Ray Colom, que venía de reconocer sus querencias por Davis al rendir homenaje al celebérrimo disco con Gil Evans, también lo denotó con su fraseo a la trompeta en su segundo concierto. Un fraseo acerado, impresionista y en el que el silencio tiene tanta presencia e importancia como las notas que sopla.
Hierático frente al micrófono, hacia el que dirigía su poderoso sonido, se permitió pocos momentos de virtuosismo en los que ofrecer cascadas de notas, porque su estrategia era la de tocar sólo aquellas que marquen, que dejen huella y que abran caminos para nuevas evoluciones tonales. Su estilo es como el del cirujano que utiliza el bisturí para realizar un corte preciso, delicado, breve pero perfectamente ejecutado, para llegar a su destino.
El concierto era la presentación de los temas de su próximo disco, todavía no editado, que evidencian una preeminencia de bases rítmicas aceleradas (sólo hubo espacio para una balada, la preciosa Peacocks), y que eran la argamasa perfecta para el lucimiento de sus músicos, que mostraron momentos de gran intensidad en sus respectivas interpretaciones. Así, Tony Tixier, al frente de un piano de cola y de un Fender Rhodes, ofreció evoluciones tonales que en momentos se acercaban al emotivo estilo de un Lyle Mays. Joe Sanders ofreció grandes solos en los que se doblaba cantando las melodías que interpretaba al mismo tiempo que sonaban en su contrabajo, y Francesco Ciniglio a la batería mostró su poder en algunos solos que eran más un diálogo con el resto de instrumentos y con la estructura de las piezas que no meros ejercicios para el lucimiento personal.
El cuarteto se mostró también perfectamente engrasado en la conjunción de sus instrumentos y Colom, feliz por poder tocar, a pesar de la pandemia, y de compartir escenario con esos grandes músicos, se dejó ir en varias ocasiones, bailando al ritmo de sus compañeros, sonriendo e, incluso, jaleándolos, como si estuviéramos en una actuación de flamenco.
Fue una hora de jazz sin contemplaciones, clásico en su estructura y, precisamente por ello, totalmente vívido y actual. Muestra de esa actitud fue la intervención de Colom que, cuando cogió el micrófono para presentar los temas que habían tocado, reconoció que ya se había olvidado de cuáles habían sido. Eso es jazz.





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