En 2009, Bersuit Vergabarat, también conocidos como La Bersuit, entraron en crisis. Las ganas de tomarse un respiro coincidieron con las desavenencias entre la mayoría de integrantes y el carismático y polémico vocalista Gustavo Cordera “el calvo”. Cordera optó por iniciar su carrera en solitario, osadía que no favoreció al proyecto (aunque regresaron dos años más tarde) pero que, en el fondo, le quitó peso de encima. Todavía escuecen aquellas lamentables declaraciones de las que, rápidamente, tuvieron que desmarcarse: “Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo”. Sobran los comentarios.
Polémicas desagradables aparte, lo cierto es que, en compañía, firmaron una de las páginas más interesantes de la historia rock argentino, al que obsequiaron una pátina diferente, criticada en principio y aplaudida posteriormente.
El punto culminante de los buenos tiempos, acaeció en 1998 (ocho años después del comienzo) y se tituló Libertinaje (Universal). El disco no tan solo rompió moldes musicales (al habitual cruce de rock, cumbia, tango, candombe o reggae le añadieron toques carnavalescos y bizarros) sino que se convirtió en una fuerte carga de profundidad contra el gobierno del expresidente Carlos Menem (Sr. Cobranza). Portada, textos censurados o una polémica sin fin (demandas y multas incluidas) que no menguaron su popularidad, incluso la incrementaron.
Transcurridos cinco lustros, tocaba celebrar aquel legendario hito. La Bersuit, ahora con Juan Subirá en el puesto de mando, ha regrabado el álbum con colaboraciones un tanto curiosas como La Pegatina, Ilegales o Shinova y ha dispuesto un tour conmemorativo.
La sala Apolo iba a convertirse en plataforma reivindicativa con el pueblo argentino-barcelonés de testigo privilegiado sudando la gota gorda, igual que en sus campos de fútbol. Deberíamos saber colocarnos y prepararnos para los cánticos.
Fenómeno social
Una base contundente, que bien podría emplearse para un buen rap, sirvió de cimiento musical en La soledad, inicio de la velada y primera pieza coreada, no sería una excepción, la hinchada argentina las conoce todas.
“Qué lindo empezar la gira en Barcelona” espetó Daniel Suárez ante un público enloquecido y, mayoritariamente, compatriota (ninguna sorpresa), los autóctonos se podían contar con los dedos de una mano.
La trepidante Morocha de 2018, una de las menos conocidas, dio entrada al set dedicado a Libertinaje y ya pudimos sacar las primeras conclusiones.
La Bersuit es una banda con oficio compuesta por ocho elementos que utiliza más la energía que la sutileza para ejecutar su discurso sonoro. Esto no significa una crítica a la capacidad como músicos (sonaron compactos y solventes) sino más bien su tendencia a dar más valor al discurso político-social que a la búsqueda del virtuosismo instrumental. Nada que objetar en ese aspecto, el ritmo bien desarrollado puede ser, a menudo, más válido que absurdas filigranas. La segunda y rápida reflexión fue la constatación que, siendo un cantante sobrio y efectivo, a Suárez le falta el carisma de su predecesor y, en ese punto, los del barrio de Barracas (Buenos Aires) bajan enteros.
Libertinaje
La cumbia-reggae Yo tomo (con la colaboración testimonial de La Pegatina) fue el comienzo de la fiesta libertina. Continuaron con A los tambores, De onda (especie de slow-reggae) y cerraron el breve set (retornarían al disco en la parte final) con otro reggae: ¿Qué pasó?.
Algunos riffs guitarreros sin fuste desgastaron las virtudes de los citados temas. Por suerte con la cadencia de Murguita del sur y Vuelos todo cambió en un santiamén. En ese cruce entre el tango y el candombe donde encuentran los mejores hallazgos rítmicos. La vibración se atenúa, pero la calidad crece. No todo van ser brincos alterados, de vez en cuando precisamos pausas.
Otras cosas
Uno de los tramos álgidos del festejo afloró, curiosamente, separado del disco homenajeado. En un quinteto arrebatador interpretaron Perro amor explota, Toco y me voy (dedicada a la selección de Argentina e iluminada con imágenes de Maradona y Messi), El tiempo no para (cover del brasileño Cazuza), Cuatro vientos y Tuyo siempre, canción original de Andrés Calamaro (“nuestro amigo el salmón”) tratada a modo de cumbia.
No hay dudas sobre la importancia de Libertinaje, no obstante, Hijos del culo (Universal, 2000) también es un trabajo interesante, tanto que sus creadores le regalaron una valiosa parte del show. A la mentada Toco y me voy se ensamblaron, a ritmo de ska, Porteño de ley, La bolsa y las muy jaleadas El viejo de arriba y Negra murguera. Redondeando la jarana sonó la inevitable y, en esta ocasión, muy acelerada, Sr. Cobranza y Un pacto, tema de 2002, que utilizaron como remate definitivo.
Debido a la idiosincrasia del grupo, resulta difícil acercarse a Bersuit Vergabarat si no eres argentino o no quieres participar de sus frenesís y preocupaciones de carácter social. Y es una pena, porqué esos intereses también deberían ser los nuestros. El idioma y esa música tan desafiante como pegadiza nos acercan más que alejan y el esfuerzo por la unión, es en este caso, más necesario que nunca.
Los bonaerenses triunfaron a lo grande (no podía ser de otro modo) y nos llevaron un rato al rincón de pensar.








Autores de este artículo

Barracuda

Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.