Los Skunk Anansie, banda británica liderada por la carismática y versátil Deborah Anne Dyer ‘Skin’ (la de Brixton compone, canta o ejerce de DJ y modelo ocasional), no necesita prácticamente presentación. Su carrera iniciada en 1994, truncada en 2001 y que retomaron ocho años más tarde, posee el suficiente fuste y reconocimiento como para obviar fútiles análisis; seis poderosos Lp’s y varios sencillos, entre ellos el reciente Can’t take you anywhere (2022) son suficiente aval.
Donde sí debemos centrarnos es en el motivo que les empuja a volver a la carretera. Pese al parón mencionado, han querido festejar las bodas de plata como asociación, montando una gira (partida en dos por la pandemia) en la que rememoran buena parte de los hits cosechados en ese largo período de tiempo. Skin comentó en una entrevista que se sentía preparada. Durante la obligada pausa, había seguido con su rutina habitual: levantarse pronto, hacer ejercicio y comer saludablemente, es decir, todo lo que deberían hacer los buenos profesionales. Con esta premisa, sabíamos, con certeza, que el disfrute estaba garantizado.
La estrella
‘Skin’ no podría desarrollar todo su enorme potencial sin sus amigos de siempre: Martin ‘Ace’ Kent (guitarra), Richard ‘Cass’ Lewis (bajo), Mark Richardson (batería) y Erika Footman (teclados y voz), refuerzo para enfatizar, más si cabe, el show. De hecho los pinitos en solitario no han tenido, ni de lejos, la misma repercusión. Sin embargo, si le damos la vuelta al calcetín, el triunfo se antoja imposible. Imaginarse a Skunk Anansie sin la presencia de su espectacular front woman no entra dentro de ningún cálculo sensato. Si ya es vital en el estudio de grabación, en directo es el faro iluminador, el espectáculo total.
De verde y cubriendo la distintiva cabeza rapada con las patas de una especie de calamar gigante, atacó, poseída, Yes it’s fucking political, primer dardo envenenado; poderoso grito recogido, cual guante, por los entregados seguidores. Ya sin el cefalópodo por montera, el bramido de protesta continuó bien vivo, lo haría a lo largo de toda la impetuosa velada.
Sirviéndose únicamente de cuatro temas, incluida la bestial I can dream, ya había conseguido lo que muchos tardan la intemerata en lograr: ganarse el respetable de un soplo, intenso, eso sí.
Pareció calmarse con Weak, un espejismo. Los decibelios regresaron con My ugly boy, no volverían a disminuir, el buen ruido nos conduciría hasta el final.
¿Hard rock o pop acelerado?
Inicialmente, la intención era alejarse del brit-pop, encaminando el sonido hacia localizaciones hard y en ellas han permanecido. No obstante, el influjo pop de la isla es tan grande que les dejó huella casi sin quererlo. En ese espacio topamos con Twisted (Every day hurts), ni la guitarra acuchillada de ‘Ace’ impidió trastocar una melodía cantable, armoniosa, ideal para saltar; la furia no debe desaparecer.
En ese punto armónico reside uno de sus principales aciertos. Donde otros grupos de metal agreden con ruido baldío, ‘Skin’ y su avasalladora tropa consiguen que la ensordecedora batidora persuada hasta el mayor detractor del heavy plomizo. El set estuvo construido a modo grandes éxitos del cuarto de siglo vivido, aunque también dispusieron hueco para novedades, como la citada Can’t take you anywhere (otra vez el pop acelerado en danza) o Piggy, cara B del nuevo single.
Skunk Anansie hacen gala de otros registros: en Love someone else lucieron pulso funk, los estribillos saltarines aparecieron en I believed in you y con la incisiva God loves only you, ‘Skin’ cruzó la suavidad con fiereza en acertadas proporciones; la guerrillera no admite pausas en sus diatribas. Guerrea y canta porqué, al contrario de otros vocingleros, entona con elegancia y ese rasgo, dentro de su género musical, es muy difícil de hallar. Quedó patente en la aclamada Because of you o en Secretly, aplacado cierre de función. Recia fineza para los oídos.
Extremadamente beligerante, la máxima protagonista dedicó This means war a todos los refugiados del mundo y obsequió a su “amado” Brexit una bonita joya: “The shit that is Brexit”, no es necesario traducirla. No acabarían aquí las duras arengas. Intellectualise my blackness o Little baby swastikka no son, precisamente, dulces bombones; a quien le moleste ya saben lo que le toca: tragar. En esta última, puso a todos los presentes en cuclillas para súbitamente elevarlos a las alturas, número digno del mejor prestidigitador. Brazen (Weep), The skank heads (get off me) y un corto cover de Highway to hell (AC/DC) culminaron un show mayúsculo.
Miss Deborah & cía. es de lo mejor que le ha pasado al hard en las últimas dos décadas. No es casualidad, señoras y señores: el toque de negritud embellece cualquier estilo, sea cual sea.
Apabullantes.







Autores de este artículo

Barracuda

Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.