El guitarrista, bajista y alma mater de Queens of the Stone Edge, Josh Homme, siempre se ha caracterizado por no tener pelos en la lengua. En 2018, durante su paso por el Mad Cool nos dejó un momento para el recuerdo cuando vio que la zona VIP de su concierto, que ocupaba toda la parte frontal del escenario, estaba prácticamente vacía. “No tocaré hasta que los dejéis entrar… será mejor que los dejéis entrar, porque trabajáis para mí esta noche. ¡Saltad la valla!”, gritó dirigiéndose a la organización después de interpretar su primera canción.
Queens of the Stone Age create chaos inviting people to jump into the VIP area. Hellish time 4 hard-working staff. F-U Queens #MadCool2018 pic.twitter.com/SPhAlwuOlE
— D (@cantacub) July 15, 2018
Finalmente, y tras algunos momentos de tensión, Mad Cool accedió a la petición del artista y miles de personas acabaron sorteando la estructura que separaba ambos espacios para invadir la zona más privilegiada de la platea. En esta misma dirección, la banda granadina Lori Meyers ha decidido eliminar las zonas VIP de su concierto en el Wizink Center de Madrid después de las quejas de sus fans.
I really loved @madcoolfestival, but I fucking hate VIP areas or “golden circles” in front of the stage.
— Alex Kapranos (@alkapranos) July 15, 2018
The kind of P. who consider themselves V.I. tend to be more into selfies than going nuts for a band.
I’m not saying there isn’t a place for them. There is. It’s at the back. https://t.co/hW86b08iYN
Si hace unas semanas Anabel Vélez nos hablaba de la tendencia inflacionista en los precios de los conciertos, hoy toca repasar uno de los últimos inventos de la industria que más toca la moral al aficionado promedio. Se trata de las pistas VIP, estas zonas reservadas situadas en las zonas más inmediatas al escenario que permite a parte del público asegurarse de una posición privilegiada del evento, previo pago de una cantidad casi indecente de dinero.
Los paquetes VIP no son algo nuevo. Tradicionalmente, se habían enfocado más a incorporar valor en forma de artículos de merchandising exclusivo e incluso otorgando al comprador la opción de saludar y hacerse una foto con los artistas implicados. Sin embargo, desde hace unos años, cada día proliferan más esta nueva modalidad segregacionista, que tiene un trasfondo eminentemente clasista que recuerda a tiempos pasados.
Además, las pistas VIP eliminan una de las místicas más especiales de los conciertos como elemento social. Aquellas colas interminables, aquellos/as fans incondicionales que, decenas de horas antes del evento, acampaban a las afueras de los recintos con la esperanza de ver a sus ídolos lo más cerca posible. Con este modelo de negocio, las personas que adquieren una entrada prototipo solo aspiran a poder ver el espectáculo desde la lejanía. Ahora, esta especie de meritocracia se desvanece en favor de la distinción por cuestión económica.
Intentando examinar la situación desde una perspectiva empresarial, en un momento en el que los eventos en vivo deben competir contra amplias ofertas audiovisuales a través de las plataformas de streaming, no sé si es la mejor idea para la industria condenar a sus potenciales clientes a conformarse con ver a sus artistas favoritos desde lejos.
En un entorno de entretenimiento cada vez más competitivo, haría bien la industria musical en cuidar mejor a sus clientes. Porque si en la realidad que vivimos hoy en día pagar ciertas cantidades para poder asistir a un concierto ya es un sacrificio económico importante, las ganas de hacerlo disminuyen todavía más si sabes que lo máximo a lo que aspiras es a ver el espectáculo exclusivamente por las pantallas.
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