“¡Qué viva la resistencia trans!”, gritaron desde el escenario antes de acabar el concierto de Centauros. Liderado por Dani Balaguer, más que una banda es un proyecto colaborativo que da voz a varios integrantes de la escena pop underground queer de la ciudad. No solo con ese tipo de statements en un momento en que, lamentablemente, son más necesarios que nunca, sino porque les da voz de manera literal: cada canción de la banda está protagonizada por un artista diferente (Soledad Vélez, Rocío Saiz, Sirocco…) que da su toque personal a la pieza.
Tarde de pop electrónico y punk
Compartiendo género –pop electrónico– y también escenario –Moll de la Fusta–, Cabiria desplegó todo el poderío de su brillante pop electrónico presentando el flamante Ciudad de las dos lunas (El Volcán Música, 2021), álbum con el que la artista barcelonesa mantiene su tono humorístico y socarrón. Pese a un cielo amenazante por la lluvia, convirtió el patio de butacas en una pista de baile en la que, por normativas Covid, no se podía bailar: La atmosférica Via Torino sonó electrizante, mientras que Ciudad de las dos lunas se convirtió en el chute de serotonina que la tarde demandaba.
En el Raval también se vivió una jornada eléctrica, aunque con un registro completamente diferente: los grupos Rata Negra, Una Bèstia Incontrolable y, los cordobeses Viva Belgrado como colofón final hicieron del viernes la jornada más punk de las fiestas de la Mercè 2021. Llegamos a estos últimos después de que en Bèstia Incontrolable se formara tal vez el primer ‘pogo’ de la era postpandemia en Barcelona, al menos el mío. Viva Belgrado siguieron este hito demostrando el poder emocional de su screamo intenso, melancólico y de claras trazas post-rockeras, comenzando con su más reciente Bellavista (Aloud, 2020) para después dar un exhaustivo repaso a sus dos primeros álbumes, Flores, Carne (Aloud, 2014) y Ulises (Aloud, 2016), dos clásicos modernos del underground español.
El tiempo de las mujeres
La noche del viernes en el Teatre Grec fue un recuerdo de nuestra efímera condición humana, un viaje a través de diferentes estaciones y etapas vitales. Con Aziza Brahim, acompañada de un maravilloso trío de músicos centrados en la esencia (batería, bajo y guitarra), nos sentimos como ante los calurosos rayos del sol de verano en el desierto. Música rítmica, ejecutada con maestría y delicadeza, sobre la que Aziza fue desgranando sus melodías, tristes y alegres a partes iguales. No perdió la ocasión para declarar que mientras haya racismo y explotación, no podrá haber paz. Pero su música sí que fue un remanso de paz, con arpegios de guitarra cristalinos como en un manantial del desierto. No podíamos imaginar mejor inicio de la noche.
A continuación, presenciamos uno de esos momentos que pueden definir una carrera, que muestran a una artista en pleno proceso expansivo, dispuesta, valiente, a aventurarse a recorrer nuevos caminos. Mariola Membrives se comió el escenario como una fiera desatada: gritó, gimió, susurró, se arrastró y dobló como si se fuera a romper. Y es que Mariola está llamada a asaltar los cielos, al igual que otros grandes heterodoxos del flamenco, como Morente con Lagartija Nick. Así de fuerte fue lo que vivimos, así de enorme es la promesa que nos formuló. Harmonizó con el magistral Javier Pedreira, que consiguió que su guitarra sonara a violoncelo e incluso a órgano. Y se fundió también con su grupo de vocalistas, cuatro mujeres que ejercieron de coro griego y contrapunto en algunos de los temas de la noche.
Si Mariola fue la primavera, con sus flores, colores y esencia, Carmen Linares trajo al Grec el otoño. Superficialmente, el concierto estuvo bien: apareció Sílvia Pérez Cruz rindiéndole homenaje y cantando con ella en dos canciones y la bailaora, Vanesa Aibar, realizó una espectacular actuación. Pero, en esencia, vimos a una Carmen Linares sin fuerza, no sé si fue simplemente una mala noche o que la naturaleza impone su ley. Nadie le puede negar que es una de las figuras más importantes de la historia del flamenco, eso es incontestable. Eso sí, en el concierto del viernes su voz sonó floja y temblorosa, nada que ver con la prestancia y contundencia que exhibía anteriormente. En cualquier caso, tras finalizar su concierto, la ovación fue de órdago. Merecida, como reconocimiento a todo lo que nos ha dado en su vida artística, no por esa velada.
Autores de este artículo

Pere Millan Roca

Òscar García
Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.