de papel”, coreaba el auditorio. Tras casi media hora de bises, los artistas, exhaustos, se echaron al suelo entre ovaciones.
“Hay que trabajar, pero hay que pensar, doña Soledad”. Los versos de Zitarrosa marcaron el final de un concierto mágico.







Autores de este artículo

Celia Sales Valdés

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.