Toti Soler: El humilde maestro

Toti Soler presentó en, la sala Tete Montoliu de L’Auditori de Barcelona, su última pieza discográfica titulada Fill de la fortuna. Conmovedor concierto incluido en la programación del Barnasants 2023.

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Si Jordi Soler i Galí, más conocido en el universo musical como Toti Soler, hubiera nacido en un lugar con los tímpanos en buen estado, sería considerado poco menos que un dios. No decimos que aquí no sea respetado, sólo faltaría. Se le han concedido diversas distinciones, entre ellas La Creu de Sant Jordi en 2006 y diversos premios por el mérito de sus trabajos. Nos referimos a la deficiente difusión que, por lo general, ha tenido su enorme obra. ¿Cuánto tiempo hace que no escuchan nada de su música en radio o televisión? Y nos consta que no ha parado de componer. Así andan las cosas por estos andurriales.

Probablemente los que más aprecian su genio sean, lógicamente, sus seguidores de toda la vida y los colegas de profesión. Apunten los veinticinco años acompañando a Ovidi Montllor (motivo para subir a los altares) o una ristra interminable de colaboraciones: Leó Ferré, Taj Mahal, Pascal Comelade, Maria del Mar Bonet, Quico Pi de la Serra o los añorados Pau Riba y Jordi Sabatés entre muchos otros. Su talento como músico y compositor es indiscutible y, además, todos ellos siempre han hablado maravillas de él como persona; la mayor condecoración que alguien pueda llegar a poseer.

Cumplidos los setenta y tres, con casi sesenta años de carrera a sus espaldas y después de haber grabado más de treinta discos, este hechicero de las cuerdas (els dits de la música), sigue en la brecha. Su último retoño, en forma de álbum (el número 37), se titula Fill de la fortuna (Satélite K, 2022) y es la enésima perla de su inmenso collar. Con ella y un repaso al largo trecho recorrido, se presentó en la sala Tete Montoliu de L’Auditori. Escoltando a Toti, tres músicos de lujo: Olvido Lanza (violín), Marc Prat (contrabajo), Arnau Figueres (percusión) y las cantantes Sandra Bonillo y Gemma Humet, presentes en la reciente grabación

Guitarra y voces

 

El de Vilassar de Dalt dividió el recital en dos partes diferenciadas: la primera con piezas de guitarra solista y canciones interpretadas por Bonillo y Humet más una segunda con todo el cuarteto en el escenario.

La voz, grabada, de su nieto Marc en Fill de la fortuna dio entrada al insigne guitarrista quien, con su timidez característica y las manos (y la mente) calentadas, como siempre, saludó al público para arrancar el espectáculo con dos cortes de nuevo cuño: Una gota de llum y Nedant en el vent entre les fulles lluminoses (primoroso título, muestra de su sensibilidad sin límites).

A las primeras de cambio ya gozamos de la precisa digitación y ese sonido cristalino, sutil, que le aleja de los guitarristas convencionales. En este introductorio binomio aparecieron todas las músicas que viven en su corazón: oriental, mediterránea, country, sonidos meditativos únicos. Cruzado el tramo solista apareció la poesía.

Con su voz dulce y frágil (fruto de la bisoñez), Sandra Bonillo entonó Al pati creix un arbre extrany, Tardor (ambas de la reciente entrega) y Em dius que el nostre amor, una de aquellas canciones que te llevarías a la famosa isla desierta del final de tus días.

Previamente a la aparición de Gemma Humet, Toti alcanzó cotas celestiales con L’ase i els galls, donde los rasgueos flamencos se unieron a minuciosos punteos. Monumental.

Junto a su querida Humet (13 años de colaboración) y ya con Prat y Figueras respaldándolos, interpretaron L’espera inútil (fruto de un poema chino) y Fills de…, inspirada recreación (traducida al català) del clásico de Jacques Brel; Humet, con unas condiciones vocales más maduras que Bonillo, salvó la prueba de fuego con notable.

Cuarteto

 

Toti no tan solo toca como los ángeles, también ejerce de inspirado director de orquesta. Sus miradas son seguidas por los músicos con una tensión que provoca la perfecta sincronización del combo. El compacto terceto demostró oficio, pulcritud, dinamismo y una enorme complicidad. Destacaron los duelos Lanza/Soler y Prat/Soler, ejemplos de la connivencia señalada.

Dentro de este tramo, escuchamos la animada y plena de ecos orientales Twins (dedicada a sus nietos gemelos Marc y Pol), la mayúscula Léo Ferré (imponente Lanza), la no menos espléndida y novedosa La muixeranga, el homenaje a su abuelo Alexandre Galí o los aires latinos de Sílvia. Para el bis reservó la clásica Petita festa, con todos los componentes del recital participando del triunfo. Un éxito que el protagonista se tomó pausadamente, como si la cosa no fuera con él, compartiéndolo con sus compañeros. Incluso Olvido Lanza tuvo que empujarlo para poder llevarse los honores en solitario. Sinónimos de humildad y grandeza.

El concierto (dedicado al recientemente fallecido Víctor Jou) destiló perfección interpretativa, exquisitez, dulzura, emotividad y buen gusto. Una gozada.

Toti Soler se queja, amargamente, de que “hemos perdido nuestros orígenes y parece que no tengamos dignidad musical”, refiriéndose al exceso de música masticada y americanizada predominante en la actualidad.

Por desgracia quedan pocos de su estirpe y salvaguardar nuestra gigantesca herencia musical (no hablamos sólo de la catalana) en un futuro, parece una quimera. Esperemos que, aunque sean pocos, los inquietos sigan la vía de sus prodigiosos dedos y pensamientos.

Salut Toti!

Toti Soler | © Òscar García
Toti Soler | © Òscar García
Sandra Bonillo, Toti Soler | © Òscar García
Sandra Bonillo, Toti Soler | © Òscar García
Sandra Bonillo, Toti Soler | © Òscar García

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Òscar García

Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.

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