The Murder Capital, concierto en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
The Murder Capital, concierto en Barcelona. Foto © Víctor Parreño

The Murder Capital: Furia en maceración

Los irlandeses The Murder Capital visitaron por primera vez la ciudad de Barcelona, defendiendo sus dos primeros trabajos y mostrándose como diamantes en bruto a los que la carretera aún debe acabar de pulir.

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Los géneros musicales, como cualquier otra expresión artística sujeta a cambios generacionales y modas, van y vienen. Llegan a la cima, incluso desaparecen y, a veces, sin saber muy bien cómo ni por qué, consiguen resurgir con más fuerza. Emergiendo desde la cara B del amplio espectro del rock, una nueva oleada de jóvenes post-punk proveniente de las islas británicas golpea fuerte en las puertas de pabellones y festivales; estamos hablando de los Idles, Fontaines DC, Black Midi, Shame, Inhaler y compañía. Quizás un peldaño más abajo, pero no por ello con menos fuerza, situaríamos a nuestros visitantes en la noche del martes: The Murder Capital.

Con dos notables discos bajo el brazo, se han ganado el aplauso de la crítica y una buena legión de fans, apoyándose en influencias como Joy Division o Pavement y tratando el miedo, la vulnerabilidad emocional, el suicidio y otros temas de calado entre sus letras. Los avalan también los numerosos sold out cosechados en tierras irlandesas (de donde son originarios), pero lanzarse a recorrer al viejo continente es otra historia: hay que defender el repertorio cualquier día de la semana. En Barcelona fueron recibidos con algo más de la mitad de las setecientas personas que caben en La [2] de Apolo; bastante bien, pero podían haber sido más.

A grandes rasgos, podríamos decir que los dublineses juegan oscilando entre la furia y el magnetismo, dos caras que enseñaron desde los primeros instantes, con cortes de su reciente Gigi’s Recovery (Human Season, 2023): halo azul para The Stars Will Leave Their Stage y vibrante sacudida con Return My Head, una gran bala que gastaron demasiado rápido, con el público aún calentando en la banda. Impregnada de chulería, la sólida voz de James McGovern intentaba hacerse camino llamando sin perder tiempo al wall of death, mientras su compañero Diarmuid Brennan ejecutaba ejercicios de libro a la bateria. Las lúcidas A Thousand Lives y For Everything (esta última de When I Have Fears, 2019) parecían pronosticar una noche de lo más caldeada, pero no terminaría siéndolo de una manera tan contundente.

Se les vieron sólidas tablas y talento de sobra para ejecutar con perfección el buen repertorio que manejan. Incluso en los medios tiempos y cortes lentos (Green & Blue, Crying, The Lie Becomes The Self), de habilidad instrumental no nos íbamos a quejar, está claro que lo bordaron. Lo que sí nos faltó fue cierta conexión con su público, que pasó la mayor parte del show –copada por su repertorio más pausado– escuchando con atención y prestado al conjuro propuesto por los irlandeses, aunque sin ese punto necesario para quedar conquistado. Demasiada espera en una aparición de escasa hora y cuarto. En ese sentido, tampoco ayudo el exagerado aire acondicionado que teníamos en La [2] de Apolo, que ya de por sí no es la sala más acogedora de la ciudad.

El punto culminante de dicha parte central debía ser On Twisted Ground, con el bajista Gabriel Blake y McGovern dispuestos frente a frente mientras arrancaban su tema más crudo, simplemente acompañados de una guitarra más y poniendo la voz bajo el foco. A pesar del denso rojo de la sala y los intentos, nos supo a poco.

Solo quedaba encomendarse a la velocidad y los pogos, de vuelta con Feeling Fades, un tema que lo podrían firmar los Idles. Tras apenas haber interactuado con ellos en todo el tiempo que llevaba, pidió acercarse al público y se lanzo, para después colgarse del techo, imitando las monerías de Charlie Steen, vocalista de Shame, vistas en el mismo lugar hace un año. Acertadamente engancharon con Don’t Clinge to Life, su tema más conocido, tocándolo más rápido que en la grabación de estudio y, ahora sí, consiguiendo el ambiente que todos queríamos. Ethel fue cantada y disfrutada, aunque cuando su última nota marcó el fin de la velada, toda magia pareció esfumarse. Sonó Saoko de Rosalía, homenaje a nuestra ciudad recibido con escaso entusiasmo.

A pesar de nuestra sensación dubitativa a la salida, justo es reconocer que, sin maravillar, fueron capaces de montar un buen jaleo entre los seguidores de las primeras filas y demostraron tenerlo todo para triunfar: el estilo, la técnica, la osadía… Cuestión de tiempo y rodaje, raro sería que no nos acabaran atrapando en su nebulosa tal y como consiguen en sus LPs. Expectantes por seguir sus pasos en las próximas visitas que seguro no tardaran en hacernos.

The Murder Capital, concierto en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
The Murder Capital | © Víctor Parreño
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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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