Con esta ya son tres las veces que he visto a Belako en directo. Y no defraudaron en ninguna ocasión. Las de Mungia se adaptan como agua en frasco a cualquier formato y público. El de ayer en la segunda de Razzmatazz era una mezcla interesante: hombres de mediana edad trajeados dando tumbos cerveza en mano, modernas de pueblo con outfit de Flamingos y otras tiendas igual de exclusivas, ingenieros informáticos punkarras la mar de felices… Todes saltaban desembocades mientras cantaban el ‘ooh’ de Track sei.
Esa fue la pequeña revolución de Belako. Cris, Lore, Josu y Lander rompieron esquemas con su debut, Eurie (Gaua, 2013) – escucha Sea of confusion y Molly & Pete -, porque unieron delicadeza y ferocidad. Tecladitos y guitarrazos. Nils Frahm e IDLES. Después de recorrerse todos los festivales habidos y por haber (Primavera Sound, BBK Live, Low Festival, DCODE, Sonorama…) llegó Hamen (Mushroom Pillow, 2016). Con un sonido más guitarrero, más bárbaro, más bestia (la portada del disco es un jabalí) dejaron claro que lo suyo era el post punk.
Y con Render me numb, Trivial Violence (El Segell, 2018) no hay lugar para la mínima duda – es que le metieron tanta caña que incluso rompieron las cuerdas de la guitarra. Todo bien porque los teloneros les prestaron una de las suyas: “Muchas gracias a Favx [grupo de Barcelona cuya juventud no les ha impedido tocar en festivales de medio mundo] por acompañarnos esta noche y por salvarnos el culete”, bromea Cris -. Las mayúsculas en las dos últimas palabras del disco – Trivial Violence – son intencionadas. Me explica Cris en una entrevista posterior al concierto que para ellas eso es la TV, la televisión, ‘Trivial Violence’.
El título no es casualidad: Las Belako vienen más guerreras que nunca. Dedicaron este concierto a todos los casos de feminicidio que hubo en el Estado español: “Ningú home que maltracte a una dona es benvingut”, dijo la vasca en catalán. El publicó se volvió loco, naturalmente. El mensaje iba en concordancia con su camiseta, que rezaba ‘masclistes fora’, grito de guerra que repitió en un par de ocasiones durante el concierto.
Además de las numerosas reivindicaciones – ya se podían sumar al carro de la responsabilidad social algunas influencers de pacotilla – también hubo espacio para el show, naturalmente. Pelacos para arriba y para abajo, traqueteo, saltos que no cesaban, gritos… A más de uno se le subió la euforia a la cabeza (un espontáneo se subió al escenario para abrazarles en medio de un tema, pero no en plan psicópata sino riquiño, todo ok). Mucha caña y mucho ruido, de ahí el enorme contraste que generó la canción escogida para que la gente abandonase la sala: You can call me Al, del mítico Graceland de Paul Simon (y yo feliz porque según Spotify es la canción que más escuché en 2018, lol). Con todo, se puede decir que Belako tiene uno de los mejores directos nacionales de la actualidad. Cabe tenerlos en cuenta para cuando vuelvan a la carretera.







Autores de este artículo

Paula Pérez Fraga

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.