La primera vez que escuché a Zahara fue cuando se presentó como una cantante de música indie en la edición 2017 de Operación triunfo. Dos cosas me llamaron la atención: ella cantando Con las ganas, y ella diciendo que era un desastre. Me encantó. Primero porque me sobrecogió cómo transmitía algo que todo mundo hemos llorado (que te rompan el corazón, básicamente); y segundo, porque me enseñó que ser diva combina con ser un poco desastre.
Nada de desastre hubo en su concierto en Barcelona. Nada en absoluto. Porque no llamaría desastre sobrecogerte por llegar a una sala donde soñaste cantar los cuatro años que viviste en Barcelona. No llamaría falta de pose brincar de alegría como quien entregó el último examen y baila el estrés que venía acumulando. No llamaría caos el emocionarte con cada letra, porque para eso las has escrito tú y para eso has tenido que vivir lo que te ha inspirado. Y si hubiera un poco de caos, pues, nen, que esto es un concierto y de esto va la cosa.
Llenaba el escenario y todos nosotros esperábamos sus canciones. Las de ayer y las de hoy. La que es en italiano y los miaus miaus. Las que se necesitaba tres mega músicos para hacernos brincar y la que necesitaba solo ella y su guitarra para callarle la boca a dos mil personas.
Zahara escribió Astronauta (su nuevo disco y razón de su visita a Barna) entre un libro, nueve meses de embarazo, un parto, una crianza y muchos (infinitos) stories. Y la tía es igual en su día a día y en el escenario. Solo le faltaba su abrigo amarillo. Porque si algo tiene Zahara es naturalidad mientras toca la guitarra y se enreda con los cables.
Un recuerdo: la sala en silencio tratando de captar cada nota de sus canciones lentas. Ya me habían llegado rumores de dos Rivieras en mute absoluto cuando cantaba Con las ganas (que dicho sea de paso, por suerte ha vuelto a los escenarios), la Sala Apolo no se quedó atrás.
Un momento: la anécdota que contó justo antes de cantar Adjunto foto del café verbena. El momento se parecía bastante a cuando estás en una terraza, y una amiga te cuenta sobre sus vacaciones reales (no las de Instagram), las cenas sin foto y los paseos con el novio (o Moreno en este caso)… cambiando la terraza por el escenario, Zahara explicó su proceso creativo y el público conectaríamos cada estrofa con una foto, cada coro con un momento. Básicamente, nos contó la historia de una canción que comenzó con un viaje de pareja, que se convertiría en una letra, que la acompañarían unas notas, que produciría en Inglaterra y que luego se escucharía en (¡dos!) Madrid, Zaragoza y Barcelona llenos. El resto está a nada de completar aforo.
Al final, me di cuenta que dos horas de concierto es lo que dura un salto a la estratosfera. Cuando cantaba David Duchovney ya podía ver las nubes. Cuando sonaba Big bang veía la muralla china. Guerra y paz pasó justo a lado de un cometa (guiño, guiño). El regreso a la tierra comenzó con La caída, y El diluvio universal me forzó aterrizar. Llegué a la realidad justo después de que llegara la bestia, se me había olvidado que hoy cenaba en casa.









Autores de este artículo

Maca Arena

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.