Conocida por formar parte de propuestas como Omega 20.16 —una recreación del genial trabajo homónimo de Enrique Morente y Lagartija Nick—, o FreeBach 212, junto a La Fura dels Baus, la cantaora Mariola Membrives presentó en la sala Luz de Gas, en el marco del 50 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, el segundo trabajo en solitario de su carrera: el todavía nonato disco La enamorada.
Dicen, que cuando uno se enamora, cae en un estado pasajero de enajenación mental en el que se mezcla la felicidad lisérgica con la obsesión enfermiza. Luego, también dicen, llega el batacazo, el desengaño, el odio, es decir, otra forma de locura transitoria. Es entre el bálsamo y la tormenta, el placer efímero y el dolor interminable, lo sublime y lo deleznable, donde se halla el maravilloso universo de los afectos y desafectos. El que han retratado y retratan centenares de miles de canciones de todos los tiempos, como supongo que saben de sobras.
Mariola Membrives, cantante y cantaora cordobesa afincada en Barcelona, decidió meterse en el berenjenal de armar un recital de canciones vinculadas al amor como concepto. Difícil labor la de escoger y descartar autores en ese brete, y más si se pretende hacer desde la heterodoxia, desde la experimentación en el ámbito del flamenco y el jazz, pero sin caer en la radicalidad sonora, la modernidad impostada ni, por supuesto, el pastiche.
En realidad, bajo etiquetas como las de ‘nuevo flamenco’ —la que podríamos emplear, por ejemplo, para categorizar a Mariola Membrives—, es posible hilvanar un repertorio de lo más diverso en el que quepan rancheras —El jinete—, estándares de jazz —Beautiful Love, Strange Fruit—, boleros —Bésame mucho—, blues —The Thrill Is Gone— o un estándar sevillano —La flor del romero—. Es lo que ocurrió durante la presentación de La enamorada, un disco que en realidad todavía no ha salido a la venta.
Sobre el concierto de Mariola Membrides
A Mariola Membrives la acompañaban Vicent Pérez, trombonista especializado en la creación de registros aconvencionales a través de pedales de efectos, Jordi Matas, cuerdista con un pie en las tendencias más vanguardistas de la guitarra de jazz y otro en el universo pop, y Tom Warburton, excelente contrabajista asociado al mundo del jazz y al del hip hop, pero no al de las músicas de raigambre, digamos, flamenco. Con semejante cuadrilla podría parecer una temeridad abordar un repertorio de rancheras, sevillanas o boleros. Nada más lejos del prejuicio: la banda que acompañó a Membrives era el perfecto complemento a la muy ecléctica selección de temas. A medio camino entre el sonido industrial, el flamenco, la música latina, el jazz de vanguardia y el más canónico. Membrives y los suyos articularon un repertorio desde la más absoluta libertad creativa.
Con la melodía, el compás y el swing en una mano, y la creación y concatenación de climas en la otra, el cuarteto de Mariola Membrives recreó canciones como la citada Beautiful Love, con un solo antológico del trombonista Pérez. La también referenciada Bésame mucho, a dúo con Warburton, o Nostalgias, también a dúo, en este caso con Matas. Como tú, poema de León Felipe para escenificar perplejidad ante los resultados en las elecciones andaluzas, y Strange Fruit, también con un mensaje político de fondo, y con un tratamiento sonoro más cercano al country friseliano que al estándar de toda la vida.
A ritmo de sevillanas, con el tema de Manuel Pareja Obregón La flor del romero, subió al escenario el bailaor José Maldonado. Otro momento estelar fue la interpretación de uno de los temas tal vez más manoseados de todos los tiempos: Ne me quitte pas. Membrives y su banda ofrecieron una versión desgarradora y conmovedora de la canción de Jacques Brel, tanto como el único tema de autoría propia que sonó durante toda la noche. Se titulaba, como no, La enamorada.





Autores de este artículo
Martí Farré

Dani Alvarez
Bolerista y fotógrafo. Como fotógrafo, especializado en fotografía de espectáculos. Dentro de la fotografía de espectáculos, especializado en jazz. Dentro del jazz, especializado en músicos que piensan. Trabajo poco, la verdad.
3 comentarios en «Mariola Membrives: Del amor al odio va una canción»
Solo un comentario, Mariola es natural de Andújar (Jaén)
Gracias por el apunte, Paco.
Buenas:
¿Qué tal? ¿Cómo va todo? Como bien dice Paula, gracias por el apunte. Yo estaba convencido de que era cordobesa.
Muchas gracias.
Un abrazo,
Martí.