Las verdades no siempre suenan bien a los oídos. Hay que asumirlo. Sin querer poner en duda la calidad musical de las cuatro mujeres que forman el grupo Ketekalles, hay que reconocer que ciertos momentos del concierto pudieron perforar los oídos más puristas. Las primeras canciones del grupo fueron un tanto descontroladas y, según mi parecer, recurrieron al grito demasiado pronto. Pese a esta intensidad precipitada, el curso del concierto encontraría otras formas de superarse y sorprendernos.
La voz de Sombra Alor es poderosa e incorpora casi de forma permanente la técnica vocal del twang, que la hace sonar directa y estridente. A su vez, la de Ana Toledo (La Tole) —fina, recitada y acompañada de su guitarra— ofreció un contraste necesario, casi un paréntesis, a la intensidad de la noche. La destreza de Nadia Lago al bajo y de Cami López a la batería fueron incuestionables.
Hartas de que no nos escuchen
Gracias al concierto de Ketekalles en Curtcircuit, me di cuenta de que cada vez es más necesario gritar para conseguir la atención de las personas. En una sociedad sobresaturada, solo si alzamos la voz nos van a escuchar. Así, pese a ser especialmente sensible y reacia a la música pasada de decibelios, entendí que la lucha que se batallaba en aquel concierto debía ser gritada a cuatro vientos. Ketekalles, transitó todo tipo de géneros, recogidos en su último disco Remendar el Caos (Autoeditado, 2020), sin perder la sinceridad y la transgresión que le caracterizan.
Las letras de Ketekalles son revolucionarias, transformadoras y destapan verdades impactantes sin tapujos. Canciones como Kabaret y El pacto, que hablan sobre la batalla femenista y las mujeres que ya no están, fueron especialmente agradecidas por un público que se entregó al mensaje. La banda, además de criticar el sistema, nos propuso herramientas para sostenernos emocionalmente en el caos. Mi monstruo, una canción que habla sobre la autoestima, fue un claro ejemplo de ello. Las cuatro integrantes del grupo nos ofrecieron grandes lecciones y mucho show, colocándose disfraces de dragón sobre la cabeza. El amor, quizá el tema más escuchado del grupo, tuvo también su perfecto traslado escénico.
El concierto tuvo muchos picos de intensidad, pero sin duda, la escenificación del tema Hierro, se llevó la palma. En mitad de este, apareció una batucada en el palco de la Sala Apolo, pillándome totalmente por sorpresa y dejándome boquiabierta. Aún aluciné más, al ver cómo Cami López, la batería del grupo, dirigió desde el escenario aquel conjunto, que terminó tocando a pie de pista. El tema ocupó un merecido largo lapso de tiempo y derrochó fuerza con la colaboración de la artista Alice Martin. Esta sin duda, no fue la única artista invitada que desfiló en la noche. Destacó también la presencia de Maruja Limón que encendió la sala acompañando la rumba del tema Manuela. Fue todo un subidón.
El final de una gira con mucho “curro”
Aquel concierto era el último de ‘El Pacto Tour’, gira que —según anunció Sombra Alor— había sido ideada y producida por ellas mismas: “Este show no es perfecto, tampoco nosotras”, confesó. Con todo, en el concierto se notó el esfuerzo y las horas de “curro” para crear la propuesta total que presentaron. El concierto debería haber acabado con la canción Despedida, pero terminó extendiéndose unos cuantos temas más, dándonos grandes momentos de desenfreno. Las integrantes de Ketekalles, llenas de orgullo ante el sould-out de la noche, accedieron a tocar las canciones que el público pidió. Entre otras, nos regalaron además agitadas versiones del Tu me dejaste caer de Daddy Yankee y de La vida es un carnaval de Celia Cruz, en las que se sumaron los artistas invitados de la noche.
Vimos a unas Ketekalles gloriosas, pasándolo en grande e intercambiando roles e instrumentos. ¡Incluso presenciamos un espectáculo de beatbox! Finalmente, el concierto acabó con todas las personas que hicieron posible la gira sobre el escenario. Fue realmente emotivo.








Autores de este artículo

Júlia Palacín

Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.
1 comentario en «Ketekalles: Verdades estridentes»
Júlia Palacin, pasame tú correo que te quiero invitar a un zoom, te quiero explicar un par de cositas para que te puedas profundizar en tú experiencia de esta inmensa obra de arte que fue este concierto.