Es quizá igual de famosa la imagen de la melena pelirroja y bandana en la frente de Axl Rose, como la de la melena rizada negra con sombrero de copa negro y gafas de sol de Slash. Más arraigados al punk y al heavy que al glam imperante de finales de los 80, Guns N’ Roses han ampliado los límites del reino del rock con temas como Sweet child o’mine, Welcome to the jungle, November rain o Paradise city.
Sus desavenencias con Axl Rose fueron uno de los motivos por los que el grupo se disolvió. Era fácil desavenirse con Axl, sea dicho. Enemistado con James Hetfield a raíz de la gira conjunta con Metallica en 1992. “Ese nuevo grupo mola mucho, pero el cantante es un capullo integral”, decía Nikki Sixx, de la banda Mötley Cruë, sobre él. No le culpamos.
Guns N’ Roses siempre será la banda madre, pero Slash ha tenido muchos y muy variados proyectos desde su disolución. En 2004, cofundó el supergrupo Velvet Revolver junto a algunos compañeros de Guns y exmiembros de Suicidal Tendencies, Infectious Grooves y Stone Temple Pilots. No menos importante, a mediados de los 90 formó Slash’s Blues Ball y Slash’s Snakepit, bandas de blues y heavy, respectivamente. Hay mucho más Slash más allá de Guns N’ Roses. Siempre lo ha habido.
Y haciéndole honor al título del disco Living the dream, el martes vivimos en el Sant Jordi Club de Barcelona el sueño de verle en directo hacer arder su Gibson Les Paul junto al amplio rango vocal de Myles Kennedy, cantante de Alter Bridge, el grupo de hard rock y post grunge que en 2004 fundó junto a varios componentes de Creed —¿te suena el tema My sacrifice? Seguro que te transporta a tu adolescencia/infancia/juventud… no sé que edad tienes—.
Slash se mojó más que en su visita anterior, hace unos cuatro años, concierto en el que recurrió al cancionero gunnero hasta siete veces. Reducirlo a un tema fue una apuesta que no le salió mal. Pero tengo que confesar que alguna concesión más me hubiese hecho muy feliz. A mí y a muchos más, pensé, observando las camisetas del público. Pero aunque algunos nos quedásemos con la lagrimilla, lo cierto es que no hizo falta tirar de repertorio de Guns para levantar el concierto. Slash tiene tirón por sí mismo.
Myles impecable, se mantuvo en un discreto semisegundo plano para no acaparar protagonismo. Tan dulce como siempre. El pasado verano la presentación del disco Year of the tiger (Napalm Records, 2018) marcó el inicio de su carrera en solitario, cuya gira le trajo a la 2 de Razzmatazz. Su actitud amable y dulce no cambia, ya sea él solo a la guitarra como junto a Slash ante miles de personas. Slash, en su formación habitual a la derecha, acompañado por una colección de muñecos y dinosaurios que custodiaban sus amplis. Y The Conspirators, banda que les acompaña desde la formación del grupo en 2010 y con quien han grabado tres discos de estudio, en los que también han participado artistas de la talla de Lemmy Kilmister, Chris Cornell, Iggy Pop, Ozzy Osbourne o Alice Cooper.
Los temas de sus cuatro discos se fueron alternando ante un público entregado de principio a fin, más al fin que al principio, así como la temperatura subía y los solos de Slash se alargaban más y más. Una espectacular Anastasia cerró el concierto.

Imagen de portada © Owen Sweeney
Autora de este artículo
