Mejor tarde que nunca, que se suele decir. A los fans no les importó esperar casi un año de más por The Kooks, que por fin aterrizaban en Europa con su nuevo tour, retrasado desde marzo de 2022. Cualquiera que llegó a la sala no muy sobrado de tiempo, como fue mi caso, pudo comprobar que quince minutos antes de empezar ya estaban llenos todos los huecos desde el escenario hasta la puerta de los lavabos (“está petado” era el comentario recurrente entre los asistentes). Había muchas ganas y la gente, mayoritariamente entre los 25 y 35 años, ya empezaba a animarse cantando Reptilia de los Strokes o Crazy de Gnarls Barkley en la previa.
La banda de Brighton venía con 10 Tracks To Echo In The Dark (Lonely Cat, 2022) bajo el brazo, su publicación más reciente tras casi cuatro años de silencio, aunque el verdadero motivo del show era el 15 (+2, por motivos pandémicos) aniversario de su debut Inside In/Inside Out (2006), disco que tuvo un éxito instantáneo y se convirtió en uno de los clásicos indie de los 2000. La etiqueta resulta curiosa si atendemos a la etimología de la palabra, ya que su discográfica, la gigante Virgin, nada ha tenido nunca de independiente; pero bueno, nos sirve para enmarcarlos dentro de una gran época musical, de la que efectivamente formaron parte.
Recuperar todos esos temas parecía una gran excusa para una fiesta y así, tras haber colgado el sold-out sobre la bocina, el vocalista Luke Pritchard aparecía con su guitarra acústica para arrancar con la fugaz y relajante Seaside.
Enseguida empezó el rock’n’roll y, siguiendo el orden de Inside In, el karaoke colectivo fue en aumento con temas como See The Wold u Oh La. La escenografía y el juego de luces eran perfectos, a la altura de la banda, y Luke se movía en su salsa de un lado para otro, mientras se metía el público en el bolsillo. Los cortes rápidos de su opera prima favorecieron el ritmo del show, con bailoteos constantes entre la gente. Tras haber tocado casi en orden medio debut, se guardaron lo mejor para el final y empezaron con incursiones puntuales al resto de su obra, como Bad Habit (Listen, 2014), rock 2000ero total. Buena jugada.
Relegado a un segundo (o tercer) plano, la parte central del concierto fue la hora escogida para presentar unos pocos temas nuevos de su último trabajo, “10 songs blah, blah… It’s a long name”, como lo presentó Pritchard, siendo consciente de que este no era el protagonista de la noche. No tuvieron una mala acogida ni Connection ni la funky Cold Heart, sobre todo el ritmo pegadizo de esta segunda. Cuando Luke dejaba la guitarra, sus compañeros no dudaban en subir los escalones hasta la batería, para que este tuviera libertad sobre las tablas.
Tardó en sonar Konk (Virgin, 2008), segundo largo de los ingleses, que apareció justo a tiempo con el reconocible riff de Always Where I Need To Be, otro clásico de hace unos años. También del mismo disco y ala más rockera de los Kooks, triunfó Dou You Wanna, confirmando que, sin desmerecer el gran ambiente de la Razz, de haber tenido un poco más de Konk, más se hubiese caldeado la sala. De hecho, este último fue el único corte que alargaron para introducir solos de guitarra de Hugh Harris y subir la temperatura.
Ya hacia el final, con los deberes bien hechos y completando el tracklist completo de Inside In, los ultraexitos pop Junk Of Heart y Naive pusieron el broche a una noche llena de recuerdos, amigos y melodías instaladas en los corazones de muchos adolescentes ahora rondando la treintena. Y es que, sin negar el claro componente comercial que tienen los tours de aniversario de un exitoso trabajo (más evidente aun si la banda tiene nuevos temas), ¿quién no es feliz volviendo a esos momentos en su habitación llena de discos y posters?







Autores de este artículo

Mikel Agirre

Miguel López Mallach
De la Generación X, también fui a EGB. Me ha tocado vivir la llegada del Walkman, CD, PC de sobremesa, entre otras cosas.
Perfeccionista, pero sobre todo, observador. Intentando buscar la creatividad y las emociones en cada encuadre.