Los Amigos Invisibles iniciaron su aventura musical en 1991. Cinco años más tarde, David Byrne (otra vez él) encontró, por casualidad, una copia de A Typical and Autoctonal Venezuelan Dance Band, el primer disco de los indescriptibles venezolanos. El ex Talking Heads les llamó y su carrera dio un vuelco que les ha llevado a grabar doce discos, hacer giras por todo el mundo y ganar un par de Grammy latinos, aunque su fuente musical sea bien distinta.
Ese cruce, insólito en Ámerica del Sur, entre folclore (salsa añeja, cumbia, merenge) y el denostado disco-funky, sumado a unas letras ocurrentes (alejadas de cualquier tema político), les ha granjeado enorme popularidad en su país de origen y numerosos adeptos fuera de él. Ni la deserción de tres de sus pilares fundamentales, ha disminuido su influjo.
Pasadas tres décadas, el combo ahora formado por Julio Cesar Briceño (voz), José Rafael Torres “Catire” (bajo) y Juan Manuel Roura “Mamel” (batería) siguen dando guerra y ofreciendo aquel goce que fue motivo del nacimiento de la agrupación.
Cool Love (La Gozadera Records, 2022) no tiene el nivel de sus primerizas grabaciones, pero sigue manteniendo espíritu afro y un nivel más que notable. Con él, han montado una larga gira que ha recalado en cuatro ciudades españolas, entre ellas Barcelona. La sala Razz 2 acogió a los Invisibles y a muchos compatriotas deseosos de reencontrarse con sus ídolos. Un poco escondiditos nos situamos los “intrusos” para ver que daba de sí un show muy esperado.
Rodillo funk
Si los poco versados en la cuestión escuchan sus letras de doble sentido, vestidas con aquel maldito sonido que se cargaron multinacionales (a base de subproductos), racistas y xenófobos (acudan al imprescindible documental The Bee Gees: How can you mend a broken heart, 2020), se pueden llevar una impresión equivocada de los venezolanos. Lo que en principio pueda sonar a chiste malo, se transforma, sobre todo en directo, en algo distinto, musicalmente muy serio. Un potentísimo sexteto que haría bailar hasta las piedras. Electrizantes.
Son buenos y atrevidos. Apoyados por el buen hacer del front man Briceño (quien lució un look glamuroso vintage) demostraron osadía desde el inicio. Ya hemos comentado, con anterioridad, que las recientes composiciones no admiten cotejo con las pretéritas, aun así, comenzaron la irresistible función con Antes de dormir (falsete a lo Barry Gibb) y Mal pensada, tema cercano a las actuales tendencias urbanas. El público, que llenó la sala mediana del Razz, vibró con ellas porqué los tremendos zarpazos del bajista “Catire” (enorme toda la noche) les agitó las caderas en pocos segundos y además estaban convencidos de que pronto llegaría lo más ansiado; así fue.
La magnífica Amor (Jorge Spiteri), Váyanse todos a mamá y Dame el mambo (no confundir la gracia con el humor grueso y chabacano) encendieron la mecha y la locura se desató.
Sin apenas respiro, entre canción y canción (gran acierto), siguieron con la apisonadora rítmica, atacando un tríptico de impresión formado por Sexy (hitazo), Mujer policía (destellos de teclado psicodélico) y Ultra-Funk. Finalizada la traca se tomaron un pequeño respiro interpretando la novedosa Tuyonama (aires a lo George Michael), pero la calma duró menos de cuatro minutos.
Tan solo utilizaron (brevemente) un saxo como instrumento de viento, sin embargo, eso no fue óbice para que en la introducción de Viviré para ti, coreada incluso por un servidor, soplaran aires de Earth Wind & Fire. Canción perfecta, de aquellas de las que caben pocas en un saco, pop-funk de calidad superior extraída del álbum Commercial de 2009, en el que contaron con la colaboración de la mexicana Natalia Lafourcade. Deliciosa.
Apoteosis
El dominio del funk fue predominante, aunque también hubo momentos en que la sonoridad latina tomó protagonismo. Antes del delirio definitivo, interpretaron, acopladas, Óyeme nena y la agitada Esto es lo que hay, una especie de rumba, made in Venezuela, que en manos del rey Peret se hubiera convertido en una obra maestra. Otro momentazo latino lo ofrecieron en el cierre definitivo con el binomio de cumbia-funk El baile del sobón y Micaela, faltó La vida es un carnaval, con ella el desvarío hubiese sido total.
La vecina (rap con ecos a Perucho Conde), Tócamela (Grammy 2019), El disco anal (más cercana a Vacaciones en el mar que a turbios pensamientos), Ponerte en cuatro (otra prueba para intransigentes) o Cuchi-Cuchi con intro de Thriller incluida. Estos títulos engañan. Aquí no hay perreo que valga, únicamente gracejo, ganas de divertir al personal, a fe que lo consiguen.
Los Amigos Invisibles son provocadores, súper profesionales (las apariencias engañan) y lo más importante: han recuperado, dignamente, una música enterrada que pide, a gritos, ser reivindicada.
Abusaron de ritmo y pudieron con él. Magníficos.
Tócamela, tócamela, tócame la canción que te mueve de lado a lado, la de los sueños mojados”
Los Amigos Invisibles






Autores de este artículo

Barracuda

Marina Tomàs
Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.