Durante la última década, Jungle han redefinido lo que significa ser un dúo de electrónica, creando un sonido distintivo que combina disco, R&B, funk, soul y hip hop. Música sin complicaciones capaz de animar cualquier día de mierda. Esos son Jungle. Una mezcla de Earth, Wind & Fire y Bee Gees moderna con ritmos adictivos y melodías pegadizas cargadas de nostalgia que te atrapa desde la primera escucha. La última vez que les vimos por Barcelona fue en el Primavera Sound de 2019. Por fin teníamos la oportunidad de verles en sala. El viernes pasado, el Sant Jordi Club se convirtió en una gran pista de baile.
Hay que tener en cuenta que la demanda para este concierto era altísima, y eso que en un principio se anunció en Razzmatazz. Poco más tarde lo movieron al Sant Jordi Club para tener más capacidad, pero parece ser que no ha sido suficiente. Durante estas últimas semanas, podías leer a muchísima gente en redes sociales buscando entradas, o incluso en la cola el mismo día del concierto. No sería nada raro que la próxima fecha fuese en un Palau Sant Jordi. Desde luego, el espectáculo que tienen montado está a la altura, y puedo afirmar con seguridad que todos los que asistimos este viernes, vamos a querer repetir.
Se abrió el telón (o, mejor dicho, se cayó el telón), y aparecieron las seis figuras de los miembros de la banda, envueltas entre luces y neblina. Cada uno colocado en su respectivo instrumento, arrancaron con el himno Us Against The World, canción con la que también abren su último álbum, Volcano. No sólo consiguieron que cada canción sonara aún mejor que en la grabación, es que lo supieron llevar a otro nivel, potenciando el sonido de cada elemento e incluyendo otros de nuevos.
El set estaba destinado a ser una experiencia totalmente inmersiva, hipnotizante de principio a fin. Pasado un rato te dabas cuenta de que aquí los que se mueven no son ellos, eres tú. Un detalle que se apreció fueron las apariciones, en forma de proyección, de los invitados de las dos canciones Candle Flame y I’ve Been In Love, Erick the Architect y Channel Tres. Ni sus animaciones digitales se pudieron resistir a marcarse sus bailecitos. Globos enormes de colores empezaron a caer cuando sonó Coming Back, sin duda una de las canciones más divertidas del álbum que se intensifica en el directo. Con los globos aun pasando de un lado a otro de la sala, era el turno de Don’t Play, el corte más disco de la noche. En la pantalla de atrás aparecía una gran bola de discoteca, y el rimo contagioso llevaron a Josh y Lydia a mostrar tímidamente sus pasos de baile.
Durante casi una hora y media, Jungle pasaron de manera magistral de un temazo a otro, sin espacio para descansos, convirtiendo el concierto en una fiesta interminable. Las transiciones fluían perfectamente entre cada canción, haciendo un repaso de gran parte de los hits de su catálogo; como la atemporal The Heat de Jungle (2014), la inconfundible Casio de For Ever (2018), la animada All Of The Time de Loving In Stereo (2021) o la más reciente Dominoes de Volcano (2023). Ninguna envejece mal, ninguna pasa de moda. Incluso las más antiguas sonaban como si fuera la primera vez que las escuchabas. Mención especial a Lydia Kitto, que ofreció una maestría vocal de infarto durante todo el concierto, especialmente en Back On 74 y Problemz.
El bis incluyó otros dos de los mayores hits del dúo británico. La nota sostenida durante un buen rato que ya indicaba que Keep Moving era inminente, generó una expectación importante. La euforia vino de la mano de la popular Busy Earnin’, ofreciendo esa última descarga de energía, la explosión que marcó un final triunfal.
Ya estamos contando los días para volver a salir de fiesta con Jungle.








Autores de este artículo

Aïna López García

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.