Jaume Sisa les regaló el mejor piropo posible: “aquests són bons, fins i tot desafinen”.
La ingeniosa ironía del galáctico cantautor nos sitúa en una época donde, con el mismo molde, fabrican artistas sin alma en eufóricos concursos, confundimos underground con pasotismo y se utilizan máquinas para tapar carencias de pseudo cantantes que ni saben lo que es un Do. La Ludwig Band practican otro deporte, una especialidad donde el desafío gana a lo dominante y la frescura al comedimiento. Tener en un altar a Bob Dylan, Pau Riba y Sisa (a quien acompañaron en el homenaje de Malalts del Cel) es más que revelador.
Que los de Espolla (Alt Empordà) aparezcan poco en radio fórmulas (públicas y privadas) no significa que no hayan recibido el reconocimiento de público y crítica. En 2022 se llevaron el premio al mejor disco del año de los Premios Enderrock por La mateixa sort y la canción S’ha mort l’home més vell d’Espolla consiguió el Premi Cerverí de lletres per a cançó.
Este verano no se van a prodigar demasiado (únicamente ofrecerán tres conciertos), con lo cual nuestra presencia, en el imponente y desafiante Teatre Grec, era imprescindible para comprobar de qué modo salvaban el reto y valorar la prestancia de algunos de los temas que incluirá Gràcies per venir (Ceràmiques Guzmán/The Indian Runners, 2023).
Quim Carandell (voz y guitarra), Gabriel Bosch (guitarra), Roger Casola (batería), Pau Esteve (teclados), Andreu Galofré (bajo) y Lluc Valverde (saxo y clarinete) suben al escenario. El teatro repleto les ovaciona con ganas.
Excursión mágica
Es posible que Carandell (campechano entertainer) y sus compadres hayan tocado cielo demasiado pronto y que la caída sea dura, pero mientras esto persista que les quiten lo bailao. El momento es tan dulce que todo lo que componen se convierte en oro. Acaban de aparecer dos avances de su nuevo disco y ya suenan como himnos. El meu amor s’ha anat de vacances sirvió de obertura y Manela, no vull currar per vosté la interpretaron entre el público, aprovechándose de los instrumentos inalámbricos; las dos fueron coreadas como si de dos viejos éxitos se trataran: el poder de las redes. El anticipo de la nueva grabación se completó con Bon amic, vell amic y Has tornat a venir, Judes, ambas bien acogidas. Otro exitazo a la vuelta de la esquina.
Carandell se quejó de que no acabaron de llenar el teatro, creemos que usó algo de sorna en el comentario; pocas sillas quedaron vacías (dos decenas) y eran las de visión deficiente. También ironizó con la incomodidad de las sillas del Grec e invitó a bailar a los presentes; se desataron en la parte final. Aquí le damos la razón. Seguramente se sintieron más a gusto en el Apolo donde la proximidad refuerza el impacto de ese sonido folk festivo que les caracteriza tanto. Sin embargo, no eludieron el pop pegadizo (Marta), ni tampoco el guiño al rock stoniano: De puta mare sería un buen ejemplo.
De todos modos, el aplauso debería ser unánime cuando investigan a la trinidad antes mencionada. De Dylan se han hecho buenas aproximaciones, pero también hemos escuchado verdaderas atrocidades. Lo que proponen La Ludwig es atrevido e interesante. Apoyándose claramente en el estilo Zimmerman, tanto musicalmente como en el canto, crean su propio mundo destrozando convenciones. Escuchen Ara què la passa? (Monsieur important) o la enorme Cançó num.8 “Te’n recordes?” y se rendirán ante el talento del entrañable Quim Carandell. En la misma línea encontramos La llum de l’alba o Tren a València y Avui he anat a Ca’l Coix, dos milagros que desgraciadamente no pudimos gozar en la noche del 18 de julio.
La noche no empezó demasiado bien en el aspecto sonoro y a la banda se la notó un poco encorsetada, como si le faltara oficio. Pasado el primer tercio del concierto, las notas dejaron de escaparse hacia la montaña, la voz del cantante se hizo inteligible y los músicos dieron su verdadera talla, agradeciendo el apoyo de vientos invitados en el blues Jerusalem.
No engañamos a nadie si situamos su capacidad compositiva por encima de su virtuosismo como músicos. Estuvieron muy entonados acariciando el pop-jazz de El fill del rei y se marcaron un magnífico tanto jugando al reggae-folk en la mentada S’ha mort l’home més vell d’Espolla. No obstante, la magnificencia de estas dos perlas se come cualquier arreglo musical por bueno que sea; las podrían recitar y quedarían igual de bien.
Su aspecto desaliñado no debería confundirse con la capacidad de presentarse en un escenario. Dominan la juerga y les gusta, cierto, pero detrás de este divertimento de “envelat” (como opina cierta gente) existe un aporte teatral propio y nada circunstancial. La ovación final con el aforo puesto en pie fue el merecido reconocimiento al trabajo bien hecho.
No nos queremos olvidar de Desembre, 30 monedes, Les calderes d’en Pere Buteru (el infierno debe ser mucho más divertido que los otros dos pisos, no lo duden), la esplendorosa El racó del romaní o Val a dir (versión del Valerie de The Zutons/Amy Winehouse, lo único discutible del repertorio, para acabar redondeando nuestra visión de la actuación de un grupo que podría marcar una época. Ellos sí.
P.D: aprovechamos estas líneas para reivindicar los trabajos, en cualquier campo artístico, realizados en català. Los fascistas no podrán con nuestra lengua, que les quede claro. Perderán.
La gran corona li tapa els ulls, el ceptre d’or li pesa massa i és tant baixet que per allà on va duu arrossegant la llarga capa. Com un juguet que ha estat vestit amb les robes de qui jugava. Com un ninot que ha estat vestit amb les robes de qui jugava. Com si el gener pogués florir una flor per cada solapa. Com si bastés un sol llumí per escalfar tota una casa”
El fill del rei. La Ludwig Band






Autores de este artículo

Barracuda

Sabina Ballester
Gaudint de la bona música i l'audiovisual des de 2001, però convençuda que hauria d'haver viscut els 80. Aficionada a transmetre a través de la foto i el vídeo i a saber gaudir de les petites coses. La mar com a gran aliada; mediterràniament com a estil de vida. Hem vingut a jugar, "salid y disfrutad!".