Dulce Pontes: Dolç caminar

Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona

Dulce Pontes, una de les veus més interessants de l’escena lusitana actual, va actuar divendres passat, dins del marc del Guitar BCN, en un Palau de la Música ple de gom a gom. Hi presentava nou disc, Peregrinaçäo (Ondeia Música, 2017), un doble àlbum -dos discos- cadascun amb el seu repertori: Nudez, cantat en portuguès, que inclou peces pròpies i adaptacions poètiques, i Puertos de abrigo, cantat en castellà (amb una excepcional incursió al anglès a 7th Sky) on ofereix un viatge per diferents i heterogenis terrenys estilístics  com el tango, el flamenc i la chanson. Peces que a la vegada han estat interpretades per multitud de veus, també. Aquesta varietat de registres que Pontes conrea és un reflexa de la seva curiositat musical. Una magnífica manera d’entendre la professió, combinada aquí amb una treballada i comunicativa entrega escènica.

Pontes va sortir a l’escenari amb un espectacular vestit vermell, descalça i amb els cabells deixats anar, girant sobre si mateixa i amb els braços oberts de bat a bat. Va asseure’s davant el piano i gairebé a les fosques es va posar a tocar alternant temes dels dos discos. La peregrinación va obrir el concert. Després Grito. I després La bohemia de Charles d’Aznavour, interpretada de forma molt intuïtiva, sentint la música, respectant-la, creant un camí propi. I encara al piano es va sentir Nevoeiro on posa música a un text de Pessoa que també troba el seu propi camí perquè també té vida pròpia, com tot el que neix, tot el que comença.

A partir d’aquí es va il.luminar l’escenari i amb el micròfon a la mà  Dulce Pontes va iniciar un viatge amb episodis folk vitalista (Bailados do Minho), fado (Alfama), i una versió del clàssic de Joaquín Rodrigo amb llertra d’ella: Meu amor sem Aranjuez, impressionant. Amb Cançao do mar es va produir a la sala una mena de catarsi potser previsible, però no per això menys veritable. Va enlluernar al públic cantant i ballant a Maria de Buenos Aires, d’Astor Piazzola. I finalment va enamorar l’audiència versionant La leyenda del tiempo de Ricardo Pachónamb lletra de Garcia Lorca, que va immortilitzar el gran Camarón.

Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona
Dulce Pontes | © Dani Álvarez
Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona
Dulce Pontes | © Dani Álvarez
Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona
Dulce Pontes | © Dani Álvarez
Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona
Dulce Pontes | © Dani Álvarez
Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona
Dulce Pontes | © Dani Álvarez
Dulce Pontes en el Palau de la Música Catala, Barcelona
Dulce Pontes | © Dani Álvarez

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Dani Alvarez

Bolerista y fotógrafo. Como fotógrafo, especializado en fotografía de espectáculos. Dentro de la fotografía de espectáculos, especializado en jazz. Dentro del jazz, especializado en músicos que piensan. Trabajo poco, la verdad.

Los mejores discos de marzo

Enero es el mes primero. A enero le sigue febrero, mes fulero. ¿Y en marzo? ¿Qué coño pasa en marzo según el refranero popular? Nada, porque los antiguos sabios no sabían que en marzo de 2017 se editarían unos pedazo discos que a pastar las aguas mil y los panes y los vinos y de San Fermín. The Magnetic Fields y sus 50 songs memoir o los Otros principios fundamentales, de Viva Suecia. Les siguen: Ran Ran Ran (L’hereu), Los Punsetes (¡Viva!) y Rock Kills (Treu la bèstia). A mediados de mes se publicaron el primer disco homónimo de The Four Nuts Gang, el Equilibri de Blaumut y el Spirit de Depeche Mode. Tirando al final los últimos cuatro de los que hablaremos: Nudozurdo, Voyeur amateur; Los Planetas, Zona temporalmente autónoma; ZOO, Raval; Niños Mutantes, Diez. Y este mes, además, como si este especial de reseñas de un disco se tratara, tenemos bonus track, que son los EP: Plans, de Chet; Paradise, de Anohni; y En la selva, de León Benavente. Por último, una mención especial al editado el mes anterior Skin, de Anímic.

Las reseñas están escritas por Celia Sales, Paula Pérez, Blanca Olivella, Pepa Fontal, María del Río, Nieves Rodeiro, Carlota Purple y Jessica Cobos.

THE MAGNETIC FIELDS – 50 song memoir (Nonesuch Records Inc., 2017)

Una vida en 50 canciones 

En 2015, el cantautor norteamericano Stephin Merritt soplaba las velas de su 50 cumpleaños. Así se sellaba uno de sus proyectos más ambiciosos: 50 song memoir (Nonesuch Records Inc., 2017). Con 69 love songs (Merge Records, 1999) ya logró sorprendernos abordando todas las formas de amor en 69 canciones y convirtiéndose así en uno de los referentes del pop independiente. Ahora llegamos a marzo de 2017 con un nuevo reto conseguido: el cantante del grupo The Magnetic Fields ha concentrado en un solo disco 50 años de su vida con 50 canciones dedicadas a cada uno de ellos. Un viaje en el tiempo que nos lleva desde su primer año de vida, 1966, hasta el cercano 2015. Como en sus otros álbumes, el grupo mezcla varios estilos musicales y toca múltiples instrumentos, en este llegan a tocar más de cien. La música y las letras logran transportarnos a diferentes etapas de la vida de Merritt, como aquella en la que dejó de ser adolescente: Why I am not a teenager (1985). El grupo presentará este nuevo trabajo en el próximo Primavera Sound de Barcelona.

Por Celia Sales.

VIVA SUECIA – Otros principios fundamentales (Subterfuge Records, 2017)

En la buena dirección

Lo de Viva Suecia es imparable. Desde su primer EP homónimo no han dejado de crecer y evolucionar. En su nuevo disco, Otros principios fundamentales (Subterfuge Records, 2017) demuestran que el pop-rock nacional tiene mucho que ofrecer. Hay guitarras, hay letras pegadizas, como las de El nudo y la esperanza, y hay heterogeneidad: si Hemos ganado tiempo tiene ecos de Standstill, Piedad recuerda más a Los Planetas en Unidad de desplazamiento (BMG, 2000). Actualmente, con una gira que les está generando un sold out tras otro, Viva Suecia estarán girando por festivales de referencia como el Cruïlla de Barcelona, el Mad Cool de Madrid o el Arenal Sound de Castellón. A dónde ir es una de las canciones incluidas en el último álbum. Y para ellos ya no es una pregunta nunca más: su recorrido es de Murcia para el mundo.

Por Paula Pérez.

RAN RAN RAN – L’Hereu (Bankrobber, 2017)

Bitácora 

Ran Ran Ran proponen un viaje en su último editado L’hereu (Bankrobber, 2017), un relato acompañado de canciones cortas, frescas -a veces con un toque low-fi– y de ritmos pegadizos. Su protagonista, l’hereu, se despide de sus hermanos e inicia un viaje para ser él mismo, quizás para encontrarse o, simplemente, para huir de un final que acaba siendo inevitable. L’hereu resume a la perfección, con cada uno de sus cortes, la emoción de poner el pie fuera, la tristeza de los recuerdos de casa en La cova o la melancolía al pensar en su amor. Tres y Homecoming song serán para él, y para nosotros, esas canciones que hagan abrir los ojos al protagonista y le hagan ver que, aunque él se marche, el tiempo no se detiene para nadie. Un disco, en resumen, para sentir y entender, con sencillez y buen hacer.

Por Blanca Olivella.

LOS PUNSETES – ¡Viva! (Mushroom Pillow, 2017)

Eso es lo que pienso de tu grupo

¡Viva! (Mushroom Pillow, 2017) el último disco de los madrileños Los Punsetes. Su quinto largo conserva su característico sonido -¿punsetiano?- gracias a la producción de Pablo Díaz-Reixa y Brian Hernández y una estructura similar a la de LPIV (Canadá, 2014). Ambos con largos temas finales: antes Nit de l’Alba y ahora Estrella distante que durante sus casi ocho minutos funciona como síntesis de todo el disco. Las letras continúan con su toque agridulce, ácido  e irónico en la voz de Ariadna. Entre rugidos de guitarra y melodías pop se cuelan referencias cinematográficas –Alphaville y Mabusey letras directas que agitan conciencias con su incorrección.

Por Pepa Fontal.

ROCK KILLS – Treu la Bèstia (U98 Music, 2017)

Rock a contracorriente

El trío más rockero de Olot, Rock Kills, vuelve con Treu la Bèstia (U98 Music, 2017), tras su álbum debut en 2013, Deixa’m mullar. Nuevos acordes, nuevos temas, un aire nuevo, punk rock para todos los que disfruten del género, y ellos, además, en catalán. Una propuesta de lo más alternativa con una mezcla entre riffs, algo de pop y momentos que recuerdan a la música disco de los 80’s. Durante todo un año han estado grabando este disco, que, con temas como Hormones vs. Neurones o Talla la corda, apuestan por el punk rock y la crítica social: “Mai m’ha agradat seguir al ramat”. Temas que enganchan, que cantas, que saltas, “Una nit qualsevol sembla que no estic sol”, que harán vibrar en cada concierto.

Por María del Río.

THE FOUR NUTS GANG – The Four Nuts Gang (Daruma Records, 2017)

Swing a medida

Regusto a las big bands que marcaron toda una era. The Four Nuts Gang, con su primer disco homónimo, presentan un trabajo con una instrumental impecable. Catalán, inglés, castellano. Eso es lo de menos porque el swing, el rock y toda la música es un lenguaje universal. The Four Nuts Gang (Daruma Records, 2017) devuelve el género a la actualidad, pero manteniendo su mágica esencia, sin caer en las fórmulas de swing revival que últimamente iban más ligadas a la electrónica, alejándose del género.

Por Blanca Olivella.

BLAUMUT- Equilibri (Música Global, 2017)

Poesía para la nostalgia

“L’equilibri és part del moviment. Travessàvem una corda dins la ment.” Y bajo esa definición se construye un álbum que logra sumergirnos en nuestra propia mente. Un viaje A peu y “des de terra ferma”. Trece canciones evocadoras con letras cargadas de símbolos y metáforas construidas a través de poesía. Una para cada momento. Hechas para dar rienda suelta a nuestra propia interpretación. Reflexiones sobre el Demà a cargo de una madre. La descripción de lugares y pensamientos que nos llevan directamente a la nostalgia y congelan nuestra rutina. Olores y recuerdos que se entrecruzan en Quart de media luna. Todo en esa cápsula de estilo clásico y pop-folk que Blaumut mantiene en su tercer álbum, Equilibri (Música Global, 2017) y que mima con algunos efectos electrónicos. Aire renovado para un grupo consolidado que en 2016 recibía el premio Enderrock a mejor artista.

Por Nieves Rodeiro.

 

DEPECHE MODE – Spirit (Venusnote Ltd., 2017)

Una mañana de sol en el cementerio

Los padres del rock electrónico, Depeche Mode, vuelven con Spirit (Venusnote Ltd., 2017), su décimo cuarto disco. Doce temas cargados de sus rasgos icónicos: sintetizadores, atmósfera tétrica, sonidos siniestros y canciones elegantemente sombrías. Un LP que respira esa historia de más de 35 años que el grupo británico lleva a sus espaldas, quizás por ello, no resulta totalmente novedoso, ya que es fácil reconocer ecos de I feel you o Personal Jesus. A pesar de ello, está cargado de temazos como So much love o Eternal. Un disco capaz dibujar con sonidos un paisaje lúgubre y misterioso.

Por Carlota Purple.

NUDOZURDO – Voyeur amateur (Mushroom Pillow, 2017)

En su línea

Tras su último álbum Nudozurdo baja los sintetizadores y sube los riffs en su nuevo álbum: Voyeur amateur (Mushroom Pillow, 2017). Siguen en línea los temas en los que la melodía y el ritmo quitan protagonismo a la voz y las letras. También los hay más hablados que cantados, como El hijo de dios, y otros muy cañeros. Tonos que parecen salir de las entrañas del infierno, agudos, agonizados y distorsionados, como la del tema que bautiza el álbum, que sigue siendo muy eléctrico. Los directos deben ser muy potentes, de llegar a casa satisfecho por haberlo dado todo, pero muy sordo. Las letras buscan doble sentido desde su título y su epicentro destila más pesimismo que esperanza. Si bien es cierto que hay variedad de ritmos, sigue siendo más de lo mismo a lo que ya nos tienen acostumbrados Nudozurdo. Eso sí, sin salirse de la línea.

Por Jessica Cobos.

LOS PLANETAS – Zona temporalmente autónoma (El Ejército Rojo, 2017)

Re-evolución planetaria

Han vuelto. Después de siete años sin lanzar un LP, Los Planetas reaparecen con Zona temporalmente autónoma (El Ejército Rojo y El Volcán Música, 2017), cuyo título ya presagia una mayor carga de crítica social con la referencia al libro del anarquista Hakim Bey y una mayor congruencia al dejar las grandes discográficas y pasarse a la autoproducción. El primer tema, Islamabad, sorprende por el uso de la base de Yung Beef a la que se suma la voz -más flamenca de lo habitual- de J, e instrumentación de piano y cuerda. Además del líder de la banda trap PXXR GVNG, colaboran de nuevo Soleá Morente, poniendo voz a Una cruz a cuestas y La Bien Querida en Espíritu Olímpico. Para los nostálgicos de su época más pop, Porque me lo digas tú, recuerda por momentos a Unidad de desplazamiento (BMG Music, 2000), pero Los Planetas se han dado otra vuelta de tuerca. Siguen orbitando.

Por Pepa Fontal.

ZOO – Raval (Propaganda Pel Fet, 2017)

De Gandía al Raval, vuelve Zoo y su crítica social

ZOO lanza su nuevo álbum, Raval (Propaganda Pel Fet, 2017), tras su existoso debut de Tempestes venen del sud. Así, mientras se consagran como uno de los grupos valencianos con más proyección del momento, vuelven al escenario musical con nuevas canciones llenas de furia, de pasión, de poesía. Con temas como Ara que estem sols o Presoners, el grupo de Gandía que no se deja etiquetar facilmente, sino que se mueve en una sintonía entre rap, rock y demás estilos; promete muy buenos momentos en su gira que empieza en abril y que llenará escenarios hasta verano transmitiendo como siempre, buen rollo y ganas de cantar y gritar a ritmo de sus canciones.

Por María del Río.

NIÑOS MUTANTES – Diez (Ernie Records, 2017)

Un polvo 10

No hay nada mejor como una reconciliación o, mucho mejor, como el polvo de reconciliación. Y he aquí Diez (Ernie Records, 2017), el fruto del polvo de Niños Mutantes que, aunque parecían anunciar su propia crónica de una muerte anunciada, han vuelto reavivando las cenizas con su décimo EP. Ritmo sostenido, cañero y letras parabólicas. Canciones geométricas, melódicas por todos los lados. También críticas, como Menú del día, interesante de ver en directo con la garra que se inhala entre líneas. Un LP muy pegadizo y que cala en la cabeza durante todo el día, ese susurro de pepito grillo de Juan Alberto, hipnótico. Sólo han avanzado 4 cuatro temas y queda escucharlo entero para acabar de interiorizarlo. Una vez estén: ¿será de 10?

Por Jessica Cobos.

CHET – EP Plans (U98 Music, 2017)

Els petits detalls 

Malenconia? Potser sí, però amb un biaix de positivitat. Aquesta és la sonoritat que han aconseguit crear els membres del grup d’indie-folk català Chet. Després d’haver estat guardonats amb el Premi Joventut a la 16ª edició del Sona9, la banda ens obsequia amb el seu nou EP Plans (U98 Music, 2017). Tot just comencen, però, com ho explicava el seu cantant i guitarrista Toni Jiménez en una entrevista a iCat.cat, volen que la gent sàpiga que tenen plans de futur. La seva música no deixa indiferent a ningú: és el resultat d’una barreja de diferents estils que inclouen el jazz, el blues i el pop. Pura elegància. Es tracta d’un projecte molt íntim compartit entre els cinc membres del grup. Amb la cançó Fotograma aconsegueixen que el temps s’aturi per poder fixar-nos en els petits detalls, però després ens toca fugir amb Plans i així comencem a fantasiar convertint-nos en Els somiadors. Però la cosa no s’acaba aquí. Tanquen el disc amb els versos de La joia, un poema d’Isabel Robles que van musicar per al Sona9. Un final rodó amb el qual ens obren camí vers noves cançons i nous ritmes.

Por Celia Sales.

ANOHNI- EP Paradise (Rough Trade Records, 2017)

Fuck Trump

Tras Hopelesness (Secretly Canadian,2016), Paradise (Rough Trade Records, 2017) llega este marzo como el epílogo que cierra con incluso más intensidad una batalla de letras y ritmos contra la política del mundo actual. Es lo opuesto a la rendición. A través de seis temas se hila un discurso que, más allá del conformismo, supone una provocadora sentencia contra Trump. Bajo la esencia feminista, You are my enemy pone de manifiesto la destrucción del planeta, del que somos enemigos. El ecologismo y el cambio climático también forman parte de She doesn’t mourn her loss, donde la artista aborigen Ngalangka Nola Taylor fija en nuestras mentes un “Everything is going upside down. How are we gonna stop”. Anohni levanta la voz con emergencia ante un presente que se muestra caótico. Atmósferas apocalípticas que se funden en un irónico Paradise

Por Nieves Rodeiro.

 

LEON BENAVENTE – En la selva (Warner Music, 2017)

Sobre círculos y cuadrados

A primera vista veréis cuatro. Cuatro temas. Cuatro integrantes. Como las cuatro esquinas de un cuadrado. Cuatro, que son los años que han pasado desde la publicación de Todos contra todos, coda de su primer disco, Leon Benavente. Volvamos a mirarlo, esta vez atentamente, En la selva (Warner Music, 2017) no es un cuadrado, es un círculo y actúa como conclusión de 2. En la Selva, es un viaje circular por cuatro piezas, con letras críticas, sonidos reconocibles que nos ubican ante quienes estamos escuchando y otros, capaces de sorprendernos. Ligero, a la vez que cargado de segundas lecturas. Vaya lo de siempre, pero distinto.

Por Carlota Purple.

ANÍMIC – Skin (BCore, 2017)

Viaje al cielo

Sí, de acuerdo: Skin (BCore, 2017) se editó en febrero. Los catalanes Anímic son unos infiltrados en esta lista de reseñas de marzo. Pero es que su último disco es tan bueno que aún nos estamos recomponiendo. La banda ha vuelto cuatro años después de Hannibal (BCore, 2013), esta vez con unos sonidos menos místicos y más electrónicos. Pero comencemos por el principio. Gem es en canción ese conductor mirando hacia atrás en una montaña y que sonriendo dice “agárrate que vienen curvas”. Con Tv se confirma: La fiesta ha comenzado. Te preguntarás cómo has acabado aquí. Qué haces en ese coche con esa gente que no para de balancear la cabeza a tu alrededor como zombies vivientes y sonrientes, sedientos de romper con todo. A los dos minutos de canción dejas de mirar por la ventanilla y decides que es hora de dejarse llevar. Y en Glass estallas. Lo primero que dice Louise Sansom (voz) es un imponente ‘Lost‘. Perdido estás tú. De nuevo te preguntas qué haces aquí, subiendo esta montaña. Ni siquiera sabes hacia dónde vas ya. Pero en lo profundo de tu ser te alegras de estar ahí. De que solo tú y cuatro locos más estéis en ese viaje. Tienes el deseo de hacer un stories y enseñarle el momento a todo el mundo. Pero uno, no lo entenderían. Y dos, ese punto de exclusivo es lo que da más morbo de todo. El disco sigue con cinco canciones más. Pero no quiero desvelar cómo acabará este viaje. Para cada uno significará algo distinto, como en su día Horse’s Mane (Hannibal, 2013).

Por Paula Pérez.

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Las Bistecs: mucho feísmo, chochocentrismo y brilli brilli

“Carne fresca y mediocre, eso somos Las Bistecs”, confiesa Alba Rihe. Son dos mujeres sin vergüenza, sin miedo al qué dirán. Son dos divas del electro-disgusting que hacen lo que quiera que hagan por pura diversión. “Nos subimos al escenario sabiendo que el error forma parte de eso”, confiesan.

El falo en tendencia en todos los museos
No me quedan euros para ver algo tan feo
Qué feo, qué feo, para ver algo tan feo
Se ha alzado una mujer y ha plantado un pino
Cecilia es un hombre, Ecce homo, es divino

Las observo. Una rubia y una morena maquillándose en los baños de una de las discotecas más potentes de A Coruña, el Playa Club. Dicho así cualquiera pensaría que se tratan de dos tías cualquiera una noche de fiesta. Podría ser. Son las doce menos cuarto de este sábado 18 de marzo. Cuela si dices que te has empezado a emborrachar a las diez, cosa rara, pero nunca se sabe. Mas no, no son dos amigas haciendo alarde de su divismo y despreocupación, porque no cualquiera se maquilla en un baño. Una suele venir maquillada de casa, diréis que no. Pero a Carla y Alba se la suda. En quince minutos dan un concierto y ahí están: en un baño en el que habrá sucedido a saber qué cosas, dramas y demás historias y pintándose el jeto ni más ni menos que con acuarelas. Sí, habéis leído bien. Solo un par de divas, o de señoras fetén, se puede permitir hacer eso. Es más, solo ellas se lo pueden permitir y además alardear de lo jodidamente bien que le ha quedado la raya negra en el ojo. Porque esa raya era más tocha que la que Amy llevaba en su época, y si no juzguen ustedes en las fotos.

Alba Rihe: No me la he hecho bien.

Carla Moreno: Algún día aprenderemos.

Alba Rihe: Me la suda en realidad.

“Con calma”, dice la Rihe, “cómo nos gusta el riesgo”. Quedan cuatro minutos para la apertura de puertas. Y allí están, en un baño que en menos de una hora tendría un par de poteadas, un suelo mojado y un aluvión de mujeres tratando de mear sin tocar la taza del váter.

Les dan un aviso. Que tienen que abrir, así, como una imposición categórica. ¡Si ellas son las protagonistas! Menuda presión, la vida del famoseo es lo que tiene. “No teníamos ni puta idea de que esto iba a funcionar”, se sinceran. Y ahora aquí están. En su segundo show en Galicia, después de marcarse una ruta gastronómica por la ciudad y a medio pintar a segundos de que entre la gente al Playa. Se van corriendo, con sus tenis y su maquillaje “de travestis” -cito literal- sin terminar. Se meten en la habitación zulo de la que treinta minutos después saldrían enfundadas en dos vestidos naranjas muy orientales. Y el público estalla. Sobre el escenario varios hinchables: un pedazo de carne y una columna, símbolos indiscutibles de este par de divas del electro-disgusting.

Las Bistecs especial Galicia

A mi alrededor solo veo brillos, pelucas y un ambiente de lo más LGTBI. Da gusto. Brilli brilli para todos los presentes. El fondo de Windows con sus cabezas dando tumbos de un lado para otro desaparece y en la pantalla aparecen sus videoclips, verdaderas joyas del arte, al menos del efecto back to the 80s. Dicen que en sus conciertos salen a divertirse, que bailan descoordinadas y que intentan cantar. “El público nota que nos lo pasamos bien ahí encima”, se miran y sonríen. Y es que sí, la noche fue una fiesta. Por ellas, por su espectáculo. Por su naturalidad y espontaneidad, sin lugar a dudas.

Son dos tías de veintimuchos, jóvenes, llenas de vida y creatividad. Son artistas. Un par de mujeres que del ridículo social hacen espectáculo. Son las mismas que nos recuerdan que antes de salir de casa “móvil, cartera, tabaco, llaves”. Pa’ que no se nos olvide. Como dos señoras bien, señoras fetén, chochocentristas pero nada capitalistas se van del escenario. Ha sido breve pero intenso. Solo Las Bistecs pueden irse con la cabeza tan alta.

Mientras regresan al zulo una chica se sube al escenario. Empieza a animar al público para que canten su mítica canción HDA (Oferta, 2016). El segurata sube por la izquierda y esta moza en cuestión huye despavoridamente. Solo un concierto de ellas puede terminar así. Vivan las mujeres que disfrutan de la vida sin tapujos, leches.

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Los mejores discos de febrero

En febrero los pájaros cantan, las nubes se levantan. La gente trabaja, ríe, canta, llora, come y bebe. También se editan discos. En este febrero en particular se han publicado discos que no dejarán indiferente a nadie. Desde Los Ángeles de Rosalía hasta Disco duro de Joe Crepúsculo, pasando por Dolorosa y su Que el mañana sea bueno o Lori Meyers y su En la espiral, entre muchos otros. Hemos escogido diez. Podrían haber sido más o menos, pero son estos.

Las reseñas están escritas por Blanca Olivella, Jessica Cobos, María del Río, Natalia Saavedra y Paula Pérez.

JOE CREPÚSCULO – Disco duro (El Volcán & Opalo Negro, 2017)

Eternos 80’s

Los sintetizadores y las notas ochenteras vuelven a jugar un papel clave en el último editado de Joe Crepúsculo, un álbum que se nutre de nuevo de la estética tan típica del músico. Disco duro (El Volcán & Ópalo Negro, 2017) es familiar, nada nuevo, uno más en la misma línea de frases repetidas y monótonos, pero característicos estribillos. El sonido pop e incluso el funk toman la segunda mitad del disco, cerrándolo, beat por beat, con Esto es lo que hay, una romanticona balada que se traduce en edulcorado final; una contraposición a los distantes temas que protagonizan Disco Duro.

Por Blanca Olivella.

LORI MEYERS – En la espiral (Universal, 2017)

Indie rock para todos los públicos

Lori Meyers nos hace entrar en un espiral de calma, como cegados por el sol andando sin rumbo y solo guiados por Vértigo I. En la espiral (Universal, 2017) toma velocidad, ritmo. Dentro de la comodidad, que da el estilo de la banda, vuelven a jugar con el pop que tan buen resultado les da. Ocurre con Zona de confort, con un sonido y guitarreo fresco, o Siempre brilla el sol. Un álbum hecho con una de las mejores fórmulas de indie pop español, sin comer solo de bonitos versos sin sentido aparente y con el romanticismo mantenido a raya.

Por Blanca Olivella.

NUU – Gloom (Cydonia Records, 2017)

Penumbra binaural

Gloom (Cydonia Records, 2017) es una oda a la abstracción. Siete piezas disecadas para que permanezcan con ese sentido conjunto, un álbum que abstrae del ruido cotidiano y te transporta a viajes individuales a través de la electricidad. Canciones idas – y venidas -, arrastradas, fluyentes. Murmullos en canciones que te hacen partícipe de esas imágenes que solo tú estás construyendo. Quejidos, agudos que alcanzan el clímax con sintetizadores. Lo más experimental es Dhers, su instrumental de 8 minutos en el que sientes que te estás comunicando con seres en otro idioma, una lengua extraterrestre. Distorsiones, zumbidos, efectos de sonido… como ondas binaurales, que a unos les puede seducir y a otros dar dolor de cabeza. La mezcla de luz y oscuridad de NUU, las mezclas de indie pop, rock y electrónica… un disco, Gloom, en el que las mezclas molan.

Por Jessica Cobos.

DOLOROSA – Que el mañana sea bueno (Wild Punk, 2017)

Sobre catársis antagónicas

Que el título del álbum sea esperanzador y algunas canciones se denominen El invierno más frío o Todos los días son iguales, es un poco desconcertante. Como también lo es el ritmillo pirata de Tú te vas de mí en el que te apetece tener al lado una botella de ron para ir al compás. Sí, la banda granaína Dolorosa es desconcertante y mística y hay que retirarles el flequillo de la cara para ahondar en sus sentimientos, plasmados en su catarsis. Las letras de Que el mañana sea bueno (Wild Punk, 2017) no te dejan a medias, y suenan melódicas con voces e instrumentos, todos nostálgicos. No hay que esforzarse mucho para que recuerden a Amaral y eso es lo único que chirría en un álbum en que todo hila perfectamente y en el que no habría elegido un single mejor que el homónimo El mañana sea bueno, el más rítmico y potente.

Por Jessica Cobos.

ISMAEL CLARK – El gol de l’any (autoeditado, 2017)

El rock del año

Ismael Clark, el músico que, desde Sant Boi cruzó el charco hace ya tres años, vuelve con su nuevo álbum titulado El gol de l’any (autoeditado, 2017). Con un estilo rockero y al mismo tiempo suave, el cantautor graba su primer disco en catalán, su lengua materna. Junto a sus colaboradores y su guitarra acústica, consiguiendo una melodía que no dejará indiferente a nadie, ni siquiera en el Reino Unido. Conocido juntamente con su grupo en su ciudad natal patrocinado por El Sello, Ismael suma con este, otro éxito grabado en StudioONE28 (Inglaterra) y mezclado en Blind Records (Barcelona). Con temas como Dona em dones, Terra trencada o el single que le da nombre al propio álbum, El gol de l’any, entre otros; no podrás evitar escucharlo una y otra vez.

Por María del Río.

BASTANTE – Gala (autoeditado, 2017)

YORO: You Only Rock Once

Después de algún tiempo, Bastante vuelve con más fuerza que nunca con su nuevo álbum, Gala (autoeditado, 2017). El grupo barcelonés vuelve a los escenarios con un nuevo ritmo sin dejar su esencia. Al más puro rock, inspirados en grupos internacionales de renombre como The Strokes, reflejando en sus letras alegría y buen rollo. Una banda singular, creada por miembros únicos con experiencia de otros grupos anteriores creando un conjunto que dará que hablar. Letras nuevas, movidas, para bailar y disfrutar con temas como La hermandad o Hasta el mango, vuelven al escenario musical. Noches mágicas, oscuras y mucho rock nos esperan con esta banda nacional.

Por María del Río.

ROSALÍA – Los Ángeles (Universal, 2017)

La novedad de lo viejo

Rosalía se hizo viral por una colaboración con el rapero Antón Álvarez, conocido como C Tangana: Antes de morirme. En paralelo iba gestando su disco debut, Los Ángeles (Universal, 2017), con el músico y productor Raül Fernández ‘Refree’, que también ha trabajado con Silvia Pérez Cruz, una de las nuevas voces del flamenco. Igual que ella, Rosalía ha reinventado este género. Ambas lo modernizan sin necesidad de fusionarlo con otros estilos como la electrónica o el pop. Parten del flamenco puro y se quedan en el flamenco puro. Tal vez por eso, unido a una estética trapera al más puro estilo Bad Gyal en Instagram, Rosalía consigue conectar con los jóvenes y con las personas poco entendidas en este género como ninguna otra cantaora. Con 23 años ha creado un disco conceptual, pues trata sobre la muerte, donde Nos quedamos solitos es magia pura. Y en Catalina su voz tiene tanta fuerza que parece que ha nacido para esto. Rosalía, o mejor dicho, ROSALÍA, ha llegado este febrero para dejar claro que el flamenco late y que su vocación es cantarlo.

Por Paula Pérez.

RENALDO & CLARA – Els afores (Bankrobber, 2017)

Un xiuxiueig fet crit

La veu de Clara Viñals xiuxiueja delicadament a Els afores (Bankrobber, 2017), igual que tres anys abans a Fruits del teu bosc (Bankrobber, 2014) i a les col·laboracions amb Xavier Baró. Però ara la banda lleidatana ha evolucionat cap a un so més ferm. I el xiuxiueig de la Clara s’ha transformat en gairebé un crit. Un crit que diu ‘eh, que estem aquí, no som tan melancòlics com penseu i venim a transformar l’indie català’. Fent amics potser la més pop que tenen fins aleshores, però a altres, com Fins un altre dia o Laberint, Renaldo & Clara si que marquen un camí propi entre el pop folk fet a Catalunya que s’allunya de l’estela imposada per les tres diferents però a vegades semblants emes: Manel, Mishima i Mazoni.

Por Paula Pérez.

TUYA – A war is coming (El Rayo Verde, 2017)

Romper con la monotonía

La palabra perfecta para describir este álbum es madurez. En todos y cada uno de los cortes se aprecia la cantidad de trabajo creativo y de masterización que hay detrás de este disco: tres años de gestación que han dado su fruto. En su corta vida, TUYA ha sufrido muchas idas y venidas en cuanto a integrantes y discográficas. Los cambios constantes en los miembros de la banda y la falta de entendimiento con su anterior sello, Subterfuge Records, no han propiciado las mejores condiciones creativas. Y se nota. Ahora, con un proyecto asentado y autoeditado, David T. Ginzo, Juan Diego Gosálvez y Óscar G. Hinde han logrado exprimir todo su potencial, el cual recogen en A war is coming (El Rayo Verde, 2017). Aunque la intro del álbum, AWIC, descoloca en un primer momento, te deja con ese punto de extrañeza que desaparece completamente por todo lo que llega a continuación. Gracias al gran rango de recursos sonoros que presentan, cada corte funciona como una faceta complementaria del álbum, conservando un sublime sonido característico sin caer en la monotonía. Este disco pertenece a esta gran conjunto de discos que cada vez que lo escucha el oyente encuentra algún detalle que le hace volver a amarlo.

Por Natalia Saavedra.

MÀQUINA TOTAL – Estàtua (Domestica Records, 2017)

Electrónica con personalidad

¿Es posible hacer un álbum empleando la misma base en todas las canciones? Virgili Jubero, el barcelonés detrás del proyecto Màquina Total, demuestra que sí. 2011 fue el año en el que Jubero se adentró en nuevos campos creativos. Su carrera como fotógrafo derivó en la música. Su primer disco de larga duración ha visto la luz tras 2 EPs y seis años de carrera musical. Y se prevén grandes hitos para él, porque estará actuando en la próxima edición del Primavera Sound. Estàtua (Domestica Records, 2017) está compuesto por 10 cortes en los que sintetizadores y voz son protagonistas. Un punto a destacar es el timbre de voz de Màquina Total, grave e inesperado, que a veces llega a ser eclipsado por melodías que atrapan al oyente. Resulta inevitable encontrar similitudes entre canciones: progresiones predecibles y sonidos homogéneos sin sobresaltos. Pero no tiene por qué ser algo malo: es característico. Ofrece algo alejado a lo que estamos acostumbrados a escuchar y es de agradecer. Temas de obligada escucha: Sol a cancún, Urbanització esmeralda y Cascades de sorra.

Por Natalia Saavedra.

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Clarence Milton Bekker: una voz para el cambio

Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club

El último sábado de febrero no era para pasarlo sentados. Así que Jamboree se preparó para la ocasión. Hoy no había asientos como de costumbre. Lo de esa noche era un jazz – a ratos soul – para ser y estar de pie. Leyendo miradas, parecía que muchos esperaban la voz que hace años, por casualidad, encontraron mientras paseaban por alguna de las calles de Barcelona. Quizás, algún rincón a no muchos metros del lugar donde se reencontraban hoy. De nuevo, a corta distancia.

I’d say love was a magical thing
I’d say love would keep us from pain
Had I been there?
Had I been there?

Y Clarence Milton Bekker se presentó. Así. Con su voz a capela, emocionándonos al contarnos – y cantarnos – su propia versión de A different corner, de George Michel. Le gustaba más hablar con canciones que con sus propias palabras, así que ni si quiera nos saludó antes de seguir con Crazy, el archiconocido single de Gnarls Barkley. Sólo era el preludio de lo que estaba por llegar. El repertorio de canciones venía preparado para acunarnos entre versiones propias de los más clásicos y algunas letras escritas por él. Empezábamos a saber porqué esa noche en Jamboree nos habían dejado de pie. La energía de un Bekker incansable y lleno de vitalidad, de buen rollo, bajaba por el escenario y se contagiaba en cadena de unos a otros.

Procedente de Surinam, su voz era de estas que cantan con verdad. Y pudo ser esa sinceridad la que atrajo hace ya once años al productor norteamericano Mark Johnson, cuando lo escuchó cantando en Portal de l’Angel. La propuesta de un proyecto que nacía se materializó en la grabación del clásico Stand by me, alcanzando más de 75 millones de visitas. Supuso su vuelta a los escenarios. Y digo vuelta porque el cantante no se dio a conocer en la calle. Tras trasladarse a los seis años a Ámsterdam, empezó a aparecer en diversos programas musicales de televisión. Hasta convertirse en el miembro más joven de la exitosa banda neerlandesa Swinging Soul Machine. Tras esto, en plenos años noventa, y bajo el nombre de CB Milton, exploró en solitario con la música dance. Tres álbumes consolidaron su carrera: It’s My loving thing (Byte Records, 1994), seguido de The way to wonderland (Byte Records, 1996) y From here to there (Byte Records, 1998).

Pero si hay algo que definía la historia de Clarence Bekker era el cambio. Primero, cambió los escenarios por las calles, hasta llegar a las de Barcelona. Con guitarra en mano, cambió el estilo dance por el soul, el jazz y el reggae. Y, ya a mediados de los 2000, cambió las calles para embarcarse en el proyecto de Mark Johnson, bautizado como Playing for the Change. Bajo el fenómeno de este proyecto que se hizo viral, Bekker empezó a cantar en escenarios internacionales. Además de publicar su cuarto álbum, Old sould (Universal Music Japan, 2012). Curiosamente, acabó cantando para el cambio. Bono, Keith Richards o Manu Chao fueron algunas de las estrellas que se unieron a la gira mundial. Voces de distintos colores y nacionalidades que, bajo el lema ‘Connecting the world trought music‘, formaron una plataforma que logró crear nuevas escuelas de música y arte en distintos países de África y en Nepal.

Y Changes es precisamente una de las canciones escritas por el propio artista. “Escribí esta canción para mí mismo. Como un espejo”, nos quiso contar Bekker en una de las pocas confesiones que nos hizo durante el concierto. Lógicamente tampoco podía faltar Stand by me. Y entre Master blame, de Stevie Wonder, y el hit Ain’t no sunshine su banda fue ganando protagonismo. Para descubrirnos que el gallego Carlos López era su perfecto acompañante a la batería. También se dejó eclipsar a ratos por Charly Moreno, al bajo, y Francisco Guisado (Rubio) a la guitarra. Mientras Arecio Smith daba a la voz de Bekker su punto diferencial en el teclado. A ellos se unió un coro de diez jóvenes que aparecieron para cantar Talking about a revolution, originariamente de Tracy Chapman, pero que este mismo año fue subido al canal de Playing for the change con la versión de Bekker en conmemoración a Martin Luther King Jr. Y en esa montaña rusa de sensaciones, no sólo nos contagió su emoción, sino también su diversión sobre el escenario. Versionando a Michael Jackson y Justin Timberlake, nos convenció de que estaba enamorado al cantarnos Love never felt so good. De los clásicos pasó a dos temas propios In my mind y Mr. Morality, para hablarnos de él, y de todos los que se creen dueños de su vida.

Cuando llegó Ain’t no body la sala empezó a saltar y a bailar. Nadie diría que veníamos a un concierto de jazz. Y con I feel good nos hizo sentir bien a nosotros. Ahora sí que el público estaba desatado. En Whats up, de 4 non Blondes, ya nos habíamos convertido todos en su coro y entonábamos al unísono un “And I say, hey yeah yeah, hey yeah yeah. I said hey, what’s going on?“.

Él decía adiós a Barcelona una vez más. Y nosotros a él. Pero no sin antes acabar de hacernos felices con la mítica Dont worry, and ‘be happy’. Ya se había despedido, pero ante los silbidos de la gente, pidiendo una más, volvió con un Could you be loved (Bob Marley) que sonó en Jamboree bien alto, obviamente nos la sabíamos. Mr. Policeman cerró el círculo de las cuatro canciones propias que nos cantó. Y, cuando ya se había ido definitivamente y el público empezaba a salir, apareció de nuevo con un “Ok, yo sí quiero otra más”. Así que volvimos a nuestros puestos para escuchar y sorprendernos con una última: Billie Jean, de Michael Jackson.

Ahora sí, nos íbamos. Empezamos a dirigirnos a las escaleras de salida y Bekker nos esperaba allí para despedirnos uno a uno. Ya en la Plaça Reial el coro que habíamos formado hace escasos minutos se difuminó. Ahora sólo nos reconocíamos unos a otros por la sonrisa permanente que, sin darnos cuenta, Clarence nos había dibujado en la cara.

Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Clarence Milton Bekker
Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Clarence Milton Bekker
Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Carlos López
Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Arecio Smith
Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Francisco Guisado
Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Charly Moreno
Concierto de Clarence Bekker en Jamboree Jazz Club
Clarence Milton Bekker

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Nieves Rodeiro

Crecí en una aldea de diez casas en Galicia. Quería escaparme y conocer. Ahora soy periodista, centrada en lo social y especializándome en África. Viajo sola. Me gusta acercarme a nuevas culturas y, en esto, la música siempre me ha ayudado mucho.

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Oliver Adell

Me gusta viajar, la buena compañía y, sobre todo, la música; en especial el jazz. Fotógrafo de eventos, conciertos, bodas y lo que surja. Me gusta fotografiar no solo el instante sino la emoción de lo que hay detrás.

Ray Collins’ Hot-Club + Los Locos del Oeste: Sense set list

Ray Collins Hot Club en la Sala Bikini de Barcelona

La cinquena edició del Curtcircuit ja és aquí, aquesta vegada amb el Ray Collins’ Hot-Club i Los Locos del Oeste que actuaven dilluns passat a la sala Bikini de Barcelona. 

El quartet barceloní Los Locos del Oeste  és capaç de transportar-nos, en un plis plas, a sonoritats dels anys trenta, quaranta i cinquanta. Dilluns passat van venir a presentar el el seu nou treball, Y su loco country jazz (Buenritmo Records, 2015), un EP amb quatre temes, tres dels quals –No melody shines like you do, Maldito sombrero i, el boogie, Why you do me like you do- són composicions pròpies, mentre que el quart és una versió de Jolly Joe Clark, en homenatge a George Barnes, un autor molt admirat per la banda.

Liderats per Mario Cobo (Nu Niles, Los Mambo Jambo) i l’argentí Legacaste, veu i guitarra tots dos –impecables guitarres!-, amb el Lega i el seu barret de cowboy’ tan caricaturesc, i la ‘steel guitar’ de Cobo aportant suggestius tocs hawaians, i amb una sòlida i precisa formació rítmica, amb Xavi Cortés (contrabaix) i Blas Picón (bateria) van oferir un addictiu country swing recuperant autors semi-oblidats com Chet Atquins, Bob Willis o Tweedy Dee; un estimulant exercici de recerca, una excepció en el panorama musical d’aquest país que només es pot articular des d’un profund coneixement del terreny que trepitgen, i una boníssima preparació tècnica.

La proposta del Ray Collins’ Hot-Club sobrepassa la noció de concert habitual i té molt més a veure amb la d’espectacle. Es tracta d’una ‘big band’ de formació alemanya -qui ho diria!-, nou músics, experts instrumentistes, encapçalats per Andreas Kollenbroich, àlies Ray Collins (veu, guitarra i vibràfon), molt carismàtic, i que té com a element fonamental una poderosa secció de vent que dota els seus concerts de l’imprescindible múscul. Nombrosos àlbums d’estudi els avalen i el seu directe és espectacular. Alguns dels seus components toquen junts des dels anys  vuitanta, però és al 2000 quan es constitueix finalment la banda. Des de llavors i fns ara han actuat a grans festivals d’arreu del món. Aquesta és la primera gira per Espanya, actuant a sales de mitjà i petit format.

Molt elegants dalt l’escenari, tots amb vestit jaqueta de color bordeus i amb llacet negre al coll -menys el líder Ray Collins, vestit de color xampany-, fidels a una època i al seu ideal d’entreteniment -la del gran Glenn Miller, la de Louis Jordan, la de Bill Haley i tants altres-, combinant, hàbilment, diferents estils com el rhythm’n’blues, l’swing, el jive, el jump, el blues, el boogy o el rock’n’roll, o com en el seu darrer disc Cutting out (Brisk Records, 2015), el més ambiciós de tots, amb quaranta músics dins un estudi emulant aquelles grans orquestres dels anys quaranta i cinquanta que acompanyaven a grans ‘crooners’, com Boby Darin o Frank Sinatra.

Impressionant el repertori, sense ‘set list’. Ni pausa ni treva. Molt seductors. I a sala les parelles no paraven de ballar… De pel·licula!

Los Locos del Oeste en la Sala Bikini de Barcelona
Los Locos del Oeste | © Víctro Parreño
Los Locos del Oeste en la Sala Bikini de Barcelona
Los Locos del Oeste | © Víctro Parreño
Los Locos del Oeste en la Sala Bikini de Barcelona
Los Locos del Oeste | © Víctro Parreño
Los Locos del Oeste en la Sala Bikini de Barcelona
Los Locos del Oeste | © Víctro Parreño
Ray Collins Hot Club en la Sala Bikini de Barcelona
Ray Collins Hot-Club | © Víctro Parreño
Ray Collins Hot Club en la Sala Bikini de Barcelona
Ray Collins Hot-Club | © Víctro Parreño
Ray Collins Hot Club en la Sala Bikini de Barcelona
Ray Collins Hot-Club | © Víctro Parreño
Ray Collins Hot Club en la Sala Bikini de Barcelona
Ray Collins Hot-Club | © Víctro Parreño
Ray Collins Hot Club en la Sala Bikini de Barcelona
Ray Collins Hot-Club | © Víctro Parreño

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Corizonas: Un mundo propio entre el country y el rock

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Esta noche de viernes fue una noche diferente. Vaya viaje nos pegamos. Podría decirse que La [2] de Apolo se quedó vacía. El público esperaba allí hipnotizado, miraba hacia el escenario deseando escuchar los acordes del renovado grupo Corizonas.

Pocos minutos después de las nueve, los seis místicos aparecieron en escena. Algo raro estaba pasando. Los sonidos que venían del escenario nos indicaban que una especie de astronave se estaba encendiendo. Eran Javier Vielba (voz), Javier Vacas (bajo), Fernando Pardo (guitarra), Roberto Lozano (batería), David Krahe (guitarra) y Rubén Marrón (guitarra), acompañados a ratos por Yevhen Riechkalov (trompeta). Y tenían preparada una gran sorpresa para nosotros. Definitivamente, estaban dispuestos a llevarnos lejos, muy lejos de Apolo y del Festival Mil·lenni. Pero nadie nos había anunciado dónde y todos parecíamos nerviosos.

Entonces, una melodía introductoria sonó y, mientras, esos tipos que acababa de conocer hace escasos segundos se apresuraban a llevarnos hacia el interior de la mega nave espacial. Un, dos tres y… ¡el viaje daba comienzo! Corizonas nos había llevado justo a donde querían: su Nueva dimensión vital. Habíamos llegado en cuestión de segundos y, ahora sí, los acordes fluían. Esa maldita canción sonaba -todavía la tengo en la cabeza- y nosotros no podíamos dejar de mover las piernas.[/vc_column_text][vc_empty_space][vc_separator][vc_empty_space][vc_column_text el_class=”text-entrada”]Escucho ruido de fondo, espero nada y todo.
En un mundo irreal, nueva dimensión vital.
Como un cerdo en el lodo, existo y pienso poco. [/vc_column_text][vc_empty_space][vc_separator][vc_empty_space][vc_column_text el_class=”text-entrada”]Maldita sea, estábamos en su mundo ideal. Y, lo mejor, es que ahora también era el nuestro. El de zapas verdes que tenía justo a mi lado movía su cuerpo de delante a atrás una y otra vez, sonreía como agradeciendo a los místicos la experiencia. Y un hombre con la melena bien larga, muy al estilo de Fernando Pardo, había sacado el móvil para no dejar de grabar ni un solo rincón de la dimensión. Quería ser la envidia de sus colegas al volver de Apolo y enseñarles el vídeo.

“Bienvenidos amigos. Hacía mucho que no veíamos a Barcelona, al menos como Corizonas. Lo echábamos de menos”, gritó Vielba. Yo no entendí porqué decía Barcelona, si hacía minutos que ya no estábamos allí. Pero a Corizonas le daba igual mis reflexiones internas. A ellos lo que les importaba era dejarnos en shock ante tanta sorpresa musical. Vielba pilló su sonaja y nos apuntó a todos moviéndola como diciéndonos: “esto solo acaba de empezar”. Así que siguieron con La Cuerda. Porque en su nuevo disco el grupo se atreve a reflexionar en alto, y en español. “¡Queremos que bailen hasta las paredes!” Y es que, para ellos, Las paredes bailan. Claro, nosotros no íbamos a ser menos. Así que como si fuéramos paredes, sin movernos del sitio, empezamos a mover nuestro tronco de delante a atrás, de izquierda a derecha.

Y ya con una cuantas canciones encima aprovecharon que estábamos lejos de la urbe para confesarnos cómo se conocieron. “Coincidíamos en los festivales indies. Siempre estábamos en el último y penúltimo camerino y nos cruzábamos”. Y es que Corizonas no siempre fue uno, sino dos, Arizona Baby y Los Coronas, de ahí su nombre actual. Los primeros rendían tributo al country y los segundos hacían mover el esqueleto con rock. Primero iniciaron una súper gira dándose a conocer como Dos bandas y un destino, pero en 2011 decidieron alzarse como lo que son hoy: Corizonas. The news today (Subterfuge Records, 2011) supuso la consolidación de su música, que más que quedarse en un estilo concreto, baila -como a ellos les gusta- desde el country al más puro rock. Y ahora, desde hace cuestión de un año, hacen vibrar con su Nueva dimensión vital (Subterfuge Records, 2016), un álbum producido por el propio Javier Vielba. Para rematar la confesión nos espetan que lo que verdaderamente hizo surgir el amor fue una camiseta de Black Sabbath. Así que, sin más dilación, el cantante grita: “¡Hagamos que Black Sabbath baile!” Y empiezan con su particular versión de Supernaut. Loza (el batería) se luce y Vielba lo ayuda a aporrear la batería. “Esto roza la exhibición”, dice un Fernando Pardo celoso.

Luces azules hay en todas partes eh”, Fernando Pardo no para de liderar el discurso. Tiene al público en sus manos. “Vivir sin temor, sin dar gracias a dios, si no hay permiso bueno es el perdón. Mirar el reloj, sentir un temblor, se desmorona tu mundo exterior.” En la nueva dimensión no paran de darnos lecciones de vida. Yo quiero ser yo, repiten una y otra vez. “Tengo que ser el mejor, yo quiero ser yo.”

Hey, hey, hey “¿cómo se hace ruido humano?”, preguntan. La dimensión tiembla de tantos aullidos que salen del público. Los Corizonas no dejan de pedírnoslo, que nos hagamos sentir. Que el ruido se escuche en Barcelona. Porque, en realidad, “somos adictos al ruido que hace la gente cuando se junta. Hacemos esto para escucharos a vosotros”, sentencian. Pero entonces nos sorprenden con un Wish you were here muy vaquero. Porque, aunque Pink Floyd no lo sabía, en el fondo de sus canciones se escondía el espíritu del country de los Arizona Baby. No paran de llevarnos en la nave de un estilo a otro. Hasta que vemos a los Místicos en éxtasis dándolo todo sin parar de moverse y vibrar. “Barcelona es especial. Nos bendijo. Hacía mucho que no veníamos y la echábamos de menos”. Los místicos se estaban poniendo tiernos. Y la gente con ellos. “¡Palmas!” y hacían palmas. “¡Gritad!” y gritaban. Eran los líderes de su mundo ideal.

Se hacía tarde y teníamos que regresar a la gran ciudad. En el camino, nos dijeron que Vivir y no pensar era lo mejor. Ni en el pasado ni en lo que estaba por llegar. Pero, nosotros no podíamos dejar de pensar que el viaje estaba a punto de terminar. Entre medias, nos dejaron escuchar un Trabalenguas, Run to the woods, Pushin’ too hard o I wanna believe. Porque quieren creer que sus canciones quedan en buenas manos. “Nosotros las hacemos, pero sin vosotros se quedarían huérfanas”. Y, cuando ya había dejado de sonar la última melodía de Believe, nos despertamos en La [2] del Apolo intentando convencernos que nada de lo que vivimos ahí esa noche fue una ilusión. Al menos, siempre nos quedaría pedirle al hombre de la melena larga el vídeo. Y repetirlo en bucle mientras intentamos asimilar que Barcelona está ahí fuera y nos espera para más noches de viajes.

Empezamos a salir de la sala. Corizonas y sus fieles se despedían unos a otros sin parar, como quién no sabe cuándo será la próxima vez. Alzando sus brazos y entonando un eterno Todo va bien que termina, de nuevo, en Nueva dimensión vital. Se van. Y antes de irnos nos recuerdan que el viaje no hace más que empezar. “El fin es el principio. Poneros cómodos, porque esto es vuestro.”

Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez
Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez
Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez
Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez
Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez
Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez
Concierto de Corizonas en Apolo 2
Corizonas | © Charlie Pérez

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Nieves Rodeiro

Crecí en una aldea de diez casas en Galicia. Quería escaparme y conocer. Ahora soy periodista, centrada en lo social y especializándome en África. Viajo sola. Me gusta acercarme a nuevas culturas y, en esto, la música siempre me ha ayudado mucho.

The Pretty Reckless: Una diosa del rock en la Apolo

Concierto de The Pretty Reckless en Apolo

Suena una guitarra. Una sala negra, cegada por la oscuridad de las letras que Momsen y Philips componen. De pronto, varios haces de luces se dejan ver en los platillos y en los mástiles. Euforia, catarsis, éxtasis. Una delgada figura desfila en línea recta sobre el escenario. Estoy temblando. Siento un hormigueo por el cuerpo. Se ha cortado el pelo, está radiante. The Pretty Reckless se estrena, ese día lanzan el segundo videoclip del nuevo cedé Who you selling for (Razor & Tie, 2016). Están en plena gira, casi una ciudad por día. Hoy toca Barcelona. Y entonces la veo. Joder qué rubia. Levanta el brazo, la mano cornuta. Y todos la siguen, a ciegas en la sala. Y se inclina, una reverencia ante sus fieles, los más de mil que la abrigan este jueves 9 de febrero. Se escucha un orgasmo. Femenino, puro, intenso. No soy yo, lo juro. Momsen se va a desvirgar en la sala. Lo va a hacer. ¡Ay!, llega, vamos. Suena Follow me down. Ella arriba, erecta, iluminada. Yo abajo, dejándome llevar, permitiendo que me haga lo que quiera. Yo me dejo mientras grito con ella que “since I met you I’ve been crazy”. Vaya gustazo.

Es la primera vez que quedamos, que nos vemos. No puedo describir cómo me siento. Han pasado siete años desde que nos conocimos por Internet. Pensé que iríamos lento, con un You en acústico, que me lo susurraría al oído y me erizaría la piel. Pero es de las que va rápido, directa, al tema. Y en vez de una cita romántica me echó un polvazo. Uno de esos que no olvidas, aunque el día después te despiertes sola en cama. Porque Momsen es de esas. No le llega con saltarse los preliminares e ir directa al río. Dice que me espera de rodillas, me lo grita y se postra sobre el escenario. Cae rendida, intenta seducirme. Y lo consigue, vaya si lo hace.

Follow me down to the river
Drink while the water is clean
Follow me down to the river tonight
I’ll be down here on my knees

Las luces se apagan. Grito “Taylor come back”. Se lo ruego. Y de repente se ilumina. Ella es la diosa en Apolo. La veo agarrando el micro. Joder, qué sensual. Una imagen erótica, jodidamente sexy. Y vuelve a abrir la boca para hacérmelo una vez más. Me mete la lengua hasta el fondo y grito con ella “make me wanna die”. San Valentín está al caer, pero ella es de las que se adelantan. Me lo regala. Dice que tiene algo para mí, su primera canción. La nuestra. Y me rindo a sus pies. Gracias Momsen, alabada seas en el templo condal de la música.

El cúlmen llega con Oh my God. Dice que desea muchas cosas. Yo la deseo a ella. Yo y los mil ojos que se mueren por otro grito suyo, por otro gemido de su rock. Hace un recorrido por sus tres álbumes, un vaivén de épocas y sonidos. Con Just tonight quiero llorar. Una dieciochoañera me mira. Le devuelvo la mirada y nos sonreímos mutuamente. Pienso que me comprende y se simpatiza. A su edad yo conocí a Momsen y al resto de imprudentes. Ella sintió el flechazo hace dos años, en la época de Heaven knows, que suena de fondo ahora.

Lleva casi dos horas ahí encima, dale que te pego, no se cansa. Joder con la rubia. Todo lo que emana de ella es puro erotismo. Es activa. Desde luego que la cita ha ido bien, le diré de repetir, aunque espero que no pasen otros dos años para un nuevo repertorio. Por favor Momsen, escúpelo antes. Se acerca al micro, lo agarra, cómo lo coge, ¡madre mía! “Gracias Barcelona”, y sonríe. Las luces se vuelven a apagar y, de nuevo, la penumbra.

No quiero irme, es que me niego. Así que grito yo esta vez: “Taylor, ¡uno más!”. Solo quiero que me lo haga de nuevo, por última vez, hasta a saber cuándo. El tiempo se hace intenso, duro, lento. Pierdo la esperanza, joder, no le he gustado. Me doy la vuelta, triste, buscando compasión. Y entonces el centro del escenario se ilumina y sobre él otra vez su cabellera, en contraste con las melenas negras de Ben (guitarra y voz) y Jamie (batería) Mark (bajo) tiene el pelo corto, destaca por su perilla. Pero al grano, que regresa. Y me confiesa algo: “Voy a cantar Messed up world, aunque yo prefiero llamarla Fucked up world”. Y nos jode a todos allí, en la Apolo. Otra vez, no se cansa la tía. Y entonces se esfuma. Ni adiós ni rabo de gaitas. “No me jodas Taylor”, pienso. Y entonces un mar de luces de colores iluminan al batería, es su momento. Jamie Perkins mezcla scratches con canciones ajenas, entre ellas alguna de The Chemical Brothers. Como cinco minutos ahí arriba, en su pedestal. Lo está viviendo. Y cuando ya no me espero un segundo subidón, la rubia vuelve a salir para terminar la faena y recordarme que este mundo está bien jodido.

El de iluminación enciende todo de golpe. Veo al fondo un chico, de unos diecinueve años, con el pelo verde y la bandera del orgullo gay a modo de manta. Tiene la mirada perdida. Supongo que él también está jodido, ella nos lo ha hecho a los dos esta noche. Paso a su lado, una joven fotógrafa lo retrata mientras. Me dirijo a la zona de merchandising, quiero llevarme el azucarillo del café que nos hemos tomado. Un recuerdo, lo que sea.

Me pongo el abrigo y bajo las escaleras. En mi cabeza sigue sonando el rock de The Pretty Reckless y la imagen de ella, la rubia, no puedo quitármela. Bueno, la de ella y la del torso del Sid Glover, el guitarrista de The Cruel Knives, los teloneros que los acompañan en su gira por Europa. Salgo de la Apolo. Tengo hambre. Busco en la avenida del Parallel un local de pizzas al corte mientras asimilo lo sucedido. Gracias Momsen, ha sido el mejor de mi vida.

Concierto de The Cruel Knives en Apolo
Sid Glover, The Cruel Knives | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
Momsen, The Pretty Reckless | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
The Pretty Reckless | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
The Pretty Reckless | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
The Pretty Reckless | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
The Pretty Reckless | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
The Pretty Reckless | © Ada Seoane
Concierto de The Pretty Reckless en Apolo
The Pretty Reckless | © Ada Seoane

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Sara P. Seijo

Ada Seoane

Rosildo

Ilustracion Marina Leiva

La última vez que supe de ti, había un gato en una estantería y una ciudad por destruir. Del gato no supe más nada, (o eso creí). Y aunque reconozco que hubiese reducido a cenizas la ciudad que tan nuestra fue y que en tus manos volvió a ser otra Berlín sin cristales, dejé que la gasolina se la llevaran dos polacos con más frío que dientes.

Llegados a aquella suerte de precipicio, intuí, sin posible error, que serías de las primeras en huir, dejando sin amortizar barriadas de inmoralidad. Dejándolo a él a merced de iras y delirios. Siempre supe que, llegado el momento, lo abandonarías a su maldita suerte. Que no querrías recordar la época en la que él era lo exótico en tu cama, ni importaba su olor, su sudor o su semen. Él, que tan esclavo tuyo fue. Tú, que tan aria te creíste. Recuerdo oírte hablar de estatus social, del estado natural de las cosas, sin que se te desprendiera ni un ápice de piel de tanta podredumbre. Sí, yo también participé. No deseo rehuir purga alguna pues, incluso hoy, la vida me sigue castigando por ello. Sólo buscaba encontrarlo. Reparar en última instancia alguna pieza del destino.

Allanaba todos los teatros y hacía huelgas de hambre tras los decorados, como si el ayuno ayudara a incinerar tamaño vertedero de karma indecente. Estaciones. Vagones abandonados. Levanté andenes enteros donde la rabia empezaba a sindicarse. Preguntaba a todos los pocos que transitaban el caos en hora punta. Nadie. Nunca. Amnesias decretadas.

Porque Rosildo era demasiado blanco para su África negra. Demasiado negro para pulular libremente por calles con asfalto o esperar en aceras para zapatos. Demasiado salvaje cuando llegaron los muchos blancos al poder y hubo que reconstruir los derrocados muros de la vergüenza. Entonces supo de los bloques de hormigón, de la jaula en tu jardín trasero y de las golondrinas que se posaban para decirle: “Ahora, tú eres el pájaro”.

‘Poco’ y un superpuesto ‘probable’, era todo lo legible de un anuncio publicitario en una irónica marquesina. Y, a decir verdad, costaba albergar esperanzas. Vivo. Muerto. Eran entonces, palabras demacradas, raquíticas e intrascendentes. A nadie nos sobraba tiempo, ni ninguno estábamos a salvo. Ya no había ni buenos ni malos. Porque las balas no preguntan, no guardan sigilo sacramental y de ellas es la verdadera libertad de decidir. Qué más daba si Rosildo fue muerto o resucitado, o fuera un semidiós pagano. Lo último que desearía sería encontrarse con su negrero, ¿no creen? ¿Qué debía de ser la libertad para un esclavo? Quizá la muerte fuese un mal menor.

Derrotado por la realidad o su apariencia, decidí descansar en la idea de que logró salvar su pellejo. Era un guerrero. Un guerrero secreto, a pesar de las jaulas y los muchos barrotes. Luego, los pocos sueños posibles de alcanzar se tornaban en presagios más funestos. Porque él era demasiado blanco hasta para las bestias en ultramar. Demasiado negro para que nadie tuviera la deferencia de apresarlo con vida.

De camino a caminar en círculos, volví a pensar en ti. Resolví que no existía justicia divina o humana inmediata, pero que algo te acaecería en otras latitudes y se apagarían todas tus luces. Al gato me lo encontré asaltando los escaparates de un prostíbulo, y no quedo ciudad por destruir ni nadie quien lo pudiera hacer. En cierta ocasión, después de que el invierno levantara campamento y siguiera curso hacia el norte, llegaron rumores de un árbol entre las viejas fábricas, del que colgaban medio centenar de desgraciados. Tan mutilados y despojados de todo rastro humano, que no servían ni para carroña y hubo que decir a los cuervos que dejaran de ser cuervos.

Nunca me asomé. Nunca.

Porque, ¿qué hay del esclavo que cuelga con una soga al cuello cuando nadie puede verlo?¿Hace realmente algún ruido? ¿Existe? ¿Podría decirse que es inmortal?

Vimos muchas golondrinas luego del incesante polvo, una primavera y guerreros que volvieron a cruzar los grandes ríos. Guerreros secretos. Inmortales.

Imagen de portada © Marina Leiva

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Eneko Garmendia

Nací en el 78. Nunca he podido con el cubo de Rubik ni he ganado una sola partida de ajedrez. Por eso, a veces, intento construir ciudades con las palabras. Dicen los psiquiatras que me he convertido en un artefacto aéreo sin tren de aterrizaje.

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Marina Leiva

Polifacética por precariedad. Obsesionada, siempre, con la literatura incendiaria. Dibujo cuando pienso. O, quizás, pienso cuando dibujo. De eso no estoy segura. No hago puenting ni escalada. Soy más de bici, libro y gazpacho.

El Petit de Cal Eril: Que La força ens acompanyi!

El Petit de Cal Eril

Després d’un any a la rereguarda, la setmana passada, El Petit de Cal Eril  presentava a la sala Apolo el seu cinquè disc, La força (Bankrobber, 2016). El concert emmarcat dins del cicle Los Caprichos de Apolo– va gravitar al voltant de les noves cançons però també durant la seva actuació van sonar molts altres temes anteriors. 

 Amb el seu univers musical oníric i màgic, Joan Pons -El Petit en qüestió- segueix  encandilant-nos. A El cap, la cançó que va obrir el concert, ‘el protagonista obre els ulls i veu que el seu cap és dalt d’un altre cos. I aquesta és la sensació que Joan Pons transmet amb les seves cançons, la de que alguna cosa molt seva se li escapa de les mans i pren vida pròpia’, i ell descriu aquesta nova realitat amb contundent plasticitat, barrejant melodies innocents i ritmes sobtats. Però a la fascinant lírica de les noves cançons, cal afegir l’encertada posada en escena del concert de dijous. Prenent ‘El Petit’ com a centre neuràlgic els altres membres de la banda  es van posicionar al seu voltant formant un petit cercle i mantenint, en tot moment, el contacte visual entre ells (destacaven les dues bateries situades una cara a l’altra, a banda del teclat i el baix). Així, dalt l’escenari es va crear una poderosa energia concèntrica, íntima de vegades, èpica i eufòrica d’altres, marcada per l’excel·lent connexió que hi va haver entre tots els músics, que es va anar contagiant per tota la sala.

 El plor, El cor i al final del concert, L’adéu van ser, potser, els temes més destacats del nou disc. També la presència dels convidats, com Luca Masseroni, de Germà Aire, o el trio de vents en els bisos. I La fi, amb ‘conducció’ inclosa dirigida pel trompetista, que sembla voler atrapar-te per arrastrar-te al seu terreny. És millor no resistir-s’hi, clar. Obrir portes i finestres i deixar-se endur. 

El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
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El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño
El Petit de Cal Eril
El Petit de Cal Eril | © Víctor Parreño

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Núria Graham: Un final feliç!

Núria Graham

El món ha canviat molt des de que el fotògraf Kim Manresa va retratar el dia a dia de les vedets d’ El Molino del Paral·lel de Barcelona, un dels cabarets més antics d’Europa que es va convertir en un lloc d’oci i d’alegria i en un espai de llibertat en plena dictadura franquista i durant la Transició. I la manera de divertir-se de la gent també ha canviat, clar…  Escric això amb la portada del llibre que es va publicar l’any 92, davant meu: una foto en blanc i negre on es veu, en primer pla, les cames musculoses de les vedets amb el tutú i la sorpresa d’un espectador que, recolzat a l’escenari, assenyala l’entrecuix d’una d’elles…

 La setmana passada la cantautora Núria Graham actuava allà, tancant la seva gira de presentació de Bird Eyes (El segell del Primavera, 2015), el seu àlbum debut,  i de l’ EP In the Cave (també d’ El Segell, 2015). La incorporació d’aquesta sala a la programació del Festival Mil.lenni és una bona notícia, perquè el reformat local és ideal per actuacions de petit format, on la proximitat dels artistes facilita la complicitat amb el públic.  Dies abans ella mateixa feia broma a les xarxes sobre el fet de tocar en un cabaret, i prometia sorpreses. La veritat, és que no va decebre.

Després d’un any i mig de rodatge, les seves cançons han millorat en matisos i en rotunditat, segurament gràcies a la cohesió entre els seus músics, l’Aleix Bou  (Mazoni) a la bateria i el Jordi Casadesús (La iaia) al teclat, baix i guitarra.  I gràcies a ella mateixa, clar. Ara és més interessant encara. Més gran. Més forta (i més fràgil també) i amb molt més futur.

De l’estreta relació amb el grup La iaia n’ha sorgit, també, la col.laboració amb l’Ernest Crusats, que en el concert va intervenir en l’estrena de Cloud Fifteen tocant la flauta travessera i donant al seu so una nova orientació, potser més lluminosa, res a veure amb Dark Past, més melodramàtica, on canta: tothom té un costat fosc i el meu està apunt de començar ,”la vaig escriure a 4t d’ESO i no tenia ni idea del què amb això volia dir”- va ironitzar De First Trucks va recuperar Unknow, i de l’EP, totes quatre, començant per la versió de Toxic de Britney Spears, seguint per Miànigues, un Collage en format de quartet amb la incorporació d’Artur Tort al teclat i, finalment, I’ll be there, amb aquell punt de flow, com més negreEn els bisos,  a destacar la reconvertida You fall asleep so easily que passa de vaporosa a gairebé jazzística.

En fi…  El costat fosc d’algú SEMPRE té alguna cosa bona quan es converteix en art.

Núria Graham
Núria Graham
Núria Graham
Núria Graham
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Ernest Crusats, Núria Graham
Núria Graham
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Núria Graham
Artur Tort, Núria Graham
Núria Graham
Núria Graham

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Marina Tomàs

Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.

7 notas 7 colores: 20 años de Hecho, es simple

7 notas 7 colores

Mucho Muchacho, Mbaka Oko (Sólo los Solo), Zemo Ese y DJ Tony Touch se alzaban sobre una legión de fieles seguidores y jóvenes adeptos. Gente que venía desde “Sant Boi, Badalona, Sant Feliu, Sant Andrià, todo el Vallés” hasta “gente de Valencia”. “El mediterráneo está aquí”, vociferó Mucho Muchacho, el mítico rapero del Prat de Llobregat en una Sala Apolo de Barcelona espectacularmente llena; todos celebrando el 20 cumpleaños del disco debut de 7 notas 7 colores, Hecho, es simple (Yo Gano, 1997), un clásico del hip hop español.

Durante los años 90, los samples, scratches y loopings llegaron por primera vez a las salas de mezclas de la península; 7 Notas y 7 colores fueron pioneros de la música hip hop, puramente influenciados por los años dorados del género en Estados Unidos. Hecho, es simple fue su primer LP, pero ya llevaban desde 1993 entre maquetas y escenarios. Sobre aquella época dijo que aquí la escena “era como un instituto: nos conocíamos todos”, mientras que “ahora el rap es la música que reina el mundo”. Así lo resumía Oliver Gallego (Mucho Muchacho) en una entrevista publicada por El País, antes de dar su segundo concierto de la gira ‘Hecho es simple: 20th aniversario’; cuya primera parada fue la sala Penélope de Madrid, y que continuarán en 2017 con conciertos por Zaragoza, Valencia, Bilbao, Santiago de Compostela, Sevilla, Tarragona y, cómo no, El Prat de Llobregat, entre muchas otras. Pero la estela de 7 notas 7 colores se puede seguir al otro lado del océano: desde su nominación a los premios Grammy Latinos por su álbum La mami internacional (La Mami, 2000) hasta las más recientes actuaciones y producciones como DJ de Mucho Muchacho en los clubes de Nueva York.

Mbaka Oko, también conocido como Bass Basilio, espabiló al público: Después de decirle a los asistentes que estaban muy sosos para ser una fiesta de cumpleaños, comenzaron a hacer más ruido y llegó un momento en el que ya estaban “en el fuego, ¡ca-ca-cabrones!”. Se empezó a notar que Hecho, es simple fue el que obtuvo el récord de ventas. “Aquí, Barcelona, 7 notas 7 colores comienza, os vamos a romper el cráneo con nuestro hip hop contemporáneo”. El ánimo de la gente comenzó a ir in crescendo. “Vamos a ponernos serios, vamos a ponernos puercos, ¿ok? ¿Donde están mis puercos de Barcelona?”, la provocadora voz del MC resonaba en la sala. Sus rastas saltaban en todas direcciones y su mano toqueteaba con orgullo su miembro. El público, respondía a coro: “¡Puercos!” con un golpe rítmico de fondo, un ‘pum’ que no cesaba.

Pero el grito más fuerte, cargado de testosterona, fue el del rey del rap ego trip, Mucho Muchacho, quien llevaba una camiseta con un mensaje muy tierno (loving and touching) para el nivel de irreverencia que tienen sus versos: “Sopla mi polla hasta que se me infle un huevo”, de Sube en mi nave espacial, o “eres la super perra, yo te di todo lo que tú tienes”, de Les gano a todos.

La galardonada escritora y feminista Lucía Etxebarría, habla de sus letras para VICE, y dice lo sigüente:

“El huevo es una cosa, el aceite otra. Cuando los juntas, ya es mayonesa, y no podrías aislar el huevo. De la misma manera, aquí no puedes aislar las palabras. Cuando Mucho Muchacho hila su relato al ritmo del beat esos versos cobran sentido. Pero sin música no son nada […] No tiene ningún sentido analizar las letras en concreto, sin la música de la que forman parte, porque en el rap la voz es un instrumento más, y en el caso de 7 Notas 7 Colores, se constituye a partir de tonalidades menores para crear una atmósfera de sentimientos: la tristeza, la rabia, a la desesperación, la lucha sin sentido, pero tozuda.”

De esta forma, ¿cuál es el sentido de las letras y de la música de 7 notas 7 colores? o ¿Tienen algún sentido? Extebarría concluía en su artículo:

“No debería gustarme. […] Primero, porque no tengo edad. Segundo, porque se entiende que el rap es un género macarra y misógino. Tercero, porque escribo poesía, [y un tipo que escribe tantas lindezas], y que repite la palabra mierda unas cuantas veces en cada canción, no debería gustarme. El caso es que me gusta. […] Pues eso, que soy casi cincuentona, que soy feminista, que amo la poesía, y que me gusta mucho Hecho, es simple. Como Mucho, pocos.”

Si algo es cierto es que el del Prat siempre ha demostrado mucha Chulería, disco que editó en el mismo año que creó su propio sello: C.R.E.A.M, en el 2003. Sobre el escenario, seguirá escupiendo fuego por la boca junto al resto de artistas que lo arroparon en Apolo durante este cálido aniversario. Algunos dicen que Mucho Muchacho es de ‘la vieja escuela’, a lo que él responde que aún no ha nacido un MC que le supere. Les gano a todos escribió en 1997. 20 años después han cambiado muchas cosas pero esto sigue igual. Y 7 notas 7 colores seguirán demostrando su maestría en una cita ineludible: el Primavera Sound 2017.

Y si te pierdes a mi no me lo cuentes. Oyes a 7 Notas 7 Colores ahora, pero ya estaban antes. Poniéndote más dientes que la cocaína y echándole mas huevos que la gallina.

7 notas 7 colores
7 notas 7 colores | © Víctor Parreño
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Tony Touch y 7 notas 7 colores | © Víctor Parreño
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Zemo Ese y 7 notas 7 colores | © Víctor Parreño
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7 notas 7 colores | © Víctor Parreño

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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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