Cuando hablamos de concursos televisivos, relacionados con la música, muchos de nosotros tememos lo peor. De todos modos, existen espinosas diferencias entre productos realizados en España y allende los mares. Mientras, en nuestra querida patria, juzgan, a los participantes, mentes preclaras como Antonio Orozco o Melendi (que nadie se enfade), en el Reino Unido lo han hecho Tom Jones y en los Estados Unidos, gente como CeeLo Green, Usher, John Legend, Snoop Dogg o el meloso crooner Michael Bublé. Creemos que, obviando gustos, el nivel es distinto. La californiana Judith Glory Hill aka Judith Hill no pudo ganar el The Voice norteamericano, pero ha sembrado una carrera que tiende a ser importante.
Antes de presentarse a este tipo de loterías, Hill había colaborado con Michael Jackson (I Just Can’t Stop Loving You), Spike Lee (en el film Red Hook Summer, 2012) o John Legend. Después del supuesto fiasco, como bicho evaluado, debutó, en 2015, con Back In Time (co-producido por Prince). Nuestra protagonista, a sabiendas de sus posibilidades, no cayó en el pesimismo, instaurándose en la pléyade de posibles sucesoras de las grandes divas, léase, a mi parecer, Tina Turner como ejemplo a seguir.
Judith Hill aterrizó, por primera vez, en Barcelona de la mano de Piñata y del Festival de Jazz de Barcelona y, a pesar de no llenar (media entrada) la La (2) Apolo, nos dejó muy buenas sensaciones.
La angelina acudió, a la cita catalana, acompañada de sus padres Robert “Pee Wee” Hill (bajo), Michiko Hill (teclados) y el ghanés Shabby Oppong (batería). La dupla “Pee Wee” y Oppong fue la clave de la velada. Ellos se bastaron para construir el fundamento rítmico de una función exitosa y que invitó a seguir, mucho más de cerca, los devenires de la floreciente artista. En cambio, Michiko se obstinó (nunca sabremos las directrices) en ofrecernos un ambiente psicodélico que, en varios tramos, desentonó una propuesta vinculada, básicamente, en soul y funk con algún retazo rockero.
Hill comenzó, al piano, recitando, con modulada voz, los versos de Give Your Love To Someone Else, suave inicio que acabó, de modo fulgurante, con rabiosos apuntes de guitarra; una especie de Purple Rain camuflada en la que también aparecieron gritos a lo Anna Mae Bullock (Tina Turner), espejo al que siempre debe confesarse. “Contrólate”, esa debe ser su respuesta.
Seguidamente, empalmó la reciente Let Me Be Your Mother con Wanderer, un par de piezas de género indefinido en las que escuchamos tintes orientales, blues visionario o country y en la que destacó el sibilino trabajo de Oppong con las baquetas.
La marca de la casa es cambiar de estilo (incluso en un mismo tema). En ese grupo, aparecieron la rockera Runaway Train (Hill influenciada por la guitarra de Hendrix), Flame (Turner again con Nutbush City Limits), el medio tiempo You Got It Kid o el semi blues Burn It All.
Aunque sirvieron para demostrar su postura libertadora o de fighter, Black Widow y Dame De La Lumière nos parecieron lo más aburrido de la noche. Necesarias difusiones, pero contrapuestas al ritmo impuesto durante toda la actuación. Quizá fue un “break” necesario, pero si lo comparamos con los esplendorosos destellos funk (la base rítmica “Pee Wee”/ Oppong se salió), el color viró del brillante al deslustrado.
Quedémonos con Turn Up (esencia del P-Funk), la inmejorable versión del Fire de los Ohio Players, Cry, Cry, Cry (blues de derecho), Queen Of The Hill, Gipsy Lover o My Whole Life Is In The Wrong Key, un quinteto vibrante, válido para salvar cualquier contingencia y no hubo, prácticamente, ninguna a resaltar.
Las expectativas eran buenas, Judith Hill y su primorosa banda, las superaron. El destino está en sus manos. Tres breves retoques y lo tiene hecho. Grata campanada.
Autores de este artículo
Barracuda
Mario Olmos
Vinculado a la fotografía desde el siglo XX. En los últimos años he juntado mi locura por la imagen y mi pasión por la música. Me consideran fotógrafo, pero me defino como alguien que deja momentos congelados con la intención de provocar una reacción.





